"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 30 de julio de 2014

Como regalo de cumpleaños: ¡vacaciones!

Hoy hace justo un año que dije: “All in”, voy con todo.  Y desde entonces he ido con todo. Con toda mi motivación, toda mi energía y toda mi creatividad. Pero también con toda mi frustración, toda mi impotencia y todo mi desconcierto con la fatídica pregunta: Pero ¿qué más puedo hacer?
 
Un año de aprendizaje personal que me ha llevado a aprender profesionalmente por el mero hecho de inventar nuevas formas, nuevos temas y nuevos ámbitos a los que dirigirme.
 
Hoy hace un año que cree mi página de Facebook ¿Te atreves? que es mucho más que eso. Es el principio, es la intención de ser y ejercer. Fue el desencadenante de la nueva forma de escribir en el blog, de las tarjetas, de las charlas, de todo.
 
Además, empieza el mes de agosto y he decidido tomarme el mes de vacaciones en el blog para reponer ideas y seguir ofreciendo entradas que puedan ser interesantes a partir de septiembre. Mis vacaciones son sólo físicas pues, aunque no publique nuevas entradas durante todo el mes, mi mente no descansa. Es imposible descansar cuando algo te enamora tanto ;).
 
Espero que seáis felices durante este mes y, si tenéis alguna duda, no dudéis en contactar conmigo pinchando aquí.
 
 
 
 

miércoles, 23 de julio de 2014

Cuenta con mi espada y, sobre todo, con mi escudo

Esta semana os propongo un reto.  A ver si, tras leer el texto, os atrevéis a descubrir si soléis utilizar alguno de estos mecanismos de defensa.
 
¿Qué son los mecanismos de defensa psicológicos? Son escudos, generalmente inconscientes, que nos ayudan a proteger nuestra autoestima. Son formas de pensar y de actuar ante situaciones que no estamos preparados para afrontar. Si pasamos un gran porcentaje de nuestra vida utilizando mecanismos de defensa podemos perder una gran cantidad de calidad de vida. Sobre todo, si estos mecanismos los usamos con otras personas en nuestras relaciones interpersonales ya que el interlocutor no sabrá por qué reaccionamos así y no entenderá lo que está ocurriendo.
 
¿Cuáles son algunos de los mecanismos de defensa psicológicos?
·        Negación: Evitar un tema o negarse a hablarlo/pensarlo. Ej.: No ir al médico para no saber si padecemos una enfermedad.
·        Pensamiento dicotómico del “todo o nada”: La incertidumbre que genera el área gris (en lugar de todo blanco o negro) puede generarnos ansiedad. Ej.: Pensar cosas como: Entonces ¿Pepito es bueno o es malo? ¿Me puedo fiar de él o no? Es más fácil que aceptar que no sabemos cuándo Pepito va a reaccionar bien o mal con nosotros.
·        Proyección: Se da cuando se le atribuyen a otra persona características indeseables de uno mismo. Es tal el peso que supone aceptarlas, que las localizamos dentro de otras personas para no sentir el conflicto dentro de nosotros. Ej: Un miembro de la pareja le dice al otro que es muy exigente en la relación cuando es él mismo al que le resulta difícil aceptar lo que tiene.
·        Compensación: Consiste en silenciar o tapar una característica que nos genera inseguridad enfatizando otro aspecto de nosotros con el que nos sentimos bien. Ej.: Pasar muchas horas en el gimnasio para tener un cuerpo atlético y poder subsanar otro aspecto físico que no les gusta como, por ejemplo, la altura.
·        Identificación: Relacionarse con una persona de mayor “fama” que la persona que utiliza el mecanismo de defensa para participar en sus hazañas y evitar sentimientos de incompetencia. Ej.: Niños/adultos que se sienten como superhéroes/personajes famosos y actúan como ellos.
·        Cambios de humor “selectivos”: Utilizar diversos estados de ánimo para conseguir algo o para evitar algo negativo. Ej.: Cuando una persona aprende que si se enfada o llora, el conflicto termina, puede repetir de forma consciente este proceso. Con el paso del tiempo y de tanto repetirlo, el método para acabar con el conflicto se normaliza hasta el punto de hacerlo de manera inconsciente.
·        Racionalización: Ante una amenaza, la persona analiza la situación desconectándose emocionalmente y diciéndose cosas que no son verdad pero le ayudan a sentirse tranquilo. Ej.: Una persona ha dicho que va una cena con varias personas que no conoce y se dice así mismo: “Mejor no voy, así mi amigo/a no tiene que estar pendiente de si me integro o no y se lo pasa mejor”.
·        Intelectualización: Consiste en utilizar un lenguaje con tecnicismos y poco coloquial para tratar temas que le suponen amenazantes. Ej.: La persona que utiliza lenguaje muy técnico a otra persona que no entiende esos tecnicismos para esconder su inseguridad con respecto a algo.
·        Pensamiento mágico: Pensar que una persona, una idea, un lugar, etc. puede hacer que los problemas desaparezcan o hacer que la persona sea feliz. Ej.: “Si Pepita está a mi lado siempre estaré bien”.
·        Represión: Se basa en olvidar las situaciones que nos suponen algo negativo. Ej.: Cuando dos personas quieren ir a comer y una tiene muchas ganas de comerse una hamburguesa pero la otra no y, la persona que tiene el deseo de comer hamburguesas reprime su deseo y lo olvida.
·        Aislamiento: Evitar las situaciones problemáticas con las que se tiene que lidiar. Ej.: Adolescente que pasa el día en la calle para no estar en su casa donde hay muchos conflictos.
·        Regresión: En situaciones de conflicto, se afronta el problema con el método que utilizaba en la infancia con el deseo de que alguien responda a su afrontamiento como lo hacían las personas adultas en su niñez. Ej.: Niños que vuelven a hacerse pis o a chuparse el dedo cuando aparece un nuevo hermano.
·        Formación reactiva: Se da cuando una persona actúa intensamente de forma contraria a sus pensamientos y sus sentimientos quedan reprimidos. Ejs.: Una persona racista que se casa con otra persona de otra raza o una persona que teme admitir que es homosexual y dice comentarios homofóbicos.
·        Desplazamiento: Cuando una situación te genera unos sentimientos que no puedes dejar fluir y, por tanto, te permites mostrarlos en otro contexto. Ejs.: El adolescente que siente ira por problemas familiares y es agresivo con sus compañeros de clase o el trabajador que sufre los gritos de su jefe y no le pone límites pero siempre grita y está enfadado en su ámbito familiar.
·        Sublimación: Consiste en el mecanismo de desplazamiento pero mostrando los sentimientos de manera socialmente aceptada. Ejs.: La mujer que se hace profesora porque no puede tener hijos o la persona agresiva que se apunta a boxeo para descargar su ira.
·        Disociación: Podéis encontrar una explicación bastante clara de lo que es disociar en mi anterior entrada. Para acceder, pincha aquí .
 
Como dije en la entrada pasada… ¿Es inadecuado utilizar los mecanismos de defensa en nuestra vida? Sí, si esto supone un estancamiento en nuestras vidas a nivel general o en un tema concreto. ¿Debo evitarlos al 100% y no utilizarnos nunca? No. Los mecanismos de defensa son escudos que hemos elaborado para sobrevivir a los acontecimientos negativos de la vida y nos pueden ser útiles en determinados momentos.
 
 

miércoles, 16 de julio de 2014

Sentir me sienta mal

¿Os ha pasado alguna vez en el cine que no habéis querido llorar por vergüenza al “qué dirán” viendo una película de pena y habéis cortado ese sentimiento pensando en otras cosas? ¿Os habéis dicho en más de una ocasión “no me voy a enfadar, no sirve para nada”? Si hacéis un poco de memoria, quizá encontráis bastantes situaciones en las que habéis evitado tener un sentimiento. A esto se le llama disociación o pérdida de contacto.
 
¿Qué es la disociación o pérdida de contacto? Es un estado en el que la persona desconecta como si hibernara su ordenador o, como los adolescentes pueden decir: “estar en la parra”. Esta pérdida de contacto es un mecanismo de defensa que permite a alguien pensar en un acontecimiento que le afectaba bastante y aún así no experimentar ninguna emoción.  Un tipo de disociación leve podría consistir en decirse a sí mismo mientras ve una película de acción o de intriga: “No puede ser que el malo pueda con el protagonista tan pronto. Aún quedan 40 minutos de película”. Sin embargo, una disociación de mayor relevancia suele darse en situaciones de abuso sexual, imaginando que se está en otra parte en el momento del abuso o que es a otra persona, llegando incluso a dudar de si la situación ha pasado en realidad o  se la ha imaginado. También se da pérdida de contacto de esta índole ante padres que son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismo o utilizan un estilo de comunicación contradictorio.
Pero ¿Qué pasa si no me sirve para nada enfadarme con fulanito porque siempre salgo perdiendo? Esa es una de las creencias erróneas más comunes que tenemos. Quizá, a nivel objetivo, siempre “salgamos perdiendo” pero mostrar nuestras emociones sirve y mucho.
 
¿Para qué sirven nuestras emociones?
·         La felicidad nos da la fuerza necesaria para seguir con el día a día
·         El miedo nos protege de las amenazas
·         El amor nos ayuda a buscar a las personas que queremos tener a nuestro lado
·         La tristeza nos prepara para realizar el duelo
·         La ira nos ayuda a defendernos de los ataques para nuestra supervivencia
 
Entonces… ¿Disociar o perder el contacto es negativo? Como siempre, es algo bueno siempre que tenga una función adaptativa y no resulte negativo para nuestro crecimiento y aprendizaje personal. A veces, el término disociación en psicología se puede entender como algo patológico. Por eso he hecho énfasis en llamarlo “pérdida de contacto”.
La pérdida de contacto es un mecanismo de protección y todos los mecanismos de protección son positivos. A veces pensamos que estos mecanismos son negativos y debemos acabar con ellos pero, pensar así en líneas generales, es como inventar una cura para una enfermedad que padecemos y no dejarnos utilizarla. Además, es de admirar que nosotros mismos, desde tan pequeños, fuéramos capaces de crear un mecanismo de protección cuando las figuras de apego (por lo general) no fueron capaces de proporcionárnoslo. Por tanto, fuimos muy valientes por crear esos escudos aun edades tempranas para protegernos de ambientes negativos y sería poco inteligente por nuestra parte no utilizarlos en nuestra vida.
El problema aparece cuando usamos estos escudos en momentos donde objetivamente no hay peligro, cuando nos impide hacer cosas o cuando influye negativamente en nuestra vida. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente y de forma inconsciente de las situaciones que considera amenazantes sin detenerse a pensar si existe o no un peligro real. Esto mantiene a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de su vida y, además, ante un posible peligro real no puede protegerse porque no ha desarrollado escudos mejores. No olvidemos que este tipo de mecanismos se suelen desarrollar en edades muy tempranas cuando no sabíamos protegernos mejor. Más tarde, con el paso del tiempo, los problemas suelen ser mayores y si nos anclamos a la disociación, podemos estar defendiéndonos con un escudo poco eficaz.

Por tanto, es sano utilizar la disociación o la pérdida de contacto cuando nos sea necesario (problema real) y no haya un recurso mejor.
 


miércoles, 9 de julio de 2014

¡Que no haya ningún médico en la sala!

Seguro que, si no te pasa a ti, conoces a alguien cercano que se pone pálido como la nieve cuando oye que tiene que hacerse un análisis de sangre. Sí ¿Verdad? La fobia a la sangre, inyecciones y heridas (FSIH) o a las intervenciones quirúrgicas en general, es uno de los tipos de fobias más comunes.

 
 
En las fobias se da un miedo intenso y persistente, excesivo o irracional (los adultos reconocen que el miedo que tienen es exagerado o no tiene sentido) que aparece por la presencia de este tipo de estímulos (sangre, inyecciones, heridas, intervenciones…) o incluso ante la mera anticipación:
-          Oh Dios mío, tengo que hacerme un análisis de sangre y no quiero
-          Calla, calla, ni me lo nombres que me pongo malo/a
 
Al encontrarse delante del estímulo fóbico, la ansiedad aumenta considerablemente y de forma repentina pudiendo llegar a provocar un ataque de pánico. Por eso, es posible que estas situaciones se eviten provocando efectos negativos en la vida de la persona que la padece.
Lo que temen estas personas suele centrarse en desmayarse, perder el control, tener un ataque de pánico, hacer el ridículo y sufrir daño. Pero, también es muy común la aprensión a las sensaciones físicas que experimentan (mareo y náuseas) y la sensación de asco. El asco suele ser incluso mayor que el miedo. Se ha demostrado que los fóbicos a la sangre se caracterizan por ser susceptibles al asco.
Al encontrarse en la situación que temen, suelen experimentar taquicardia, palpitaciones, aumento de la presión sanguínea, se les acelera la respiración, muestran sudoración e incluso una menor actividad gastrointestinal. Y, de todos estos síntomas, los más frecuentes en este tipo de fobia son el mareo, el sudor, la palidez, las náuseas sin vómitos y el desmayo. En el caso de otro tipo de fobias, lo característico es que la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumenten. Pero, en la FSIH, primero ocurre esto y, acto seguido, caen rápidamente ambas cosas, lo que produce el desmayo. Pero, a pesar de ser característico, puede no darse esta respuesta en todas las personas con esta fobia.
 
¿Por qué ocurre esto? Las posibles causas son varias:
-          Tanto por la posibilidad de que el sistema nervioso autónomo sea inestable como por el factor herencia para desarrollar determinadas fobias.
 
-          Además, es más fácil tener miedo a los estímulos que suponen una amenaza para la supervivencia de la especie que a otro tipo de estímulos.
 
-          También se ha visto que hay estímulos que generan miedo en muchas personas desde el primer contacto sin necesidad de haber asociado ningún aprendizaje anteriormente.
 
-          Podemos asociar que la sangre, las inyecciones y las heridas son negativas tanto por experiencias traumáticas nuestras como por observación de personas cercanas. Si nos dicen que algo da miedo, no es necesario que lo comprobemos para aprender que eso no es bueno.
 
-          Por último, puede influir la falta de habilidades de afrontamiento a esta situación y la sobreprotección parental.
 
¿Cómo se puede intervenir? Os lo especifico a continuación de forma introductoria ya que, a pesar de tener aspectos que no cambian, el tratamiento varía en función de la persona.
-          Dando información y corrigiendo las creencias erróneas que la persona puede presentar sobre la sangre, las inyecciones, las heridas y las intervenciones. Muchas veces, el miedo a lo desconocido es lo que origina pensamientos catastróficos mucho más impactantes que las consecuencias reales.
 
-          Entrenando en habilidades para afrontar la situación. Si habláramos de miedo a los animales podríamos enseñarle a acariciar un gato, cómo coger un pájaro, etc. De esta forma, la persona realiza acciones que dan seguridad en el animal, le hacen comportarse mejor, la situación fluye, la persona gana seguridad y se reduce la ansiedad.
 
-          Dando estrategias para controlar los síntomas fisiológicos. Esto es muy importante sobre todo cuando la ansiedad provoca mareo, náuseas, temblores e incluso desmayo. ¿Cómo se hace? Mediante la relajación, respiración y visualización de situaciones positivas.
 
-          Proporcionando estrategias para controlar el miedo.  Mediante Autoinstrucciones como “no pasa nada”, “ya lo has hecho otras veces y no era para tanto”, “sabes que acaba muy rápido” y, por tora parte, captando los pensamientos que nos decimos a nosotros mismos que nos producen más ansiedad “me voy a marear”, “voy a hacer el ridículo”, “me va a doler”, “no lo voy a soportar”, “me falta el aire”… para cuestionar su veracidad y cambiarlos por otros más adecuados a esa situación.
 
-          Premiando después de haber afrontado la situación. Esto no es sólo cosa de niños. Si te has ido al hospital o te has hecho un análisis en el centro de salud, date un capricho después. Esto te permitirá pensar en la recompensa al acabar y no centrarte en ese momento estresante.
 
 

miércoles, 2 de julio de 2014

Abuso sexual infantil

El blog de esta semana va dirigido a tratar un tema bastante complicado de abordar tanto por los sentimientos que provoca como por el hecho de que las víctimas sean menores. Esta semana os hablo del abuso sexual infantil el cual se da cuando un adulto o un menor de mayor edad que la víctima obliga a un niño a mantener contacto sexual.

Pero ¿Cuál es la diferencia entre un abusador y un pedófilo?
Abusador: De da un caso concreto y reconocen que su acción es/ha sido inadecuada.
Pedófilo: Crónico y general. No entienden lo inadecuado de su acción. Creen que la sociedad no les entiende y no han hecho nada malo.

Lo primero y más importante es tener claro que el abuso sexual es un delito y, por tanto, el psicólogo o la psicóloga tiene la obligación de notificar el delito al organismo competente. No tiene la obligación de denunciar sino de comunicar a la fiscalía de menores o a la dirección territorial de defensa de menores el hecho. Este es uno de los pocos casos en los que hay que romper el secreto profesional. Se debe avisar al paciente y, en el caso de que no esté de acuerdo, se debe comunicar igualmente.
Dadas las características del abuso sexual y más tratándose de niños y adolescentes,  se puede derivar el caso a servicios sociales si no se está especializado ya que los peritos conocen mejor este tema, saben hacer informes, declarar, etc. Por esto, si derivamos, los psicólogos podemos acompañar, enseñar y entrenar a los padres a decidir qué hacer durante los pasos en servicios sociales y acompañarles con apoyo profesional. Como clínicos tenemos las herramientas para tratar al menor y a sus familiares pero la valoración de la credibilidad del abuso es bastante complicada y es mejor derivar a expertos en ese ámbito. Todo por el bien del niño.
Y por eso mismo, por el bien del menor, es aconsejable que éste pase por el menor número de profesionales puesto que se han dado casos en los que los niños han contado tantas veces la misma historia que se ha devaluado la credibilidad y no ha habido consecuencias para el abusador.
El 70% de las víctimas de abuso sexual infantil presentan consecuencias a corto plazo y el 30% de las víctimas presenta consecuencias a largo plazo. La experiencia clínica deja ver que las consecuencias psicológicas aparecen en el momento de la revelación y no durante el abuso sexual debido a la disociación (pérdida de contacto emocional inducida por uno mismo como forma de autoprotección). Normalizan la situación como método de supervivencia. En ocasiones, el abusador normaliza sus actos cuando no ocurre para disimular esa situación, por lo que los menores hacen lo mismo e incluso llegan a pensar “¿me lo he inventado?” (disociación). También es posible que los menores acepten e incluso estimen al abusador excepto en el momento del abuso. Al fin y al cabo, un padre es un padre, o un tío, un abuelo…
Pero no todas las víctimas requieren intervención aunque sí apoyo psicológico. Una creencia errónea de los psicólogos consiste en tener la certeza de que quien sufre abuso sexual “tiene que” tener consecuencias a corto plazo. Quizá el menor ha percibido apoyo y ha conseguido normalizar el suceso (“Ya estoy bien, con todo lo que he sufrido por fin estoy feliz”). La situación sale a la luz, el abusador sufre consecuencias y el menor deja de ser abusado. En este caso, sin consecuencias psicológicas, podría no ser necesario la intervención en ese mismo momento. Esto no significa que no la necesite en ningún otro momento de su vida.
Las conductas de abuso suelen incrementarse paulatinamente siendo primera la estimulación, pasando al sexo oral, siguiendo con la penetración digital y, más tarde, la penetración física. Este comportamiento suele ser crónico y suele parar en la adolescencia cuando los menores se revelan. Además no “suele” haber agresión (aunque es posible) ya que juegan con la manipulación psicológica.
En ocasiones, podemos constatar abuso sexual y que los padres no crean al menor. En estos casos, la prioridad es proteger al niño o a la niña y existe la posibilidad de llevarle a un centro (esto significaría que se nos han agotado las demás opciones). Si sus figuras protectoras no lo son, se le saca del contexto familiar. Si el caso es el contrario, que el menor se inventa el abuso, se realiza intervención familiar para abordar esa situación.
A veces la intervención puede ser una segunda victimización ya que podemos estar dando importancia a un suceso que el menor ha normalizado. Por esto, cuando se trata de niños de preescolar se trabaja con los padres y nunca con el menor.
Hay que tener en cuenta que el abuso afecta al entorno del/la menor por lo que es necesaria la intervención tanto con la víctima, como con la figura protectora no abusadora y, cuando el niño se niega a separarse del abusador y/o la ruptura familiar causa más daño que el propio abuso, la intervención con el abusador.
Para terminar, os dejo un libro titulado "Ni un besito a la fuerza". Un libro que ayuda a prevenir el abuso sexual en los más pequeños de una forma bonita y positiva.