"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

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jueves, 14 de abril de 2016

Niños con TDAH: ¿Víctimas de qué o de quién?

Esta semana os traigo el resumen de una entrevista muy interesante. Por fin los medios empiezan a hacerse eco con justificaciones científicas a cerca de las consecuencias negativas del “boom” de diagnósticos y tratamientos farmacológicos del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Ante todo, no soy investigadora y no puedo afirmar que una corriente de pensamiento es cierta y otra no. Pero estoy totalmente de acuerdo con la idea de que tanto “boom” repentino es algo extraño y aparenta una posible moda que infla diagnósticos como en su día lo fue el entonces llamado Síndrome de Asperger, y que solo si leemos diferentes opiniones, podremos formarnos una idea más objetiva y racional.

Robert Whitaker es periodista e investigador y ha publicado un libro titulado Anatomy of an Epidemic (Anatomía de una epidemia) que ya ha sido traducido al español y ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos finalista del premio Pulitzer y el premio al mejor trabajo de investigación de 2010 por la Investigative Reporters and Editors pot su libro.

En esta entrevista, Robert Whitaker afirma que la creación del TDAH coincide con el hecho de que ya se había empezado a dar estimulantes a los niños en el 1970 pero necesitaban un diagnóstico y así no tener que hacerlo fuera de las aplicaciones médicas. Con un diagnóstico, se podría justificar lo que habían empezado y así empezó a formarse la historia  biológica del trastorno. Los profesionales concluyeron que, como la medicación aumentaba la dopamina, la causa del TDAH era la consecuencia de bajos niveles de dopamina. De esta forma, se aceptaba el trastorno como algo válido, se creía que estaban aprendiendo sobre la biología del trastorno y además se concluía que la medicación funcionaba.

Seguir leyendo en monicablasco.com

miércoles, 20 de enero de 2016

“ÉRASE UNA VEZ: Cuentos para emocionarse”


Esta semana comienza una nueva parte del blog titulada: “ÉRASE UNA VEZ: Cuentos para…”. Los cuentos son una herramienta genial para que los niños se inicien en la lectura, aprendan, pasen tiempo con los familiares, establezcan una rutina para dormir, imaginen, creen y relacionen todo lo que pueden ver en las páginas con su vida real. Por eso, porque son tan buenos para los niños (y para los no tan niños), empieza el post de recomendaciones de cuentos. Hoy hablamos de la educación emocional.


1.Emocionario (Cristina Nuñez): Un libro muy conocido en el que los niños pueden aprenden a definir cada emoción. Es un libro muy completo en el que los niños más pequeños necesitarán la ayuda de los adultos en muchas ocasiones para que les asesoren. De hecho, hay emociones muy concretas que enseñan incluso a los adultos.

Este libro puede utilizarse de forma salteada, sin necesidad de leerlo de principio a fin. En algunas ocasiones se pueden leer dos emociones cada vez. Una elegida por el niño y otra por el adulto en función de su experiencia diaria. Otro método de utilización es mediante el juego. El índice está formado por dibujos que siguen una trayectoria como si fuera un tablero. Si cogéis fichas y dados de otro juego, podréis inventaros una forma de jugar con las emociones apoyándoos en las descripciones que os da.






2.El Monstruo de los colores (Anna Llenas): Un libro corto y sencillo para los más pequeños que nos enseña a identificar cada emoción y a darnos cuenta de cómo las expresamos.






3.Érase una vez un niño comepalabras (Marlet): En este libro ilustrado, los niños podrán leer un cuento corto en el que no solo nos explica cuáles son las emociones básicas y cómo reconocerlas sino que también dará una importante lección a niños y a padres. Las emociones, por mucho que algunas sean desagradables, no deben “comerse” (inhibirse, prohibirse) porque entonces nos sentiremos vacíos. Las emociones nos ayudan.

En el siguiente link, podéis encontrar el texto del cuento y algunas imágenes: http://www.clubpequeslectores.com/2015/06/libro-infantil-erase-una-vez-un-nino-comepalabras.html   





4. Sentimientos (Editorial SM): Esta editorial ha editado una gran cantidad de libros que hablan sobre las emociones, sobre el colegio, la familia, de ir a dormir y un montón de cosas más. Los libros están recomendados para niños y niñas de 3 a 6 años. En este link podéis encontrar todos los libros: http://www.boolino.es/es/libros/coleccion/sentimientos/






5. Toni y Tina (Editorial Almadraba): Como en el punto anterior, los personajes de estos cuentos también son conejos. En este caso, hay un libro por cada emoción básica y puedes encontrarlos con un peluche de los personajes para jugar durante la historia o en cualquier otro momento. Estos libros tienen orientaciones para guiar al adulto en diferentes formas de trabajar las emociones. La edad recomendada es de 3 a 6 años y ha sido creada bajo el asesoramiento de expertos del Hospital Sant Joan de Déu.












miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cómo enseñar a los hijos a afrontar las críticas de sus iguales


En algunas ocasiones, los niños pueden llegar a casa después del colegio afirmando que un niño o una niña de su clase se han metido con ellos. Generalmente dejamos pasar esta situación porque, si son hechos aislados, pueden ser cosas de niños y así no se genera mucha importancia alrededor del tema. Pero, ¿qué ocurre si la crítica se hace continua y nuestro hijo o nuestra hija nos demanda ayuda para solucionar el problema? Hoy os doy unos pasos introductorios para abordar este tema.



Para empezar, es de vital importancia dar mucho apoyo, amor y contrarrestar la emoción desagradable de esa situación. Hacer determinadas preguntas para evaluar sus herramientas: ¿Qué te ha dicho? ¿Por qué crees que te lo ha dicho? ¿Qué has hecho tú?

Como ejemplo, os cuento la historia de Pablito: Pablito llegó triste a casa después del colegio porque sus compañeros de clase se habían reído de sus grandes orejas. Su padre, sentó a Pablito en las rodillas y le dijo: ¿Tú no sabes que en esta familia, además de las orejas, tenemos algo más grande que el resto?

Con tono de humor, esta historia nos enseña cómo, reforzando los puntos fuertes del menor, es posible conseguir que no le afecten las críticas ajenas. Cada vez que se rían de las orejas de Pablito, éste recordará que no es lo único grande que tiene.

Siguiendo esta historia, ante una posible crítica como “eres raro/a”, el niño puede responder “sí, soy diferente, pero mi corazón es más grande que el tuyo porque yo doy amor y tú no”. De esta forma, la persona que critica se puede quedar bloqueada delante de los demás niños que, anteriormente, reían ante todas las críticas que hacía.


Si hemos probado lo anterior pero no surge efecto porque el acosador o la acosadora llevan al límite las críticas, se puede aprovechar la situación en la que el niño se queja a su madre para darle otras herramientas. Estas herramientas son:

  • Ante la crítica:
    • Para
    • Respira
    • No llores delante del acosador
    • No pegues, ni insultes, ni amenaces…
    • No esperes a que el problema se resuelva solo, pasa a la acción

  • Si sientes fuerzas para responder, responde con preguntas:
    • ¿Por qué me haces eso?
    • ¿Te he hecho yo algo?
    • ¿Es que estás enfadado/a conmigo?

  • Si no sientes fuerzas para responder:
    • Aléjate si no te sientes seguro/a
    • Ten un grupo de amigos, los acosadores no son tan valientes como parecen
    • Pide ayuda a un adulto (profesores, familia del acosador, tu propia familia…)


Si, después de estas herramientas, el problema persiste, puede ser conveniente hablar con el/la tutor/tutora para informarle de la situación, preguntar si existe alguna medida posible a nivel del centro educativo y pedir ayuda profesional para evaluar el estado anímico de la víctima y trabajar, si es necesario, sus habilidades sociales.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Mitos y realidades de las Altas Capacidades



En otras ocasiones os he hablado de forma introductoria sobre las personas con alta capacidad. Si os perdisteis ese post y estáis interesados, podéis acceder a él pinchando aquí.  Hoy me voy a centrar en los mitos que rodean a las personas con alta capacidad y las necesidades reales que tienen.


MITOS

Triunfan académicamente y en todas las áreas

Avanzan solos y no necesitan ayuda

Estos niños y adolescentes necesitan terapia 

Es fácil detectarlos y es suficiente con saber que tienen un CI mayor de 130

La estimulación les puede perjudicar

Tienen problemas para relacionarse con los de su edad

Son inestables y triunfan en lo académico pero tienen un déficit en habilidades sociales 

Se aburren en clase

Hay más niños que niñas con alta capacidad

Hay más altas capacidades en familias de nivel sociocultural alto que bajo




NECESIDADES

Necesitan que les aceptemos como son, tanto con sus aciertos como con sus errores los cuales también cometen.

Es importante que los profesionales trabajen a la vez el área cognitiva, social y emocional. Es aconsejable que no nos centremos únicamente en el área académica.

Necesitan profundizar en una visión positiva de sí mismos incluyendo sus fortalezas y sus debilidades.

Conocer las ventajas y desventajas de ser una persona con alta capacidad.

No frenar sus ganas de aprender y aportar lo que sabe tanto en clase como en familia y con los amigos.

Lograr un equilibrio entre sus capacidades y exigencias sociales. No debemos exigirles hasta frustrarlos. A pesar de su interés y potencial, no dejan de ser niños y adolescentes que quieren jugar o salir con sus amigos.

Ofrecerle la oportunidad de relacionarse con otras personas con las que comparta aficiones e intereses.





miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Por qué me cuesta tanto entender y perdonar a mis padres?

Adentrándome en el mundo interno del apego descubrí a Peter Fonagy, una persona capaz de juntar dos mundos aparentemente tan diferentes como son el psicoanálisis y la neurociencia.
 
Pero si quiero hablaros del apego basándome en Peter Fonagy, es necesario que primero os explique el concepto de mentalización. La mentalización es similar a la metacognición (proceso en el que pensamos sobre cómo pensamos) y la empatía (pensar y sentir como la otra persona) pero con matices diferentes. La empatía consiste en pensar y sentir como la otra persona mientras que la mentalización se basa en saber lo que piensa y siente la otra persona únicamente. Hay dos tipos de mentalización:
 
1.      Implícita: Aprendida por intuición en conversaciones sociales, emociones, etc. Ej. Saber anticipar los movimientos de los demás conductores mientras se circula.
 
2.      Explícita: Típico de la terapia y del trabajo del psicólogo de hacer consciente lo inconsciente poniendo palabras a los sentimientos. Ej: Los conocimientos que aprendo para aprobar el examen de conducir.
 
Cuando mentalizamos se activan varias zonas del cerebro. El área paracingulada, el surco temporal postero-superior y la encrucijada témporo-parietal, la amígdala y los polos temporales.
 
En adultos con una historia de trauma en el apego durante la infancia, a veces falla la capacidad para concebir cómo piensan o sienten las personas. Hay un fracaso en la mentalización. Por ejemplo, puede darse la situación de que un paciente presione al terapeuta para que muestre evidencia de preocupación por él ofreciéndole sesiones de más o permitiéndole llamadas telefónicas entre sesiones como pruebas materiales de compromiso por su limitada capacidad para percibir este interés en las que otras personas no encontrarían ninguna razón para dudar de ello. Y quien dice relación de terapeuta-paciente, dice relación de pareja, relación de amistad, relación laboral…
 
Jonh Bowlby, otro maestro del apego, afirma que el trauma dificulta la exploración y activa los lazos afectivos. Nos sentimos angustiados y queremos que nos abracen. El apego cumple funciones del desarrollo muy importantes más allá de la protección física. Algunas de las más importantes son la regulación del estrés y los afectos, el control de la atención y el desarrollo de la capacidad para mentalizar. Cuando en la infancia encontramos relaciones de apego problemáticas, se debilitan estas funciones incluyendo la mentalización.
 
 
En dos estudios por imágenes, Bartels y Zeki  (2000, 2004) descubrieron que, cuando las áreas cerebrales que median en el apego se activan, las regiones encargadas de los juicios sociales y la mentalización se inhiben. Por tanto, ante un estado de apego emocional muy intenso, la mentalización quedaría desactivada imposibilitando el saber cómo piensan y sienten los demás. Es por esto por lo que es tan difícil comprender los estados mentales de las figuras de apego.
 
Un campo de entrenamiento ideal para desarrollar la mentalización es el apego. Éste es seguro y no es competitivo. El problema se da cuando hay un trauma en este campo de entrenamiento, cuando hay un trauma en el apego. Cuando la persona con una relación de apego desadaptativo se siente mal, pide ayuda a sus figuras de apego pero no la puede recibir porque esas personas son las que le están haciendo daño. En ese momento vive una emoción muy intensa que no puede eliminar porque nadie puede solucionar el problema. A esto se le suma que, a mayor activación, menor capacidad de mentalización creando un círculo vicioso. Si tengo esa emoción tan intensa por no poder solucionar el problema me es imposible mentalizar y, si no consigo mentalizar, no puedo solventar el problema y necesito a mis figuras de apego, quienes no me ayudan y me crean esa emoción tan intensa.
 
Cuando pensamos en todos los problemas que hemos tenido con nuestros padres durante nuestra vida, revivimos las emociones que vivíamos entonces de manera que sufrimos como si volviera a pasar. Percibimos un peligro constante.
 
Por eso es tan importante que los psicólogos y terapeutas ofrezcamos una nueva figura de apego con la que se puedan sentir seguros y protegidos, para aumentar su capacidad de mentalización y así encuentren las herramientas necesarias para solucionar los problemas que les traen a consulta.
 
 
 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Soy perfecto, el esclavo perfecto

Os invito a que leáis las siguientes frases a ver si os recuerdan a alguien (o incluso a vosotros mismos):
-           “Todo tiene que salir perfecto” (mejor todo bajo control, que la ambigüedad genera ansiedad)
-          “No me puedo permitir fallar” (¿a quién? ¿A uno mismo? O ¿a alguien concreto?)
-          “Esperaba más nota” (necesito más nota para que ese alguien me acepte)
-          “He sacado buena nota pero no me ha salido bien” (que no se me ocurra la idea de felicitarme por algo que es mi obligación)
-          “Déjame a mí, yo lo hago” (Porque yo lo hago mejor. Sin prepotencias, sin narcisismos, sólo para que salga perfecto)
-          “No voy a premiar a mi hijo porque estudie, es lo que tiene que hacer” (nada de premiar por cosas obvias, sólo castigos ante comportamientos negativos)
-          “No, no puedo salir, tengo muchas cosas que hacer” (todas menos dedicarme tiempo a mí mismo y quererme)
Y como estas expresiones, muchas otras con las que tenemos que lidiar socialmente por escuchárselas a amigos o familiares o peor aún, lidiar con nosotros mismos.
Muchas personas dedican un gran esfuerzo al trabajo o a los estudios. Al fin y al cabo, la sociedad actual premia este tipo de perfiles. Lo que diferencia a las personas perfeccionistas es la dificultad de equilibrar el tiempo de trabajo y el de ocio, dejando este último relegado el tiempo que haga falta. Pueden presentar dificultades a la hora de trabajar en grupo ya que la entrega de este tipo de personas es mucho mayor que la de cualquiera y puede causarles indignación o, en otros casos, un sobreesfuerzo por su parte en el trabajo (elegirán partes más difíciles, se encargarán de un porcentaje mayor del trabajo, revisarán la parte de sus compañeros para evaluar que todo está “bien”…). Además, puede costarles la idea de terminar un trabajo sin hacer los pertinentes “últimos” retoques que acaban siendo de todo menos “últimos”.
Pero esto… ¿por qué?
Algunos artículos explican que en el período en el que el niño intenta lograr su autonomía, algunos padres controladores pueden conseguir que sus hijos pierdan iniciativa a la vez que ganan prudencia mediante una actitud rígida y controladora. “No hagas esto, no pintes aquí, no molestes al abuelito, no atosigues a tu hermano, no, no, no…”. Así que el niño se queda con el “no” y “no” se puede permitir defraudar a las personas que más quiere. Y ¿cómo consigue no decepcionarles? Pensando como ellos, internalizando las normas que se le indican y haciéndolas propias de manera que, más adelante en la adolescencia o en la adultez, es la propia persona la que se culpabiliza a sí misma por fallarse pero, en realidad, está fallando a sus padres.
Esto podría explicar por qué algunas de estas personas sienten un profundo respeto exagerado hacia figuras de autoridad. Podrían estar proyectando a sus figuras paternas.
Además, es bastante frecuente escuchar a padres que premian a sus hijos sólo cuando obtienen reconocimiento académico, deportivo, etc. haciéndoles entender que no se les quiere por el mero hecho de ser sus hijos, sino por lo que consiguen.
Por otra parte, algunas personas sienten un elevado nivel de ansiedad ante situaciones ambiguas, abstractas y sin unas normas establecidas. A todo ser humano le agobia la incertidumbre. Pero, en algunos casos, los sentimientos de ineficacia o la mala habilidad para solucionar problemas puede hacer que este sentimiento negativo se haga todavía más grande. Sería otra posible causa de un estilo perfeccionista. La necesidad de no dejar un cabo suelto para tenerlo todo bajo control.
Y por último (en esta entrada del blog, ni mucho menos en este tema), existen padres que se centran en aspectos relacionados con el trabajo y demás obligaciones dejando a un lado la necesidad que tienen sus hijos de que sus padres les valoren. De ahí, que intenten por todos los medios llamar su atención (en este caso, positivamente) siendo los mejores en todo.  Un notable no será suficiente para captar su atención, un primer puesto en una carrera tampoco lo será por lo que podrían pensar que no lo hicieron bien a pesar de haber ganado. Es más fácil asumir que nunca lo hicieron lo suficientemente bien que aceptar que esa persona tan importante para ti no te valora hagas lo que hagas.
Por tanto… ¿Qué hay detrás del perfeccionismo de algunas personas? ¿El aprendizaje ante padres modelo muy exigentes? ¿La necesidad de tenerlo todo bajo control? ¿La sensación de que debemos ser los mejores para que quien nos importa nos valore?
Quizá es un buen momento para empatizar con esas personas o reflexionar sobre nuestra forma de actuar ;)
 
 

miércoles, 12 de febrero de 2014

A de Amor, A de Apego


Esta semana, algunas personas celebran el día de San Valentín. No entraré en el típico debate que supone esta fecha. Algunas personas los celebran, otras opinan que es consumismo, unos creen que es un buen día para decirle a las personas que le importan que les quiere y otros opinan que debes decirlo todos los días.
He decidido aprovechar esta fecha para hablar del amor, un tema que no había tratado desde el año 2010 en esta entrada  El amor ¿Es más importante lo biológico que lo social y lo cultural? .
Os invito a reflexionar sobre vuestra relación (si la tenéis) o sobre vuestra repetición de patrones en la búsqueda del amor.
Sternberg desarrolló una teoría llamada “Teoría Triangular del Amor” donde estableció tres componentes:
1.     Intimidad: Es el sentimiento de estar unido al ser amado. ¿Cómo se observa? Compartiendo actividades, posesiones, pensamientos y sentimientos; deseando que la otra persona sea feliz, siendo felices si estamos con él/ella…
2.      Pasión: Es el comportamiento sexual y de cercanía física.
3.     Compromiso: Es la decisión de querer mantener una relación a largo plazo con esa persona. El compromiso puede ser personal si nos sentimos atraídos por la otra persona y es una decisión interna de cada uno o moral si la decisión de estar con la otra persona se debe a “obligaciones” religiosas, económicas, hijos, etc.
A lo largo de una relación, esos tres componentes varían. Con el tiempo, la pasión disminuye pero la intimidad y el compromiso aumentan.
De la intimidad, la pasión y el compromiso pueden originarse 8 combinaciones distintas de amor ¿Cuál es el tuyo?

Y después de esta clasificación donde imagino que algunos habréis buscado dónde encajáis, ¿sabéis como influye el apego establecido con nuestra familia (por lo general) en edades tempranas a la hora de escoger pareja? Si queréis saber qué es el apego, podéis pinchar aquí.
Durante la infancia, nuestras figuras de apego suelen ser los padres, aunque también pueden aparecer figuras de referencia como los hermanos, primos, tíos… En la adolescencia, los padres siguen siendo nuestras figuras de apego principales y los amigos adquieren mayor importancia que el resto de los familiares. En la juventud, la pareja y los amigos se establecen al mismo nivel que los padres, quienes comienzan a sufrir un retroceso en esta jerarquía de apego. Y en la edad adulta es cuando la pareja estable pasa a ser la figura de apego principal.

¿Cómo nos comportamos con nuestra pareja dependiendo del apego que hayamos formado de niños?
Las personas con apego seguro creen en el amor y en su duración a largo plazo. Disfrutan de la intimidad, del compromiso y son capaces de solucionar conflictos ya que muestran empatía con su pareja, confían y son optimistas. Mantienen un equilibrio entre la autonomía y la interdependencia por lo que se sienten bien en ambas situaciones.   Disfrutan de sus relaciones sexuales dentro de una relación íntima a largo plazo y tienen una menor probabilidad de mantener relaciones sexuales fuera de su relación de pareja.
 
Las personas con apego inseguro evitativo minimizan el valor de las emociones y se centran en sus logros y el perfeccionismo como mecanismo de defensa. Las personas más escépticas con este tipo de apego pueden decir que niegan el amor, racionalizan sus relaciones y cuestionan la duración de éstas. Evitan el compromiso a largo plazo, pueden ser desconfiadas en las relaciones y basan sus relaciones en el juego para evitar implicarse emocionalmente. La frialdad que pueden mostrar estas personas a nivel emocional y de comportamiento (sin abrazos, sin palabras cariñosas…) y la necesidad de mantener sus sentimientos bajo control  pueden deberse a tácticas de evitación para que no juzguen su forma de actuar. Es posible que, estos aspectos más la falta de empatía con respecto a su pareja, desemboquen en una menor satisfacción y en un déficit para solucionar conflictos. Es lógico. Si no empatiza con la otra persona, no sabrá lo que pasa. Prefieren el sexo sin compromiso. Sienten terror ante el sexo como expresión de emoción. Más proclives a la promiscuidad, a mantener relaciones sexuales esporádicas, fantasías sexuales fuera de la pareja y valoración del sexo sin amor.

Las personas con apego inseguro ambivalente dudan de su propia valía y de la accesibilidad de su pareja. Muestran terror ante la idea de que su pareja les abandone y se vuelven ansiosos por miedo a que les rechacen (lo que les hace estar alerta a todo tipo de señales verbales, no verbales, etc.). Les puede ser fácil enamorarse pero estas personas afirman tener dificultad para encontrar el amor verdadero o alguien que se implique con la misma intensidad. Idealizan a sus parejas y muestran reacciones intensas como los celos, dependencia, preocupaciones obsesivas, altibajos emocionales y deseos de unión exclusiva. Una cantidad de emociones y pensamientos que se muestran muy rápido y de manera excesiva. Estas personas se sobreimplican y pueden llegar a forzar la intimidad. Pero, además, como tienden a buscar su propio cuidado, tampoco resulta eficaz y pueden entrar en juego aspectos como el chantaje emocional. Su conducta sexual está relacionada con la búsqueda de intimidad, pudiendo mantener relaciones sexuales como herramienta para conseguir aprobación, alejar su inseguridad y mantener a la pareja implicada. Aun así, muestran una mayor insatisfacción sexual, pues utilizan las relaciones sexuales para cubrir sus aspectos no resueltos del apego, sus inseguridades, así como sus pensamientos y sentimientos negativos. Si sus necesidades de seguridad no se satisfacen, es posible que no se sientan suficientemente queridos por su pareja. Si la relación se rompe, experimentarán un fuerte duelo aunque, más adelante, podrán encontrar otra pareja con la que sentir tanto como sienten.
 
Las personas con apego inseguro desorganizado muestras una combinación entre el evitativo y el ambivalente. Mostrando una actitud más alejada y por tanto, suponiendo mayor dificultad para formar un vínculo emocional para, más tarde cuando el vínculo está creado, poner en marcha esquemas de pensamiento, emociones y comportamiento típicos del apego inseguro ambivalente. Muestra una apariencia evitativa como mecanismo de defensa pero se implica en una relación de manera acaparadora para saciar su necesidad de aprobación y su miedo al abandono.
 
¿Y vosotros? ¿Cómo os comportáis con vuestra pareja? ¿Cómo os comportabais cuando la teníais? ¿Cómo os comportáis cuando os sentís atraídos por alguien?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La influencia del apego en las relaciones adultas

En una semana en la que  en ¿Te atreves? se está hablando de la influencia de la familia de origen en cada uno de nosotros, no podía faltar una entrada en el blog sobre la importancia del apego.
 
¿Qué es el apego? Es el vínculo que se crea entre las personas más significativas para uno mismo a partir de las relaciones que se establecen entre ambas partes. Las figuras de apego son las que te hacen crecer. Por eso, a pesar de que por lo general estas figuras suelen ser los padres, en algunos casos pueden ser otras personas tales como: el/a psicólogo/a, el/la profesor/a, un familiar cercano… La forma en que nos relacionamos con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. son el reflejo de las relaciones que mantuvimos durante la infancia. Es por esto junto a que el ser humano es un ser social, por lo que el apego influye de manera determinante en la personalidad del adulto.
 

Su objetivo es favorecer la supervivencia, manteniendo próximos y en contacto a las crías y a los progenitores. Su función es proporcionar seguridad emocional. Ante esas personas nos sentimos seguros, protegidos y con los recursos emocionales y sociales necesarios para nuestro bienestar.


¿Hay distintos tipos de apego? Efectivamente. El apego se ha clasificado en torno a cuatro tipos diferentes:

1.      Apego seguro: Se caracteriza por una figura de referencia que brinda las dos partes más importantes en el crecimiento de un niño. El increíble combo amor + límites. Ya que una educación basada únicamente en el amor generará muy probablemente hijos tiranos y una educación en la que sólo hay límites provocará en la mayoría de los casos hijos inseguros y deprimidos. El apego seguro se basa en una interacción madre-hijo recíproca y reforzante por ambas partes. Como consecuencia, los niños criados con este tipo de apego buscan el contacto y cariño de la madre y reducen el llanto cuando su madre (por lo general) está presente, pues ésta sabe calmarle en los momentos de estrés y tristeza.
 
2.      Apego inseguro evitativo: Este tipo de apego lo llevan a cabo personas que ignoran al niño o tienden a mantenerse al margen de sus necesidades generando un vínculo similar al de una persona extraña. Estos niños/as no muestran malestar cuando su figura de apego no está presente, pero sí cuando están solos. Suelen ser sociables con los extraños pero pueden ignorarlos como evitan a su figura de apego cuando regresa.
 
3.      Apego inseguro ambivalente: Los niños criados con un apego ambivalente han tenido momentos de crisis en los que su figura significativa no ha respondido con seguridad en todos los casos. Caracterizándose por una relación en la que a veces se ha actuado generando seguridad en el niño o niña y a veces se ha ignorado su situación o no se ha respondido de manera adecuada (estrés, cansancio, enfado…). Estos casos suelen suceder cuando las figuras de apego contaminan la relación con el estado de ánimo que tienen en ese momento concreto.
 
4.      Apego inseguro desorganizado: Es una combinación del apego evitativo y ambivalente. Un bebé con este apego llorará al separarse de su figura de apego pero cuando ésta regresa no queda finalizado el problema ya que puede mostrarse enfadado, triste o indeciso aun cuando están juntos de nuevo.
 
 
¿Y cómo influye el apego en nuestra personalidad adulta? De la misma manera que los niños escapan de objetos o situaciones amenazantes buscando a su padre o a su madre, los adultos reaccionamos de una determinada manera ante las situaciones de amenaza en nuestro día a día. Esta “determinada manera” está muy relacionada con nuestra forma de reaccionar en nuestros primeros años de vida. Podemos sentirnos tremendamente angustiados ante una separación o ante la pérdida de un ser querido (apego inseguro ambivalente), podemos sentirnos fríos sin suponer un cambio en nuestro estado de ánimo (apego inseguro evitativo) o tener un sentimiento de tristeza dentro de “una media” (apego seguro).
 
 
La influencia del apego en nuestra adultez se puede observar en nuestras relaciones de pareja o de amistad.


Si una persona ha tenido una figura de apego que se ha asustado cuando ha llorado o se ha alterado cuando se ha enfadado y, además, estás reacciones las ha alternado con conductas de cariño y seguridad, es muy probable que en sus relaciones adultas se encuentre en un estado de alerta buscando cualquier indicio de respuesta negativa en los demás e interpretándola como un rechazo.


Si una persona carece de un apego seguro, su necesidad de vinculación actual será muy intensa ya sea con su pareja o sus amigos. Mostrando una actitud de dependencia para evitar el abandono, llamando la atención para saciar ese vacío y protagonizando situaciones  aparentemente infantiles, pues es su niño interior el que está sintiendo.


Por otra parte, ¿habéis escuchado alguna vez a alguna persona decir que se siente solo entre un montón de gente? En este caso, es posible que se sienta sola porque a pesar de estar rodeada de gente, carece de una figura de apego que le genere seguridad.


Y en cuanto a la pareja, ¿conocéis a alguien que quiera mucho a una persona pero no se sienta capaz de mantener una relación con ella a pesar de necesitarlo desesperadamente? Esto nos recuerda a la definición previa del apego inseguro desorganizado donde el niño lloraba o se mostraba enfadado aun estando con la madre.


Estos son algunos de los comportamientos adultos que están relacionados con el apego que experimentamos en nuestra infancia. ¿Significa esto que por estar influidos por experiencias tempranas no podemos cambiarlo? Definitivamente NO. Para empezar, el mero hecho de concienciarnos de nuestra forma de relacionarnos a menudo inconsciente, ya supone un gran cambio en nosotros. Si estáis interesados en este tema os recomiendo leer a los grandes John Bowlby y Peter Fonagy. Si queréis trabajarlo de manera más profunda… nos vemos en terapia ;)