"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 25 de marzo de 2015

Terapia Ecuestre: diversión, aprendizaje y vínculo


Esta semana tenemos una colaboración muy especial en el blog. Hoy os escribe Ana, directora del Centro Rehabilitación Ocupacional y Ecuestre. Yo tuve la suerte de vivir todo lo que Ana cuenta a continuación y de comprobar todos los beneficios que tiene la terapia ecuestre de forma experiencial. Os animo a que lo viváis pero, de momento, podéis leer una introducción sobre la forma en la que Ana trabaja.

  
“Las Terapias Ecuestres se están utilizando para tratar a personas con cualquier tipo de discapacidad, ya sea  física, psíquica, sensorial… Al iniciar la rehabilitación, como ocurre en sala, el paciente debe ser evaluado por un equipo multidisciplinar, que será quien planifique la intervención (diseñando las sesiones según los objetivos planteados y realizándolas), formado por profesionales de la salud o educación y ecuestre, ya que al trabajar con animales hay que garantizar su bienestar y la seguridad.


Una ventaja con la que cuenta este tipo de intervención es la motivación de los usuarios al acudir a terapia, ya que al realizarse en un ambiente normalizado al aire libre, con actividades divertidas, no lo consideran ir a rehabilitación, sino ocio.

Desde que llega el paciente hasta que finaliza la sesión, se producen multitud de situaciones en las que se trabajan los objetivos y se van viendo los beneficios que le aporta.

Lo primero al llegar al centro ecuestre es el saludo al equipo, incluyendo al animal; ese primer contacto es el que inicia la relación, por lo que es importante que sea positivo para la persona que se acerca por primera vez a un animal de ese tamaño. Cuando el équido se acerca cuidadosamente, mira, lo acaricia con su suave hocico… se crea un vínculo que es determinante, la primera impresión es la que se recuerda.

Después, se procede al cepillado. Durante esta actividad, el paciente reafirma su opinión de que el caballo “no hace nada”, se aproxima hacia él, lo acaricia, cepilla… reforzándose la relación pie a tierra (desde abajo). Además de la confianza, aceptación y seguridad, también se trabaja la secuenciación de la tarea (los pasos a seguir), aceptación de órdenes, coordinación óculo-manual, amplitud del rango articular, la motricidad fina, prensión, manipulación y el contacto con distintas texturas.

 
Si es posible, se pide al usuario que lleve al animal hasta la rampa de acceso al caballo. La persona se siente capaz de “pasear” y llevar por donde quiere a un animal de esas características, con la positividad que conlleva la responsabilidad y el logro.
 
Una vez montado, el usuario empieza a sentir el paso del caballo, que es una simulación de la marcha humana; se puede decir que “el paciente camina sentado”, se transmiten a la pelvis de 90 a 110 impulsos por minuto y es cuando comienza, con una correcta posición supervisada por los profesionales, la activación de la zona abdominal, control de tronco, mejora de equilibrio, regula los patrones de marcha, relaja y activa la musculatura del miembro inferior (piernas), aumenta la movilidad articular. También se favorece la secreción de mucosas, motilidad intestinal (cuando hay problemas de estreñimiento resulta efectivo), sistema cardiovascular y respiratorio, regula los patrones de sueño… Si a ello le añadimos juegos a caballo (según la edad y características de la persona) en los que se trabaja la interacción con otras personas, orientación en el espacio, lateralidad, atención, concentración, memoria, capacidad de aprendizaje, esquema corporal, vocabulario de las partes del caballo y sus aparejos…  hacemos que sea una actividad tan completa como motivadora.

Multitud de estudios científicos demuestran sus beneficios, siempre que se realice con personal formado para ello y caballos adecuados para la actividad.

Para más información o consultas, podéis visitar la página web www.rehabilitacionocupacionalyecuestre.es Estamos en San Vicente del Raspeig (Alicante).”
 


Ana B. Pliego Salort

Graduada en Terapia Ocupacional y E.U. en Equitación Terapéutica.

Directora de Rehabilitación Ocupacional y Ecuestre.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Abordar el tema de la muerte con niños de 6 a 8 años

La muerte de alguien querido es, en muchas ocasiones, un tema tabú entre los niños y temido entre los adultos. Lo vivimos de forma intensa. Tanto por la persona que fallece si teníamos una relación íntima con ella como con las personas que sufren durante el proceso de duelo. Es una situación que nos genera emociones negativas y ya hemos hablado en otras ocasiones de lo poco preparados que estamos para sobrellevarlas a pesar de ser necesarias en nuestro crecimiento vital.
Pero, si el tema de la muerte es complejo en cualquier momento, se vuelve más difícil cuando tenemos que abordarlo para un niño. Entre los 6 y los 8 años, el concepto de la muerte es algo confuso. No entienden con facilidad que una persona que fallece se ha ido para siempre y que no volverá, por lo que pueden hacer preguntas como “¿Cuándo va a volver papá?” o decir frases como “Cuando venga mamá…”. Estos comentarios pueden complicar el duelo del niño o niña y provocar una gran tristeza en los adultos.
Por esto y por múltiples razones, es aconsejable que se le transmita la idea de que la muerte es algo definitivo e irreversible y que debe aceptarlo porque ya no se puede hacer nada para evitarlo. No se trata de tratar la situación con una visión negativista y depresiva, sino de invitar al menor a que no se ancle en el pasado y empiece a pensar en su futuro de forma activa: qué va a hacer la familia después del fallecimiento, cómo se va a organizar, qué puede cambiar, etc.
En cuanto a los sentimientos de los adultos, es totalmente necesario que se muestre lo que se siente durante los primeros momentos del duelo. Las personas necesitamos desahogarnos, que nos comprendan, que nos abracen, que estén con nosotros en esos momentos tan difíciles. Por el contrario, es aconsejable que esos momentos no se dilaten en el tiempo ya que somos las figuras que dan la seguridad a los pequeños y necesitamos estar “bien” para ayudarles a pasar por un momento tan difícil como este. ¿Significa que debemos mentir a nuestros niños y aparentar estar bien? No. Pero podemos transmitirle, aun con dolor, que la vida sigue y que estamos ahí para ayudarles siempre que lo necesiten.
¿Es probable que el niño que ha vivido una muerte cercana comience a tener miedo a la muerte? En niños de esta edad no es algo común. Con el paso del tiempo, la muerte estará en su cabeza en la medida en la que salga ese tema de forma repetitiva en la familia. Lo aconsejable es encontrar un punto medio entre la idea de no insistir mucho en el tema de la muerte y la de no ocultarlo.
 
 

 
 
*Información extraída del libro “La Educación de Nuestros Hijos” dirigido por Josefina Aldecoa.

miércoles, 11 de marzo de 2015

El/la psicólogo/a también es humano/a

Más de una vez he escrito sobre la importancia de la naturalidad en la figura del/la psicólogo/a. Me parece algo básico que no te enseñan en la formación con tanta importancia como otros aspectos (también muy necesarios).
Hace poco, una paciente me preguntaba en consulta: “¿Puedo soltarme?”. Con soltarse se refería a utilizar un lenguaje coloquial, de la calle. Yo, claramente, le dije que sí, a lo que la paciente respondió: “Me fastidia que…”. Antes de que pudiera seguir le interrumpí y le dije: “Te jode” y ella contestó: “¡Sí, me jode!”.
Y es que, cuando llegamos a una consulta es porque estamos “jodidos”. Tenemos sentimientos de tristeza, ansiedad, rabia, culpabilidad, frustración, impotencia… Necesitamos que la persona que tenemos delante nos escuche y nos entienda, que empatice con nosotros. ¿Cómo va a empatizar con nosotros una persona si ni siquiera estamos mostrándonos tal y como somos? Ante una primera sesión, es normal que nos retraigamos un poco. No conocemos al/la profesional, no es nuestro amigo o nuestra amiga, ni nuestra pareja, ni nuestra familia. Pero, para poder recibir lo que se busca al ir a la consulta, es aconsejable que nos mostremos tal cual somos. Es ahí donde está la valentía en acudir a una primera sesión. Es una de las cosas que hacen a las personas que acuden a consulta psicológica tan valientes y dignas de orgullo.
Por el lado contrario, un aspecto que me parece muy valiente por parte del/la psicólogo/a o terapeuta, es la capacidad para contar autorrevelaciones encontrando el punto intermedio para no acaparar el tiempo de la sesión en alguien que no es el/la paciente. Las autorrevelaciones son las anécdotas que cuenta el/la profesional sobre su propia vida. En la carrera me aconsejaron que, de vez en cuando, podían utilizarse. En mi práctica diaria, el “de vez en cuando” quizá es un poco más de lo esperado. ¿Qué problema hay en decirle a una persona que tu experiencia te ha enseñado algo? ¿Qué hay de malo en establecer una relación de iguales en la que sois dos personas hablando de sentimientos? Si no olvidamos que el objetivo principal es la mejora del/la paciente y que estamos hablando de su situación problemática, ¿por qué hemos de hablar de determinadas cosas con cuentagotas? ¿Por qué esa distancia en la relación que pone trabas a la hora de tratar muchos de los temas que les acercan allí? No hay que tener miedo. No hay que temer excesivamente a que el/la paciente experimente dependencia del psicólogo o la psicóloga, a la transferencia, a la contratransferencia…
La práctica profesional no es muy distinta de la experiencia personal. Es necesario poner unos límites, pero no nos conviene poner murallas para alejar esos miedos que pueden acecharnos.
 
 
 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Sexualidad y discapacidad

Esta semana os traigo un tema muy interesante tras haber asistido a una clase impartida por Carmen Calvo, psicóloga con un gran recorrido profesional entre el que se encuentra el desarrollo y la educación psicosexual en las distintas discapacidades.
Hoy os hablo de la educación sexual en personas con discapacidad.
 
 
Lo primero que defendía Carmen Calvo con total naturalidad es que la educación sexual se debe enseñar desde la atención temprana, dando la información necesaria en cada etapa de la vida. Todo esto lo fundamentaba con una frase tan simple y aplastante como ésta: “El sexo no lo hemos inventado nosotros, ya estaba cuando nacimos. Todos somos seres sexuados” y, por tanto, es necesario hablar del tema. No dejará de existir porque no lo abordemos.
A partir de los 2,5 – 3 años, coincidiendo con el momento en el que se deja de utilizar los pañales, el/la niño/a empieza a ver sus genitales ahora destapados y se identifica con su identidad sexual y social. Es entonces cuando entran en juego los estereotipos de género que todavía, hoy por hoy, influyen mucho en nuestra sociedad.
Es importante destacar que la curiosidad humana hacia el sexo se da en todo tipo de personas, por lo que parece inviable la idea de no informar sobre la sexualidad a que personas con cualquier tipo de discapacidad ya sea física o psíquica. “No somos quienes para poner límites sexuales a las personas con discapacidad”, decía Carmen Calvo.
En este colectivo, es muy frecuente que se tomen diferentes medicamentos que pueden alterar el interés por la sexualidad ya sea provocando un descenso o un aumento de dicho interés. Las personas con discapacidad tienen las mismas necesidades sexuales que las personas sin discapacidad. Todos necesitamos satisfacernos sexualmente de forma autoerótica (masturbación), satisfacer nuestra necesidad de experiencias sexuales o eróticas (caricias, amor…) compartidas y la necesidad de fantasear con personas cercanas. El problema es que, en algunos tipos de discapacidad, las personas tienen dificultades para saber cuándo y dónde es el momento correcto según las convenciones sociales. ¿Significa eso que debamos prohibirlo? De ninguna manera. Es más, no podremos hacer que la conducta sexual desaparezca. Ante una batalla en la que luchamos contra las hormonas de nuestro cuerpo, lo más probable es que la fisiología nos gane. Quizá, la alternativa más adecuada consiste en reconducir esta conducta a un momento y un lugar más apropiado.
¿Cómo se puede conseguir eso? Enseñando y practicando. Ni más, ni menos. Como cuando enseñamos a los/las pequeños/as a hacer pis, a hacer los deberes de clase, a recoger la mesa, a hacer la cama, etc. La rutina y la práctica son puntos clave en el aprendizaje. Carmen Calvo explicaba que, en determinadas ocasiones, había recomendado a los padres que enseñaran a su hijo a masturbarse en el aseo justo después de las clases de la tarde, con la puerta del aseo entornada y a asearse una vez había terminado. Esta rutina la practicaba todos los días hasta que, una vez aprendida, él la llevaba a cabo de forma autónoma y cuando quería, que no siempre era justo a la vuelta del colegio ni todos los días. Pero esta rutina no sirve de nada si no se les explica por qué deben aprenderla. Es necesario que entiendan que, igual que ellos tienen derecho a la intimidad, el resto de personas también tienen ese derecho y, por tanto, no deben realizar las conductas sexuales en público.
Además, es importante hacerles entender que no pueden gustarle a todo el mundo tal y como pasa con la amistad. No todas las personas que conocen son sus amigos y, de la misma manera, existe la posibilidad de que no sean correspondidos en el amor. Esto puede ayudar a la hora de aceptar un “no” a una proposición de amor. De forma contraria, pueden aprender que otras personas pueden sentir interés sexual por ellos y que es totalmente lícita esta situación así como no corresponder a una persona que no nos gusta y que no por ello nos debemos sentir culpables.
En resumen, el interés sexual en personas con discapacidad es igual que en las personas que no forman parte de este colectivo. Por esta razón, es aconsejable que se les eduque y se les permita el diálogo sobre este tema para poder solventar los problemas que se puedan dar dentro de la individualidad de cada persona.
 
 
 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Mi bebé de 3 a 6 meses


Durante el primer año de vida, las personas aprendemos más que en el resto de nuestra vida. Entre los dos y tres meses, el bebé empieza a sonreír como respuesta a la persona que se encuentra delante de él y, a los tres meses, la memoria empieza a jugar un papel importante en su vida.
A esta edad, el bebé ya distingue bien las cosas que le gustan de las que no y hará, mediante el llanto, que nosotros aprendamos también a distinguir esas cosas. Los adultos que le rodean deben tener grandes dosis de paciencia y comprensión puesto que el mundo del bebé se manifiesta en blancos y negros, amor y rechazo, afecto y rabia… y solo con la tolerancia de los adultos, el bebé aprenderá a manejar estos sentimientos. Es muy importante que el niño crezca con la seguridad de que la rabia que siente tiene una medida concreta aunque él no la conozca.
Como, por lo general, el bebé pasa más tiempo con la madre durante su baja, es muy importante que se faciliten momentos para que el padre disfrute del bebé de manera individual y en familia. Una forma de conseguir una relación más estrecha padre-bebé, es dedicar algunos momentos para estar con el bebé los tres juntos. Estos momentos pueden ser a la hora del baño, el momento de acostarlo o incluso, cuando ya está dormido, que la pareja piense en común a qué es debido que un día haya tenido mejor humor que otro.
¿Qué hago si el bebé tiene un hermano o hermana mayor? En primer lugar, aceptar que los celos son inevitables. El hermano o la hermana mayor querrá al bebé casi tanto como tú pero, en otras ocasiones, se sentirá desplazadx con una enorme lógica ya que, los cuidados que precisa un bebé de 3 a 6 meses ocupan casi todo el tiempo de un adulto, de un niño, de una mascota y de todo lo que le rodea. Por tanto, es más que aconsejable entender la situación y que ellos sepan que les entendemos.
Pero no todo es catastrófico con respecto a este tema. A pesar de los celos, es llamativo el interés que los hermanos y hermanas mayores despiertan en el/la pequeñx. Se les puede hacer ver que es un orgullo ser el/la mayor, que le imitan porque le encanta como es y quiere parecerse (no aconsejo decir frases como “quiere ser igual que tú”). Es importante recordar que cada niño es diferente y hay que desarrollar las capacidades que cada uno desea y necesita porque las necesidades, incluso las de protección, son diferentes. Un bebé necesita de estimulación por parte de adultos y de hermanos mayores pero también necesita tranquilidad y que se les proteja de estímulos muy intensos. Un niño de 3 o 4 años, por ejemplo, todavía no controla adecuadamente sus sentimientos y necesita ser protegido por sus padres  de la posibilidad de molestar excesivamente.
A los cuatro meses aproximadamente, se da un gran cambio. Empieza a coordinar sus movimientos con la vista y empieza a coger los objetos que tiene cerca. A los seis meses ya se mantiene sentado sin ayuda y aparecen los primeros juegos entre estas dos edades como el “cucú, trastrás”, el juego de desaparecer y aparecer detrás de las manos. También juega a abrir y cerrar los ojos y el mundo de los sonidos cobra más importancia que nunca. El bebé deja caer los objetos y escucha el sonido que hace al golpear en el suelo. Este hecho le permite vencer el miedo a otros sonidos que él no controla.
En esta época, empieza a hacer algo que los riñones de todx cuidador/a que le acompaña viven con miedo. Es el momento en el que tiran sus juguetes al suelo esperando a que un adulto se lo vuelva a dar. ¿Supone esto que estamos ante un mini-tirano que nos esclaviza con menos de un año? No. Con este juego, los niños aprenden a tener esperanza en que lo que se aleja o se pierde de su campo de visión, puede volver a aparecer. De esta forma, la ansiedad y la sensación de peligro que experimentaban con estos sucesos, va disminuyendo poco a poco.
En la siguiente foto os dejo el desarrollo, a nivel general, de los bebés durante su primer año de vida.


Y para terminar, una fuerza puramente emocional me impide no enseñaros unas fotos de mi sobrino Raúl de 5 meses.




*Información extraída del libro “La Educación de Nuestros Hijos” dirigido por Josefina Aldecoa.

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Sabes lo que es una caricia según el AT?

¿Qué es una caricia? No, no necesariamente se refiere a una caricia física como todos conocemos. Antes de definir el término de caricias, os voy a presentar la siguiente situación que nos exponen Ian Stewart y Vann Joines en el libro “AT Hoy: Una nueva introducción al Análisis Transaccional”:
 
 
Imaginad que vais por la calle, veis a un vecino que viene en la otra dirección y cuando os cruzáis vosotros sonreís y decís: ¡Qué buen día! Y vuestro vecino os sonríe y os dice: ¡Sí que lo es, sí!
 
Aquí, vuestro vecino y vosotros habéis intercambiado caricias, porque una caricia se define como una unidad de reconocimiento. Es lo que otras corrientes conocen como Refuerzo del Comportamiento.
Generalmente, no damos importancia a estos momentos pero ahora imaginad la misma situación aunque algo diferente. Vais andando, os cruzáis con el vecino, le decís: ¡Qué buen día! Y el vecino no responde nada y pasa de largo como si no os hubiera visto. ¿Cómo os sentiríais? Podéis enfadaros con él, desconcertaros, poneros tristes…  ¿Qué hacen algunos niños cuando se enfadan? Te dicen “ya no te ajunto” y dejan de hablarte.
Esto es un ejemplo muy simple pero muy claro de que las personas necesitamos caricias y si no las sentimos, nos sentimos privados de ellas. Y por eso esta razón, escribí el post de “¿Y si fuera invisible?” hace dos semanas (todo, amigos míos, tiene un por qué en este blog).
 
El placer de las caricias 
 
Y ahora que ya sabemos lo importante que son las caricias, paso a comentaros que hay diferentes tipos. Pueden ser verbales (un elogio), no verbales (una sonrisa), agradables (ir al cine), desagradables (un castigo), positivas (escucha activa) y negativas (una bofetada).
También pueden ser incondicionales como un “te quiero” o “te odio” o condicionales. Las caricias condicionales son las más frecuentes en el ámbito educativo: “qué bien lo has hecho”, “enhorabuena por aprobar el examen”, etc.
Algunas personas tienen la costumbre de dar caricias que empiezan sonando positivas pero tienen una “pullita” negativa al final. Ej. Puedo ver que entiendes esto, más o menos. A esto se le llama caricias falsas. Te dan algo positivo pero luego te lo quitan.
También existen personas que son muy liberales para repartir caricias positivas pero no lo hacen de forma sincera. Ej. ¡Qué alegría verte! (En realidad quería cruzarse de acera pero le ha sido imposible). Estas caricias se llaman caricias de plástico.
Por el lado contrario, otras personas tienen problemas para dar cualquier tipo de caricia. Estas personas vienen de familias en las que las caricias positivas eran escasas.
En el post de la semana pasada donde os contaba El Cuento de las Pelusas Calientes, se muestran diferentes tipos de caricias y cómo nos dedicamos a darlas con cuentagotas.
 
En cuanto a las caricias, todos tenemos nuestras preferencias. Muchos de nosotros tenemos ciertas caricias a las que estamos acostumbrados a recibir y otras que nos resultan extrañas porque no estamos familiarizados con ellas.
Imaginad la siguiente situación: Cuando era pequeño, quería que mi madre me diera grandes abrazos pero en raras ocasiones lo hizo.
Pueden ocurrir varias cosas:
-          Que pida muchos abrazos por esa falta que tuve durante tantos años
-          Que, inconscientemente, anule mi deseo de abrazos. Si me hago creer que no me gustan los abrazos, evito el daño que me supone estar falto de ellos.
 
 
Además, los diferentes tipos de caricias siguen un orden concreto:
En un primer lugar, esperamos Caricias Incondicionales Positivas que nos hagan saber que se nos quiere tal y como somos pero, si no se consiguen, pasaremos a buscar Caricias Condicionales Positivas haciendo lo que se espera de nosotros (aspecto muy importante en las personas que tienen un elevado perfeccionismo). Si, aunque hagamos todo lo posible para que nos acaricien o refuercen, tampoco conseguimos nuestro objetivo, nos comportaremos inadecuadamente (Caricias Condicionales Negativas) para que nos llamen la atención y, aunque sea de forma negativa, nos hagan saber que están pendientes de nosotros. Por último, en casos más graves y como último intento desesperado de recibir caricias, haremos todo lo posible para conseguir Caricias Incondicionales Negativas.
Las caricias positivas con los niños y, sobre todo con los adolescentes, son muy importantes ya que si no las reciben, buscarán formas para recibir caricias de carácter negativo.
 
mamá y bebé
 

Por último, recordad que:

Si nadie volviera la vista cuando entramos, contestara cuando hablamos o si a nadie le importara lo que decimos, si las personas a las que nos encontramos nos hicieran el vacío y actuaran como si no existiéramos, no tardaría en invadirnos una desesperación furiosa e impotente y, en comparación, la tortura física más cruel sería un alivio (William James)

 

miércoles, 11 de febrero de 2015

El Cuento de las Pelusas Calientes

Autor: Claude Steiner
Procedencia: Revista Integral







Érase una vez, hace mucho tiempo, dos personas muy felices que se llamaban Tim y Maggi y tenían dos hijos, llamados Juan y Lucy. Para comprender cuán felices eran, hay que explicar cómo eran las cosas entonces.
En aquellos días felices se les regalaba a todos, nada más nacer, una pequeña y suave Bolsa de Pelusa. Cada vez que una persona metía la mano en su bolsa podía sacar una Pelusa Caliente. Había mucha demanda de Pelusas Calientes porque cada vez que alguien recibía una, ésta le hacía sentirse muy contento y abrigado. La gente que, por alguna circunstancia, no recibía Pelusas Calientes con regularidad, corría el peligro de contraer una enfermedad en la espalda que los encogía y, a veces, podían incluso morir.
Entonces era muy fácil obtener Pelusas Calientes. Cada vez que a alguien le apetecía, podía ir a tu encuentro y decirte: "Me gustaría recibir una Pelusa Caliente"; entonces uno metía la mano en su bolsa y sacaba una Pelusa del tamaño de la mano de una niñita. Con la luz del día, la Pelusa sonreía y florecía, transformándose en una Pelusa Caliente amplia y acogedora. Entonces se colocaba encima del hombro, la cabeza o las piernas de la persona, y la pelusa se acomodaba perfectamente, deshaciéndose contra su piel y haciéndola sentir llena de alegría. La gente siempre se estaba pidiendo mutuamente Pelusas Calientes y, puesto que eran gratis, no había problemas para conseguir suficientes. Al haber para todos, las personas se sentían muy cómodas y abrigadas la mayor parte del tiempo.
Pero un día un brujo malo se enfadó porque todos eran felices y no le compraban pociones y ungüentos. El brujo era muy listo e ideó un plan perverso. Una hermosa mañana se acercó cautelosamente a Tim, mientras Maggi jugaba con su hijita, y le susurró al oído: -"Mira Tim, fíjate en todas las pelusas que Maggi le da a Lucy: Si continúa así va a agotarlas y no quedará ninguna para ti."
Tim se quedó estupefacto. Se volvió al brujo y le dijo: "¿Quieres decir que no siempre encontraremos una Pelusa Caliente en la bolsa cuando la busquemos?" Y el brujo contestó: -"Por supuesto que no; cuando las agotes ya no tendrás más". Y dicho esto, se fue volando, riendo y cacareando.
Tim se lo tomó muy a pecho y comenzó a controlar cada vez que Maggi le daba una Pelusa Cliente a alguien. Acabó por sentirse muy preocupado, porque a él le gustaban mucho las Pelusas Calientes de Maggi y no quería que se las diera a los demás. Realmente creía que Maggi no tenía derecho a gastar todas sus Pelusas Calientes con los niños y otras personas. Empezó a quejarse cada vez que veía a Maggi dar una Pelusa Caliente a alguien, y como Maggi lo quería mucho, dejó de dar Pelusas Calientes con tanta frecuencia y las reservó para él.
Al ver esto, los niños pensaron que era malo regalar Pelusas Calientes cada vez que se las pedían o les apetecía hacerlo. También ellos se volvieron muy cuidadosos: vigilaban estrechamente a sus padres y cuando les parecía que daban demasiadas Pelusas Calientes a alguien, protestaban. Poco a poco comenzaron a preocuparse por las Pelusas Calientes que daban ellos mismos. Aunque ciertamente encontraban Pelusas cada vez que las buscaban en su bolsa, cada vez metían menos la mano dentro y se hicieron más y más tacaños. Muy pronto la gente notó una escasez de Pelusas Calientes y comenzaron a sentirse menos contentos y abrigados. Empezaron a encogerse y, de vez en cuando, alguno moría por falta de Pelusas Calientes.
Así, más y más personas iban a comprarle pociones y ungüentos al brujo, aunque no parecían muy efectivos. Y sucedió que la situación comenzó a ponerse muy difícil. El brujo malvado no quería que la gente muriera, entre otras cosas porque los muertos no pueden comprar pociones ni emplastos, así que desarrolló un nuevo plan: le dio a cada uno una bolsa muy similar a la Bolsa de Pelusas, excepto que éstas nuevas eran frías, mientras que, como es sabido, las auténticas Bolsas de Pelusas eran calientes. Dentro de las bolsas del brujo había Espinas Frías. Estas Espinas Frías no hacían que la gente se sintiera contenta y abrigada sino, por el contrario, fría y pinchada, pero evitaban que a la gente se le encogiera la espalda y muriera. Por lo que, desde entonces, cada vez que alguien decía: "Quiero una Pelusa Caliente", le contestaban: "No puedo darte una Pelusa Caliente pero, ¿quieres una Espina Fría?"
A veces se acercaban dos personas pensando obtener una Pelusa Caliente, pero uno u otro cambiaban de opinión y terminaban dándose Espinas Frías. Así sucedió que, aunque muy pocas personas morían muchas seguían desdichadas y sintiéndose frías y pinchadas. La situación se complicó muchísimo, pues las Pelusas Calientes, que antes solían ser gratuitas como el aire, ahora eran extremadamente raras y muy caras. Eso ocasionó que la gente hiciera cualquier cosa para conseguirlas.
Antes de que el brujo apareciera, la gente acostumbraba a reunirse en grupos de tres, cuatro o cinco personas, sin importarle demasiado quién daba Pelusas Calientes a quién. Después de que llegara el brujo, la gente empezó a emparejarse y a reservar todas sus Pelusas Calientes para sus parejas. Las que se descuidaban y daban una Pelusa a alguien más se sentían culpables, porque sabían que su pareja seguramente notaría la pérdida. Y los que no encontraban una pareja generosa tenían que comprar sus Pelusas y trabajar muchas horas para poder pagarlas.
También sucedió que algunas personas cogían Espinas Frías (habían muchas y eran gratis), las cubrían de un material blanco y esponjoso, y las hacían pasar como Pelusas Clientes. Estas Pelusas Calientes falsificadas eran realmente Pelusas de Plástico y aún ocasionaron más dificultades: si, por ejemplo, dos personas intercambiaban libremente Pelusas de Plástico, se suponía que tenían que sentirse bien por ello, pero en cambio se separaban sintiéndose mal. Y como pensaban que lo que se habían estado dando eran Pelusas Calientes, se quedaban muy confundidos, sin darse cuenta de que esos sentimientos fríos e hirientes que tenían eran el resultado de haberse dado un montón de Pelusas de Plástico.
De esta manera, las cosas se pusieron muy, muy tristes desde la llegada del brujo que hizo que la gente creyera que algún día, cuado menos lo esperaran, no encontrarían más Pelusas Calientes en sus Bolsas.
No hace mucho tiempo, una adorable y robusta mujer de anchas caderas y feliz sonrisa, llegó a ese país entristecido. Parecía no haber oído hablar del brujo, y no le preocupaba que se acabaran sus Pelusas Calientes. Las daba libremente, incluso cuando no se las pedían. Algunos no la aceptaban, porque hacía que los niños se despreocuparan de que se les acabaran las Pelusas Calientes. En cambio a los niños les gustaba mucho, porque se sentían bien con ella. Y pronto volvieron a dar Pelusas Calientes siempre que les apetecía.
Las personas mayores comenzaron a preocuparse y decidieron utilizar la Ley para proteger a los niños del derroche de sus reservas de Pelusas Calientes. La Ley convirtió en una actividad criminal dar Pelusas Calientes de manera descuidada, sin licencia. Sin embargo, muchos niños parecían no enterarse y a pesar de la Ley, continuaron dándose Pelusas Calientes unos a otros siempre que les apetecía y siempre que se las pedían. Y como había muchos niños, casi tantos como personas mayores, parecía que podrían salirse con la suya.
Hoy por hoy es difícil adivinar qué sucederá. ¿Podrán las fuerzas de la ley y el orden detener a los niños? ¿Irán las personas mayores a unirse a aquella mujer y a los niños para darse cuenta de que siempre habrá tantas Pelusas Calientes como se necesiten? ¿Recordarán Tim y Maggi aquellos días en los que eran tan felices, sabiendo que había Pelusas Calientes en cantidad ilimitada? ¿Las volverán a dar libremente?
Este asunto se extiende por toda la tierra y probablemente la lucha esté llegando a donde tú vives. Si lo deseas, y ojalá así sea, puedes unirte dando y pidiendo libremente Pelusas Calientes, y siendo todo lo amoroso/a y sano/a que puedas.
 
Os propongo que penséis las siguientes preguntas:
 

¿Quién es el brujo en mi vida?
 
¿Qué son para mí las espinas frías? ¿Quién me las da?
 
¿Quién me deja vacío a pesar de tener una relación personal (pelusas de plástico)?
 
¿Qué son para mí las pelusas calientes? ¿Quién me las da?
 
¿Cómo mantengo ese equilibrio de pelusas/espinas en la actualidad?

miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Y si fuera invisible?

Esta semana os propongo un ejercicio de Dorothy Jongeward de su libro “En Busca del Éxito”. Hoy, además de leer, toca imaginar y sentir.
 
 
 
“Imagínate que comienzas el día. Saltas de la cama. Al poner los pies sobre el suelo te das cuenta de que hay algo diferente. Los sientes entumecidos, casi como si no estuvieran ahí. Diriges la mirada hacia ellos para asegurarte. Agitas los dedos. No estás seguro de que las cosas estén en orden. Sientes algo extraño. Más tarde, al salir con rumbo al trabajo, ves a tu nuevo vecino, Samuel, maniobrando para sacar su coche del garaje. Levantas la mano para saludar. Él no responde y se aleja con una mirada inexpresiva. “Yo creo que no me ha visto”, dices, “posiblemente iba preocupado por algo”.
 
En el trayecto a tu trabajo, te detienes como de costumbre en la esquina del puesto de periódicos, para comprarle uno a Norberto. “Bonita mañana, ¿no?” dices al mismo tiempo que das un flamante billete de 20 pesos a Norberto. Éste te entrega el cambio y te mira durante un momento pero no responde. Te alejas y te diriges a tu oficina, preguntándote, ¿qué le hice a Norberto?
Cuando llegas al edificio de tu oficina, las puertas del ascensor están a punto de cerrarse. Corres para alcanzarlo. Al cerrarse las puertas ante ti, ves en el interior a media docena de personas que te dirigen unas miradas indiferentes.
Decides subir por las escaleras. Al hacerlo, te encuentras a una compañera de trabajo. Decidido a ser amable, a pesar de la fría acogida que has tenido hasta ahora, le sonríes afectuosamente y dices con alegría: “¡Buenos días, Nina!”. Nina pasa junto a ti sin decir una palabra ni volverse a verte.
Finalmente, llegas a tu planta de la oficina, ansioso por ver caras conocidas. Sin embargo, cuando entras nadie se vuelve. A excepción del sonido de las teclas de la máquina de escribir, no oyes nada. Cuando cierras la puerta de tu despacho, solo un silencio total te rodea. Durante el día, el silencio continúa. Nadie escucha, nadie responde. Nadie parece darse cuenta de que existes. Tú comienzas a dudarlo también.”
 

 
¿Cómo te sentirías? ¿Qué harías para que la gente te viera?
¿Conoces a alguien que pueda sentirse así?
 

miércoles, 28 de enero de 2015

¿Qué necesitamos en nuestras relaciones?

El Dr. Richard Erskine, psicólogo clínico y director del Instituto de Psicoterapia Integrativa en Nueva York, habla de la necesidad de estar en una relación con personas importantes en nuestra vida y que nos den  afecto, cuidado y protección. Las relaciones se construyen a través del contacto interpersonal, ya sea a través del contacto físico, del reconocimiento del otro acerca de las cualidades que nos haga sentirnos válidos y de la existencia de uno mismo.
 
El contacto puede ser contacto interno (los propios pensamientos, fantasías, sensaciones, necesidades, comportamientos…) y con otros (relación). El ser humano solo puede madurar y crecer a través de una relación con otras personas significativas para él. Las heridas que todos arrastramos son consecuencias de los fallos en el contacto que hemos tenido con los demás a lo largo de nuestro desarrollo. Cuando hay un fracaso (incomprensión) en la relación con otra persona importante, “cerramos” generalmente la experiencia de fracaso y dolor de una forma dolorosa (“no importo”, “no valgo”, “soy raro”) que implica también la pérdida del contacto con nuestro interior. En otras palabras, vamos marginando y apartando de la consciencia aquello que nos duele o aquello que creemos que será rechazado por los demás.

La insatisfacción de las necesidades en la relación con los demás se experimenta con sentimientos de anhelo, vacío, soledad; también como frustración, agresividad y enfado, y como una pérdida con el contacto interno. Las rupturas de relación que se mantienen en el tiempo, provocan pérdida de fuerza, de esperanza y generan creencias limitadoras del tipo “No intereso a nadie”.
Por tanto, las necesidades relacionales incluyen la necesidad de contacto interpersonal. Richard Erskine destaca ocho necesidades de relación:


1. Necesidad de seguridad: Es la necesidad de ser vulnerables (sensibles) y estar en armonía con otros. Conlleva la  respuesta de dar seguridad física y afectiva así como respeto. Esta necesidad comunica no verbalmente “tus necesidades son normales  y aceptables para mí“. Es una total aceptación, protección y estima incondicional. Consiste en sentirnos aceptados tal y como somos. Ej: Los padres que siguen queriendo a sus hijos a pesar de que se vean en la situación de ponerles límites.

2. Necesidad de validación, confirmación y sentirse importante:
Es la necesidad de sentir que nuestra experiencia (afectos, fantasías, creencias…) es importante y aceptada por el otro. Sería similar a la necesidad de seguridad pero, además de ser aceptados tal y como somos, somos valorados positivamente por ello. Ej: No solo acepto que seas diferente a mí sino que me gusta que seas así.
 

3. Necesidad de Aceptación por parte de una figura protectora: Es la necesidad relacional de ser aceptado por otra persona que sea fiable y fiel, una persona que consideremos protectora. Es la búsqueda de protección y guía que puede manifestarse como una idealización del otro. También
puede manifestarse en la búsqueda de protección cuando experimentamos una exageración de las emociones o de las fantasías. Se satisface cuando el otro reconoce la necesidad de idealización como una demanda de protección. Una figura protectora genera estabilidad, apoyo y protección física y psicológica. Ej: Cuando nos sentidos aceptados por nuestros padres, nuestro/a profesor/a o jefe/a, etc.

4. Necesidad de Confirmación de la experiencia. Se manifiesta cuando nos sentimos entendidos por otra persona que ha pasado lo mismo que nosotros o está en una situación similar. Un ejemplo de esta necesidad se puede ver en los Grupos de Ayuda Mutua de diferentes asociaciones.
 

5. Necesidad de Autodefinición: Esta necesidad se cubre cuando, aun siendo diferentes al resto, nos sentimos aceptados. Es el apoyo a la diferencia y la visión de que es normal tener la necesidad de diferenciarse del resto. Es la capacidad de respetar al otro aun cuando no estamos de acuerdo con él.
 

6. Necesidad de tener impacto. Se refiere a la capacidad de influencia sobre la otra persona para que cambie su comportamiento de algún modo. Ej: Aconsejar sobre una decisión que, según nuestro punto de vista, no es la más acertada.
 

7. Necesidad de que el otro tome la iniciativa. Consiste en conseguir que la otra persona tome la iniciativa para satisfacer las necesidades de uno mismo en determinados momentos. No se trata de dejar el peso de la decisión en la otra persona como una regla rígida sino de poder dejarnos llevar en momentos concretos. Ej: Cuando una persona decide tomar la iniciativa para quedar a tomar un café.
 

8. Necesidad de expresar amor. Es un componente muy importante en las relaciones interpersonales. Se expresa mediante el agradecimiento, dando afecto, haciendo algo para la otra persona, etc. La sintonía entre esta necesidad entre dos personas, consiste en la expresión de amor y en la aceptación de las expresiones de afecto del otro.
Ej:
-          Me apetecía mucho verte
-          Gracias, a mí me pasaba lo mismo. Te echaba de menos.
 
 

miércoles, 21 de enero de 2015

9 Caminos para enriquecer tus relaciones

En la revista “Cuerpomente” de junio del 1998, la psicóloga y sexóloga Begoña Odriozola explicaba a los lectores los nueve caminos para acercarnos más a los demás. Esta semana os rescato parte de la información de ese artículo.
 
LOS NUEVE CAMINOS
1.     Escucha atentamente. Escucha sin pensar, al mismo tiempo, la respuesta que vas a dar. Sentirse escuchado y comprendido es una de las cosas que mejor nos hacen sentir con nosotros mismos y con los demás.
 
2.     Sé positivo. La felicidad personal y en las relaciones no depende de lo que ocurre sino de cómo lo vemos y lo vivimos nosotros. Acepta el reto de buscar lo positivo en cada cosa que hagas o que te ocurra.
 
3.     Acepta a los demás como son. Todas las personas son valiosas por el hecho de ser y existir, con sus defectos y sus virtudes. Si todos somos únicos, ¿por qué deberíamos ser distintos de quienes somos? Es frecuente que veamos en los demás aquello que, en el fondo, deseamos ver o buscamos (un reflejo de nuestras ilusiones, necesidades, etc.) en lugar de ver lo que simplemente es.
 
4.     No seas demasiado exigente. Sé benevolente contigo mismo como lo serías con tu mejor amigo. Nadie es perfecto y nada indica que vayas a ser la única persona en el mundo que lo sea, así que ¡relájate! Nada ni nadie va a hundirse porque hayas cometido un error. Si ha sido así, aprende la lección y sigue adelante. Tener esa actitud permite ser más tolerante y comprensivo con los fallos de los demás.
 
5.     Aprende a vivir el presente. Hay quien piensa que la felicidad absoluta no existe pero que podemos llegar a ser felices si aprendemos a disfrutar de los pequeños instantes que solo podemos encontrar en el presente. Poner atención en el presente es una manera de vivirlo con intensidad y es una oportunidad para aprender más de la experiencia. También nos permite ahuyentar la tristeza en la que caemos cuando nos preocupamos por algo del pasado que ya no podemos cambiar y la ansiedad por un futuro que no depende únicamente de nosotros mismos.
 
6.     Escucha tus emociones. Las emociones nos dan pistas muy interesantes para llegar a conocernos a nosotros mismos. Si logramos automotivarnos, relacionarnos con los demás adecuadamente y tener éxito en algunos ámbitos de nuestra vida, es gracias a nuestra capacidad para entender y canalizar nuestras emociones. Tener en cuenta las emociones nos ayudará a tomar decisiones de una manera más certera rechazando opciones racionalmente perfectas con las que emocionalmente no nos sentimos cómodos.
 
7.     Habla claro. Es necesario escuchar pero también expresar claramente nuestros deseos y lo que no nos gusta, tratando siempre de no herir al otro. Expresar nuestros sentimientos y puntos de vista es importante. Si no lo hacemos y tratamos de adaptarnos siempre a los demás, acumulamos mucho rencor y podríamos hacerle pagar a la otra persona por algo que no es consciente.
 
8.     Haz algo por los demás. Ayudar desinteresadamente a los demás permite dejar de sentirse el centro del mundo, enseña a ser menos egoísta y más tolerante. Ponerse en la piel de otra persona nos enriquece como personas y abre nuevas perspectivas para analizar y resolver problemas propios. Esto repercute en las relaciones con los demás porque, sobre todo, nos enseña a ver las cosas con mayor perspectiva y relativismo.
 
9.     Sé responsable de tu felicidad. No esperes que los demás te den lo que no tienes. Si tu felicidad depende de que alguien haga algo o sea distinto, estás poniendo tu vida en sus manos. Algunas claves para conseguirlo son:

·         Acéptate como eres
·         Respeta tus necesidades
·         Escucha tus emociones
·         Sigue una alimentación sana, ejercicio adecuado, descanso regular y combate el estrés
·         Vive el momento presente
·         Aprende a ver lo positivo de cada situación
·         Cultiva la amistad sincera


 
¿Cuántos caminos hacéis con los demás? ¿Cuáles? ¿Cuáles no hacéis?