"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

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miércoles, 10 de junio de 2015

ANSIEDAD POR SEPARACIÓN: UNA VISIÓN DESDE EL APEGO INSEGURO

Todos hemos visto alguna vez a algún niño pequeño llorando desconsoladamente a las puertas del colegio y agarrado a su madre o a su padre negándose a entrar a clase. Posiblemente, ese niño tenga ansiedad por separarse de la persona con la que comparte un vínculo muy cercano. Es probable que ese niño o esa niña tenga ansiedad por separación.

Particularmente, no soy partidaria de imponer etiquetas a las personas que buscan ayuda profesional. Desde mi punto de vista, los nombres de “trastornos” (una palabra muy estigmatizada) sirven a los profesionales de la salud como guía para poner en marcha un tratamiento concreto. Las etiquetas son palabras que nos ayudan a resumir con compañeros de trabajo, no para describir a las personas que tenemos delante.

Aun así, he querido transcribir la siguiente información. El trastorno de ansiedad por separación consiste, según indica el DSM V, en:

“Miedo o ansiedad intensos persistentes relativos al hecho de tener que separarse de una persona con la que le une un vínculo estrecho y que se evidencia en un mínimo de tres manifestaciones clínicas centradas en preocupación, malestar psicológico subjetivo, rechazo a quedar solo en casa o desplazarse a otros lugares (escuela, trabajo, etc.) y/o presencia de pesadillas o síntomas físicos ante la separación de esas figuras de vinculación o su anticipación.”
Esta problemática se trabaja, sobre todo, por los psicólogos infantojuveniles. El tratamiento consiste, entre otros aspectos, en darle la seguridad necesaria al niño para exponerse a la situación temida poco a poco hasta llegar a normalizarla y poder enfrentarse a su día a día sin preocupación ni sentimientos negativos.

Pero, ¿qué pasaría si el tratamiento tuviera como foco principal el trabajo con los padres en lugar de trabajar principalmente con el menor?

Las personas necesitamos las relaciones y en una relación plena de contacto responsable, la persona desarrolla ese centro de seguridad que le permite explorar y crecer. Si el apego entre un niño y sus figuras parentales es adecuado, el niño podrá jugar y explorar alejándose de los padres sin necesidad de permanecer todo el rato junto a ellos. Sabrá que sus padres están aunque no los vea, sabe que aunque no estén en ese momento, siempre están.

Pero ¿y si la relación de apego entre el niño y sus padres es insegura? Bowlby y Ainsworth demostraron en sus investigaciones que, para que una relación de apego sea segura, no se necesita únicamente la proximidad de los padres hacia el niño. Es determinante la responsividad de su comportamiento. Los padres deben ser empáticos y sensibles ante las necesidades del niño y responder adecuadamente a ellas de forma continuada. 

Desde esta visión, la ansiedad por separación se da porque el niño interpreta que el padre o la madre es inaccesible, no responsivo/a o experimenta una ruptura en la comunicación mediante la negación de la palabra, amenazas de abandono (“te voy a mandar a un internado”, “te voy a dejar en el contenedor”, “me voy a ir y no voy a volver”), etc. Esta percepción hace que el menor active su sistema de apego mediante el llanto. Necesita que sus figuras parentales le salven de aquello que le atemoriza, de lo que percibe como amenaza. Pero si sus padres no le dan la seguridad que necesita en momentos determinados ¿Quién lo va a hacer? Esta sensación de no poder protegerse ante el peligro es la que provoca en ellos la angustia que, más tarde, demostrarán cada vez que se separen de su padre o de su madre. 

Estos miedos también se pueden experimentar en la adultez, ante el miedo y la vulnerabilidad a que la pareja o una amistad importante no esté disponible cuando lo necesitemos.

¿Cómo se puede trabajar la ansiedad por separación desde la perspectiva del apego?
·         Trabajar con los padres sobre sus estilos de apego (intrapersonal) y de comunicación (interpersonal).
·         Trabajar con los niños con estrategias centradas en la parte interpersonal.
·         Trabajar con el adulto que sufre por la separación accediendo a los patrones de apego que vivió cuando era pequeño, las emociones que ello conlleva y explorando las distorsiones defensivas que afectan en sus relaciones.



miércoles, 29 de enero de 2014

Terapia a adultos a través de sus hijos

Existe la terapia individual y en grupo. Para niños, adolescentes y adultos. Terapia por Skype o en consulta. Terapia con animales. Terapia familiar. Y así unas cuantas más.
Hay algunos profesionales que optan por trabajar en terapia con los padres para niños o adolescentes que se niegan a ir a un psicólogo o a un terapeuta. Por otra parte, hay problemas que, aunque los exterioricen los niños, se tratan con los padres por cómo se originan.
Pero también he visto lo contrario a lo anterior. Niños que acaban en consulta para que ayudemos a sus padres. No lo dicen, ni siquiera ellos lo saben, pero he podido comprobar cómo  la ansiedad por separación de una preadolescente se originó por el miedo de su madre ante una situación. O cómo das cita a unos padres para hablar de su hijo o hija y el tema principal (el objetivo de la sesión) ocupa sólo los 15 primeros minutos y el resto acaba siendo terapia individual para la persona que ha venido. 
 
En algunas ocasiones, cuando el hijo lleva un tiempo en terapia, la madre o el padre decide acudir al psicólogo de manera individual. Aceptan que algo no va bien y que no todo depende del niño o adolescente. En otros casos, el caso se enquista. Da igual el método, el tema, los objetivos, los avances y los retrocesos. No importa el esfuerzo que haga el psicólogo y el niño si el origen del problema no cambia. Y también hay otro grupo, el grupo en el que justo cuando las mejorías empiezan a ser visibles, los padres deciden acabar con la terapia de sus hijos. ¿De quién es el problema entonces? ¿Es la dificultad del niño para conseguir algo o la constancia del adulto?
 
Es muy difícil aceptar la realidad. La sinceridad supone ser maduro y valiente. Valiente para no derrumbarnos al verla y para estar dispuestos a superar nuestros puntos débiles.
 
Recordad que los niños son el reflejo de sus personas queridas más cercanas. Recordad que es posible que los niños o adolescentes tengan determinados problemas en los que queramos ayudar. Pero recordad también, que los adultos debemos estar igual de sanos como queremos que estén nuestros hijos. Sólo así conseguiremos criar a personas maduras, equilibradas y capaces de solventar las dificultades del día a día.