"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 21 de enero de 2015

9 Caminos para enriquecer tus relaciones

En la revista “Cuerpomente” de junio del 1998, la psicóloga y sexóloga Begoña Odriozola explicaba a los lectores los nueve caminos para acercarnos más a los demás. Esta semana os rescato parte de la información de ese artículo.
 
LOS NUEVE CAMINOS
1.     Escucha atentamente. Escucha sin pensar, al mismo tiempo, la respuesta que vas a dar. Sentirse escuchado y comprendido es una de las cosas que mejor nos hacen sentir con nosotros mismos y con los demás.
 
2.     Sé positivo. La felicidad personal y en las relaciones no depende de lo que ocurre sino de cómo lo vemos y lo vivimos nosotros. Acepta el reto de buscar lo positivo en cada cosa que hagas o que te ocurra.
 
3.     Acepta a los demás como son. Todas las personas son valiosas por el hecho de ser y existir, con sus defectos y sus virtudes. Si todos somos únicos, ¿por qué deberíamos ser distintos de quienes somos? Es frecuente que veamos en los demás aquello que, en el fondo, deseamos ver o buscamos (un reflejo de nuestras ilusiones, necesidades, etc.) en lugar de ver lo que simplemente es.
 
4.     No seas demasiado exigente. Sé benevolente contigo mismo como lo serías con tu mejor amigo. Nadie es perfecto y nada indica que vayas a ser la única persona en el mundo que lo sea, así que ¡relájate! Nada ni nadie va a hundirse porque hayas cometido un error. Si ha sido así, aprende la lección y sigue adelante. Tener esa actitud permite ser más tolerante y comprensivo con los fallos de los demás.
 
5.     Aprende a vivir el presente. Hay quien piensa que la felicidad absoluta no existe pero que podemos llegar a ser felices si aprendemos a disfrutar de los pequeños instantes que solo podemos encontrar en el presente. Poner atención en el presente es una manera de vivirlo con intensidad y es una oportunidad para aprender más de la experiencia. También nos permite ahuyentar la tristeza en la que caemos cuando nos preocupamos por algo del pasado que ya no podemos cambiar y la ansiedad por un futuro que no depende únicamente de nosotros mismos.
 
6.     Escucha tus emociones. Las emociones nos dan pistas muy interesantes para llegar a conocernos a nosotros mismos. Si logramos automotivarnos, relacionarnos con los demás adecuadamente y tener éxito en algunos ámbitos de nuestra vida, es gracias a nuestra capacidad para entender y canalizar nuestras emociones. Tener en cuenta las emociones nos ayudará a tomar decisiones de una manera más certera rechazando opciones racionalmente perfectas con las que emocionalmente no nos sentimos cómodos.
 
7.     Habla claro. Es necesario escuchar pero también expresar claramente nuestros deseos y lo que no nos gusta, tratando siempre de no herir al otro. Expresar nuestros sentimientos y puntos de vista es importante. Si no lo hacemos y tratamos de adaptarnos siempre a los demás, acumulamos mucho rencor y podríamos hacerle pagar a la otra persona por algo que no es consciente.
 
8.     Haz algo por los demás. Ayudar desinteresadamente a los demás permite dejar de sentirse el centro del mundo, enseña a ser menos egoísta y más tolerante. Ponerse en la piel de otra persona nos enriquece como personas y abre nuevas perspectivas para analizar y resolver problemas propios. Esto repercute en las relaciones con los demás porque, sobre todo, nos enseña a ver las cosas con mayor perspectiva y relativismo.
 
9.     Sé responsable de tu felicidad. No esperes que los demás te den lo que no tienes. Si tu felicidad depende de que alguien haga algo o sea distinto, estás poniendo tu vida en sus manos. Algunas claves para conseguirlo son:

·         Acéptate como eres
·         Respeta tus necesidades
·         Escucha tus emociones
·         Sigue una alimentación sana, ejercicio adecuado, descanso regular y combate el estrés
·         Vive el momento presente
·         Aprende a ver lo positivo de cada situación
·         Cultiva la amistad sincera


 
¿Cuántos caminos hacéis con los demás? ¿Cuáles? ¿Cuáles no hacéis?

miércoles, 14 de enero de 2015

“ES LO QUE HAY” Y “ME LA PELA”: Frases coloquiales que descifran razonamientos complejos

El tema de esta semana puede ser algo controvertido en su forma. ¿Qué hago? ¿Me decido a hablar de ello? No es una forma nada elegante pero es tan positivo… Pues eso, si es algo positivo para quien lo lea, qué más da que la forma sea coloquial, “ME LA PELA”. Y es que de frases como esa va esta entrada.
 
¿Cuántos de vosotrxs os preocupáis infinitamente por aspectos que no podéis controlar o que todavía no han ocurrido? ¿Quiénes reconocéis las frases que empiezan por: “Y si…” que nos llevan a esos miedos irracionales que tanto nos controlan? “¿Y si se enfada conmigo por decirle lo que pienso?” ¿”Y si nota que estoy enfadado con él/ella y me hace explicarle por qué?” “¿Y si no es esa persona la mejor para mí y puedo encontrar a alguien que me guste más?” “¿Y si deja de quererme por no estar al 100%?” “¿Y si se cansa de mí?” “¿Y si me abandona?”
 
Nos pasamos el día pensando y pensando para aumentar nuestra preocupación. Cuando tenemos un problema, pensamos como método para solucionarlo. Pero si ese pensamiento solo nos sirve para rumiar y rumiar sin llegar a ninguna solución, está cumpliendo otros posibles objetivos defensivos, pero nunca el de solucionar el problema.
 
Si a esta situación de estancamiento sin llegar a ningún lado, sumamos los efectos negativos que supone en nosotros: ansiedad, miedo, frustración, impotencia… podemos observar un combo perfecto para minar nuestra salud psicológica y física. Es entonces cuando pueden aparecen los problemas de sueño, los resfriados continuos, dolores de estómago, aftas, problemas de tensión, etc. Cuando no queremos dar salida a nuestros sentimientos ni darles solución, el cuerpo se preocupa por conseguir que eso ocurra. ¿No quieres que los demás sepan lo que te pasa? Ya se encargará tu cuerpo. ¿No quieres parar a ver qué ocurre porque no tienes tiempo o tienes otras prioridades? Ya intentará tu cuerpo, por todos los medios, que pares y te priorices.
 
Dejar de preocuparnos excesivamente es una tarea compleja. Seguramente, lo hemos hecho durante muchos años y, además, es el resultado de una necesidad que tuvimos de pequeños para sobrevivir y solucionar determinadas situaciones. ¿Cómo vamos ahora, después de tanto tiempo, a estar dispuestos a dejar atrás lo que nos ayudó en momentos críticos? Nuestra mente nos dirá: ¡No! ¡No lo hagas! ¡Estás locx! ¡Vas a sufrir!  Lo que nuestra mente basada en la experiencia, quizá no sepa, es que de adulto has elaborado otras herramientas para solucionar ese problema y que no necesitas preocuparte por controlar todo. Ya no necesitas controlar porque eres capaz de solventar lo que venga en el momento oportuno.
 
Para lidiar con la preocupación constante, se necesita mucho esfuerzo y repetición. Necesitas ser valiente para admitir que te dan miedo determinados sucesos. Necesitas ser sincero contigo mismx para descubrir que no es un problema del entorno sino que tú sientes que no eres capaz de sobrellevarlo y por eso lo ves como una amenaza. Y, una vez te has dado cuenta, precisas de mucho esfuerzo para repetir y repetir una nueva forma de verlo, como cuando aprendiste a escribir o a recitar las tablas de multiplicar.
 
¿Y cuál es esa nueva forma de verlo? Para ello, es conveniente comentar las preocupaciones que llamo “Top 10”.
 
Dos de las preocupaciones que nos ocupan gran parte del día se agrupan en dos apartados. 1. Las cosas que nos molestan de los demás o de nosotros mismos y no podemos cambiar. 2. La sensación de que vamos a hacer sentir mal a los demás o que los demás están molestos con nosotros por alguna razón.
 
1.      Las cosas que nos molestan y no podemos cambiar: Cuando queremos mejorar en algún aspecto podemos trabajar para mejorarlo y estar en continuo crecimiento. Pero otra opción, que no es incompatible y que me parece la base de la autoestima, es aceptar lo que somos y cómo somos. ¿Quieres aprender X conocimientos para saciar tu curiosidad y motivación? Adelante, aprende. Pero no aprendas porque si no lo sabes te consideras inculto/a, tonto/a o menospreciado/a por ti mismo/a. Primero, acepta que “ES LO QUE HAY” y que, eso que hay en ti, te hace ser igual de válido que los demás. Por el lado contrario, eso no significa que como “ES LO QUE HAY”, no queramos modificar nada de nosotros y nos estanquemos.

Esta frase también nos puede ayudar para aceptar que los demás no van a cambiar.
En nuestra mano está modificar lo que depende de nosotros, pero si una persona no quiere cambiar y sabes, que por más que hables con él/ella, la relación va a seguir igual, acepta que “ES LO QUE HAY”. ¿No quieres seguir manteniendo el contacto porque no es sano para ti? Dile adiós, no tienes por qué aguantar cosas que te hacen daño. ¿Te interesa esa relación aun con las dificultades? Adelante, sigue disfrutando. Pero, aceptar que “ES LO QUE HAY” es incompatible con la continua queja y esperanza de esa persona ideal que esperamos. Si sigues esperando un cambio que no va a suceder, es que no has aceptado que “ES LO QUE HAY”.
 
2.      Continua sensación de que vamos a dañar a los demás o que los demás están enfadados con nosotros: En algún momento concreto nos hemos sentido responsables(no culpables) de sentimientos negativos que hemos despertado en otras personas. Es normal, sano y denota preocupación por las personas que nos importan. El problema se da cuando esa preocupación se extrapola a situaciones de menos importancia o a personas que no nos aportan una relación íntima como, por ejemplo, la relación que estableces con un camarero durante la estancia en un restaurante. ¿Se habrá enfadado por no dejar propina? ¿Le molestará a mi vecino del 5º que no le haya saludado sin darme cuenta?
 
      Es aquí donde entra en juego la frase, posiblemente, más grosera pero proporcionalmente eficaz: “ME LA PELA”. Si sabemos que no hemos actuado con una intencionalidad negativa y otra persona se molesta desmesuradamente, es momento de decir “ME LA PELA”. Si hemos sido congruentes con nuestro pensamiento y, tras una discusión, notamos que la otra persona está intentando manipularnos emocionalmente, es el momento exacto de decir “ME LA PELA”. Incluso podemos añadir una frase racional antes de estas tres palabras. Un ejemplo sería: “Le he dicho que no puedo quedar hasta la semana que viene porque tenía otros compromisos que ya había cerrado anteriormente. Si tanto le urgía quedar conmigo hoy, podría haberme avisado antes. Yo también necesito planificarme. Además, se lo he explicado pero si no lo entiende “ME LA PELA””.
 
 
Con estas frases no se trata de dejar de crecer ni de convertirse en una persona cínica y egoísta en la que priman nuestras apetencias por encima de las de los demás. Estas frases, tan simples y tan coloquiales, son la consecuencia de mejorar nuestra autoestima (trabajo muy difícil) y, más tarde, de haber sido valientes para poner límites a los demás soportando los conflictos que eso conlleva.

miércoles, 7 de enero de 2015

Me siento obligadx a sentirme bien


¿Cuántos de vosotros respondéis “mal” a la pregunta: “¿Qué tal?”? La sociedad nos enseña, en muchas ocasiones sin ser consciente de ello, que debemos mostrar, únicamente, las cosas positivas de nuestra vida y de nosotros mismos. Me he encontrado en la situación de preguntarle a pacientes al inicio de la sesión: ¿Qué tal? Y decirme, bien. Y, más tarde, cambiar la pregunta a: ¿Qué tal en esta semana que no nos hemos visto? Y que cambiaran su respuesta a una más sincera como “Bueno, hay cosas buenas y también he tenido días bastante malos”.
Pero, ¿Qué pasaría si a quien preguntamos cómo se encuentra nos dijera que se encuentra mal y que no sabe qué hacer para afrontar su día a día? Pues, a nivel general y sin tener en cuenta la individualidad de las personas, es probable que no volviéramos a preguntarle nunca más por miedo a que nos respondiera lo mismo.
Durante años y años, generación tras generación, la sociedad nos ha invitado a no mostrar nuestras emociones negativas. Por esta razón, podemos escuchar en un entierro frases como “Ahora está en un mejor sitio” mientras que las personas que están sufriendo la pérdida no pueden mostrar su ira hacia la persona que lo dice porque, ese comentario, es algo socialmente aceptado por mucho que nos duela escucharlo y que, siendo sinceros, no es el mejor comentario para acompañar a alguien en su dolor.
Respecto a la pareja o al matrimonio, es algo más frecuente que las personas entiendan que, para algunas personas, es normal sentir miedo. Aun así, se suele resolver con un “eso es normal, a todos nos pasa” sin dar ninguna explicación de por qué es normal sentir miedo al compromiso. Posiblemente, porque no se sabe, nadie ha querido preguntárselo por miedo a saber la respuesta.
En cuanto a la decisión de tener un hijo, la presión social hacia las mujeres es más que notable. En ocasiones, se le pregunta cuándo va a tener un hijo hasta que por fin toma una decisión. Cuando una mujer está embarazada se le comunica lo maravilloso que es estar en estado pero pocas personas se atreven a hablar de los síntomas físicos que complican el día a día. Y, por fin, cuando el bebé ha nacido, se les presiona con consejos que, lejos de toda maldad, mellan en la recién madre que tiene que lidiar con el cansancio, la pérdida de las hormonas que tenía durante el embarazo, la sensación de incertidumbre que produce que tu hijo/a llore y no sepas por qué y, todo esto, con una baja paternal más que insuficiente que hace que tengas que cuidarte a ti misma y al bebé sin toda la ayuda que quisieras por parte de tu pareja.
Y, sin ir muy lejos, ¿cuántas personas han mitificado el momento de mantener la primera relación sexual? La sociedad nos hace entender que ese momento es algo mágico y que marcará el resto de nuestra vida. Pero, seamos sinceros, la probabilidad de que la primera relación sexual no sea algo excepcional es bastante alta por diversos motivos. La inseguridad de la edad con la que se mantiene, la poca experiencia, los nervios del momento, puede producirse dolor vaginal, la experiencia puede durar poco…
¿Qué consecuencias tiene esto? Más dolor. El no poder permitirnos sentir emociones negativas como el miedo, la tristeza, la ira, etc. lleva a sentirnos incomprendidos, a sentir que no estamos preparados para tomar determinadas decisiones y a sentir que somos egoístas y “malas personas” por no estar tan felices en determinadas situaciones. Incluso podemos llegar a no disfrutar de la felicidad pensando que debería ser aún mayor.
Y yo me pregunto… ¿No sería mejor enseñar a las personas a ser sinceras? ¿No sería más adecuado decirles la verdad y que, como en todo, cada proceso tiene cosas positivas y cosas negativas? Así, les enseñaríamos que tomar grandes decisiones conlleva responsabilidades. Les podríamos hacer ver que hay cosas en la vida que conllevan muchos riesgos pero que, con tenacidad y con una buena tolerancia a la frustración, los beneficios de esa decisión superan con creces cualquier coste que suponga. Podríamos enseñarles que si nos esforzamos en conseguir algo, obtendremos una felicidad totalmente proporcional al esfuerzo que le hemos dedicado.
¿No sería más adecuado, aunque sea más difícil, contar cómo nos sentimos realmente y estar dispuestos a escucharlo?

viernes, 2 de enero de 2015

¿Cómo te relacionas con tu/s mascota/s?


Hola a todxs. Ha empezado un año nuevo lleno de 365 días para motivarnos, divertirnos y aprender. En resumen, 365 oportunidades para seguir creciendo. Y, para seguir creciendo, necesito vuestra ayuda.

Conozco a muchas personas que no solo tienen mascotas, sino que sienten mucho amor hacia ellas. Además, algunos pacientes me confirman que sus mascotas les ayudan en los peores momentos y facilitan los avances terapéuticos. Es por esto por lo que he decidido hacer un cuestionario muy facilito y como primera criba para recoger información que, a mi parecer, puede ser interesante.

¿Quién se anima a hacer el cuestionario y hablarme de todo lo que su mascota le aporta o le aportó en un pasado?

Para quien quiera, al cuestionario se accede pinchando AQUÍ.


 

Nos vemos el próximo miércoles con la regularidad de siempre ;)


SOBRE MÍ





Psicóloga Mónica Blasco Cano

Alicante y alrededores

Terapia online por Skype
Número de colegiada: Col. CV – 11873

Licenciada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche.


Máster en Terapia Psicológica con Niños y Adolescentes por la misma universidad (UMH) de Elche.

202 Formación Avanzada de Análisis Transaccional en Gabinete Gabal Análisis Transaccional de Alicante.


Experiencia en psicoterapia a niños, adolescentes y adultos con amplio rango de dificultades:

-          Depresión y déficit de autoestima

-          Ansiedad (obsesiones, ataques de pánico, fobias…)

-          Inestabilidad emocional

-          Trastornos de Personalidad

-          Problemas de sueño

-          Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

-          Problemas de conducta

-          Acoso escolar

-          Déficit de Habilidades Sociales

-          Problemas de Rendimiento Académico

-          Dificultades en Técnicas de Estudio

-          Dificultades de aprendizaje (dislexia, discalculia...)



Entre otros…

Realización de charlas y talleres: Ver todas las actividades en http://homeostasiss.blogspot.com.es/2014/10/actividades.html


Disponibilidad de sesiones en: Alicante, San Vicente del Raspeig y a domicilio (Alicante, San Vicente del Raspeig, San Juan de Alicante y Muchamiel). También sesiones en español por Skype.

Puedes contactar conmigo por:

Télefono: 633368553



Mensaje privado en Facebook: http://www.facebook.com/MonicaBlascoAlicante  

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El poder de la escritura II

 
La semana pasada os hablé de los beneficios de la escritura terapéutica a nivel personal y terapéutico. Si no leísteis la entrada, podéis hacerlo pinchando aquí. Hoy, me centro en explicaros cuáles son los beneficios de la escritura terapéutica en la enseñanza y en la enfermedad.
 
La escritura se puede utilizar como recurso en la enseñanza. Los destinatarios ideales para este tipo de actividad son los alumnos de Secundaria y, en algunos casos, los del último ciclo de E. Primaria.
Los profesores no tienen únicamente la posibilidad de transmitir conocimientos a sus alumnos sino que también pueden favorecer que contacten con ellos mismos, se acepten, se valoren y descubran cuáles son sus recursos personales para afrontar sus problemas. Hay muchas estrategias diferentes que pueden conseguir estos objetivos y entre ellas se encuentra la escritura terapéutica.
¿Por qué es tan adecuada esta práctica en el aula? Porque, entre otras cosas, los alumnos están muy familiarizados con la escritura, los textos, la lectura, etc. y es una buena forma de que reflexionen, tomen perspectiva y aumenten su creatividad con un medio en el que se sienten seguros.
¿Cómo se pueden integrar los ejercicios de escritura terapéutica en el aula? En la clase de tutoría como medio para que los alumnos se conozcan a sí mismos y trabajen aspectos inconclusos de sus vidas o, en la clase de Lengua y Literatura para trabajar la escritura de textos poéticos y en prosa pero con un contenido que, además, trabaja a nivel interno.
 
 

La escritura también puede utilizarse como recurso en la enfermedad. La escritura ayuda en la curación tanto a nivel psicológico como físico. Cuando escribimos se activan los dos hemisferios cerebrales que, cuando se interrelacionan, ayudan a la regulación del sistema límbico y aumenta el equilibrio emocional.
James W. Pennebaker afirma que el hecho de guardar en nuestro interior hechos traumáticos o que nos suponen emociones negativas hace que sintamos un mayor nivel de estrés, lo que produce consecuencias negativas en nuestro cuerpo. Por tanto, partiendo de esta base, la liberación de esos pensamientos y hechos traumáticos reduciría el estrés disminuyendo el ritmo cardíaco y provocando cambios positivos en un gran número de leucocitos. De esta forma, el sistema inmunológico sería más eficaz y, por tanto, podríamos afrontar las infecciones con un mejor pronóstico.
¿Significa esto que la escritura terapéutica es capaz de curar enfermedades? No. No se puede utilizar como único método para mejorar psíquica y físicamente, pero sí es un buen complemento como tratamiento para la prevención y mejora de estados de salud.
 
¿Todo el mundo puede utilizar la escritura terapéutica para sentirse mejor? Sí. Como ya comenté la semana pasada, no es necesario ser Calderón de la Barca para trabajar con la escritura. Pero, no olvidemos, que sólo aquellas personas que estén dispuestas a emocionarse haciéndolo, serán las que puedan disfrutar de los efectos positivos de la escritura.
 
Si os interesa la escritura terapéutica podéis encontrar muchos ejercicios en el libro de Reyes Adorna, Practicando la escritura terapéutica.
 
 
 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El poder de la escritura I

Hoy os hablo de algo que me fascina y que he practicado desde siempre. Durante la infancia, para dar rienda suelta a mi imaginación. Durante la adolescencia, para desahogarme de todo ese caos que generaba la mezcla de hormonas y emociones intensas. Y, en la adultez, desde el conocimiento de que, llevarlo a cabo, supone muchas ventajas para aquél o aquella que lo quiere hacer. Os hablo de la escritura terapéutica.
 
 
 
 
Como las ventajas se dividen en diferentes ámbitos, hoy os explicaré en qué consiste la escritura terapéutica a nivel general, en el ámbito personal y en el contexto de sesiones terapéuticas. La próxima semana os comentaré cuáles son sus ventajas en la enseñanza y en la enfermedad.
La escritura favorece no sólo la creatividad sino también nuestro crecimiento como personas. La palabra escrita va más allá de nuestros pensamientos con un poder especial para la curación.
Nuestros pensamientos van muy rápidos, son espontáneos, desordenados, redundantes y pueden producirse ambigüedades y contradicciones además de irnos por las ramas y perder el objetivo que queríamos cumplir. A veces, puede interrumpirse un pensamiento por otro que llega con más fuerza y no ser conscientes hasta que llevamos un rato divagando sin llegar a ninguna conclusión.
Con la escritura, podemos manejar esos pensamientos más fácilmente, borrarlos, tacharlos, aumentar la concentración y hacernos más conscientes de lo que nos ocurre. El hecho de escribir nos obliga a pararnos, madurar nuestras ideas y organizarlas.
Además, tiene la ventaja de que sólo se necesita un cuaderno y un boli o, si se prefiere, un ordenador. Si se escoge escribir a mano, el nivel de personalización es mucho mayor. Se puede elegir un diseño de libreta que vaya con nuestro estilo, dibujar, personalizar la portada, etc. Y, con la libreta física, podemos escribir allá donde vayamos si la tenemos siempre con nosotros. Aun así, la persona tiene que escoger el medio en el que se sienta más cómoda.
Otra de las facilidades de la escritura terapéutica, es que no se necesita un momento y un lugar concreto para llevarlo a cabo. Se puede elegir cualquier sitio y cualquier hora que nos apetezca cada vez que vayamos a escribir. Puede haber ciertas excepciones en las que se deba escribir en momentos concretos si la escritura terapéutica se está llevando a cabo en el marco de un tratamiento psicológico profesional.
 
Escribir nos puede ayudar, a nivel personal, por tener en este medio a un amigo  ideal que siempre nos comprende y, muy importante, que nunca nos abandona. Siempre está ahí para cuando lo necesitamos. Pero, cuidado con nuestro nivel de perfección. No se trata de escribir el mejor relato de la historia o una poesía ganadora de un concurso. Si nos centramos en hacerlo perfectamente, no nos estaremos ayudando. Al contrario, ya que el peso de la perfección nos empujará hacia la frustración de no sentirnos capaces de hacerlo “adecuadamente” o “como debe ser”.  
Lo que importa no es la forma, sino la acción. El acto de escribir ya es terapéutico y tiene la particularidad de que, si la persona no lo desea, no tiene por qué enseñárselo a nadie. Si no hay presión externa ¿Por qué ponerla nosotros? En ese caso, más que ayudarnos, estaríamos provocando más dolor.
 
La escritura como recurso psicológico en consulta tiene sus inicios en el psicoanálisis a pesar de que, desde hace muchos siglos, tanto el escribir como el leer se consideran una forma de liberarse de todo el dolor excesivo buscando la paz y el desahogo. Desde sus comienzos, ha ganado más importancia en las terapias actuales porque tiene varios beneficios que ayudan en el proceso terapéutico:
-          Supone una participación activa del paciente aumentando su implicación en las tareas y disminuyendo la visión del terapeuta como protagonista por su poder de “curación”. La responsabilidad no recae en el psicólogo sino en el paciente que trabaja y pone en marcha las herramientas que el profesional le da.
-          Facilita la expresión de los sentimientos y emociones.
-          Disminuye la introspección excesiva. Al plasmar la idea en el papel, el paciente puede salir de su espiral de pensamientos y rumiaciones con las que, posiblemente, incremente su ansiedad y no le sirva para solucionar el problema que le preocupa.
-          Tomamos distancia de lo que pasa y esto nos ayuda a mirar las cosas desde otra perspectiva.
 
¿Os animáis a escribir para sentiros mejor? Si lo hacéis, espero que me contéis que tal os ha ido ;)
 
 
 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Este/a niño/a no me come nada


 
 
Este/a niño/a no me come nada” ¿Cuántas veces hemos escuchado o dicho esta frase? ¿Cuántas abuelas y cuántos abuelos se preocupan por si sus nietos se desnutren? ¡Con todo lo que les ha costado a ellos ganarse el pan para conseguir comida y ahora su nieto/a no quiere comer!
Lo mismo ocurre con algunos padres y madres que se preocupan porque sus hijos, a los que quieren con toda su alma, se encuentren perfectamente. Ante todo esto, es normal que las personas nos preocupemos por el estado de salud de nuestros seres queridos, y la comida es un factor muy importante para ese estado de salud que tanto nos importa.
Pero, antes de preocuparnos, es aconsejable que entendamos por qué razones puede no comer un/a niño/a. Entre los dos y los seis años casi todos los niños pasan por una etapa en la que se hace notable la inapetencia a la hora de comer. ¿Significa eso que están enfermos? En un principio, no. Si un/a niño/a recibe comida sana, saludable y con los nutrientes necesarios, estará sano aunque tome muy poca cantidad o incluso si algún día de forma aislada no come nada.
Y entonces, ¿cómo sé si ha comido lo suficiente? Para ello, es de gran ayuda apuntar durante una semana todo lo que come. Si no lo hacemos, es posible que si un día come menos de lo esperado, nos preocupemos y nos olvidemos de que los días anteriores ha comido perfectamente. De esta forma, al apuntarlo, basamos nuestra preocupación en datos objetivos y evitamos dejarnos llevar por la ansiedad que nos ha provocado el día en el que ha comido menos.
¿Qué podemos hacer si no quiere comer? Algo sencillo que puede suponer un gran esfuerzo para las personas a las que preocupa este tema. Tratar el tema con total normalidad. Ni insistir o castigar en el caso de que no coma, ni premiar en el caso de que sí lo haga. Si damos demasiada importancia al momento de la comida, el comer o no comer puede basarse en retos, demandas de atención, vinculación con momentos negativos, etc.
¿Cómo podemos facilitar que el niño o la niña coman mejor si sabemos que les resulta complicado hacerlo con normalidad?
 
·         Escribiendo un menú para toda la semana. Si el niño o la niña tiene más de dos años, el menú será igual para toda la familia. Si lo escribimos será más fácil que no se sucumba a la tentación de preparar otro plato del gusto de quien no quiere comer.
·         Comer siempre en el mismo lugar. Los niños necesitan rutinas y se encuentran mejor si siempre se sigue el mismo patrón.
·         Evitar distracciones durante la comida. Aunque poner la televisión puede sernos útil para conseguir que coma “sin darse cuenta”, estaremos consiguiendo lo que queremos únicamente a corto plazo. Si mañana no hay televisión o come en casa de los abuelos, en el colegio, o en cualquier otro lugar donde no se ponga el canal de televisión que le distrae, nos encontraremos el mismo problema de que no quiere comer ya que el tema no se ha solucionado, se ha aplazado para otro momento. Como distracciones también se entienden los cuentos, los juegos, los disfraces y demás actividades que los padres, con toda su buena voluntad, ponen en marcha con su creatividad al máximo nivel. Si hacemos que el niño o la niña se divierta tanto a la hora de comer, retrasará el final de este momento para que la función no acabe.
·         Limitar el tiempo. Poner un horario cerrado a la hora de comer. Si no siempre es posible empezar a la misma hora, establecer cuándo se acabará pasados X minutos. Como los niños pequeños no conciben muy bien el paso del tiempo, se les puede poner un reloj de agujas en la mesa o en la pared y especificarle que cuando la aguja llegue al número X, se habrá terminado el tiempo de comer. El tiempo estimado en el que un/a niño/a tarda en comer es de unos 30 minutos aproximadamente.
 
 
Uno de los aspectos más difíciles para todo familiar que intenta solventar este tema es entender que, a día de hoy y si las circunstancias económicas y sociales son las “normales”, ningún niño se ha muerto ni se va a morir de hambre. Si el niño o la niña no quiere comer y pasan los minutos establecidos previamente para estar en la mesa, no se le obliga a comer, ni se le insiste, ni se le da otra cosa, ni se le riñe, ni se le da atención por no haber comido. Se le puede informar de lo que sucederá si decide no comer. “Si no comes ahora sabes que no vas a comer hasta la hora de la merienda y quedan muchas horas para eso. Tú decides”. Más tarde, cuando todavía queden dos horas para que la merienda llegue (una merienda como siempre, no con más comida para paliar todo el hambre que tiene), su barriga le pedirá comida y se acordará de la decisión que tomó previamente a la hora de comer. Si es muy pequeño/a se le puede recordar que fue él/ella el/la que decidió estar tanto tiempo sin comer. Al principio se frustrará pero, con el paso de los días, aprenderá la lección por sí mismo/a.
Por último, es importante destacar que no acabaremos con esta situación porque un día pase hambre y lo recuerde el resto de su vida. Es necesario que los padres, tíos, abuelos o quienes compartan la hora de la comida con ellos, se armen de toda su paciencia y entiendan que es un cambio a largo plazo y, por tanto, se necesita perseverancia y congruencia en nuestros actos de forma mantenida en el tiempo.