"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Yo protejo lo que es mío



¿Alguna vez os habéis escuchado diciendo “Yo protejo lo que es mío”? ¿Habéis escuchado a alguien que lo diga? Son muchas las personas que sienten que deben proteger a las personas que les rodean y estiman. 

En un principio, proteger a las personas que queremos es totalmente sano, instintivo y lógico. Pero la frase que titula este post no indica que se quiera a alguien sino que alguien pertenece a otra persona.

Inconscientemente y lejos de lo que realmente queremos, estamos atando a esa persona a nosotros cuando, en realidad, lo que queremos es amarla y respetarla. Respetarla por lo que es y, aunque podamos no creerlo, las personas no son de nadie.

Si una persona es “mía” porque es mi pareja, estamos indicando que nos pertenece por el rol que representa para nosotros. Pero, por esa misma razón, esa persona sería de muchas otras puesto que los roles que se representan en la vida son más de los que solemos pensar en nuestro día a día. Todos somos hijos, hermanos, padres, primos, tíos, amigos, parejas, abuelos, nietos, compañeros de trabajo, jefes, mandos intermedios, conocidos… Si alguien es mío por ser mi pareja, ese alguien será de muchísimas más personas por ser su “algo”. El supermercado de nuestro barrio no es nuestro supermercado y la gasolinera que frecuento por cercanía no es mi gasolinera porque no hemos creado nosotros la empresa. 

De la misma manera, cada uno de nosotros no somos de nadie. Somos trozos de la vida de muchas personas pero no somos de la propiedad de nadie excepto de nosotros mismos. Yo soy mío, ni más, ni menos. Y como tal debemos actuar. Libres de toda coacción psicológica y física.

Por otra parte, las personas necesitamos crearnos una identidad para conocernos y saber cómo funcionamos. Para lograr una estabilidad. Y ¿cómo lo hacemos? Mediante los roles que representamos para los demás y la relación que tenemos con las personas y los objetos que poseemos. Saber de dónde venimos y quiénes somos nos hace ser conscientes de dónde estamos (mi ciudad, mi barrio, mi casa) y qué hacemos en nuestra vida (mi trabajo, mis estudios, mis aficiones).

Por tanto, ¿es una expresión que puede no significar nada y simplemente es un determinante “posesivo” sin problema alguno? Sí, puede. Pero también puede ser una pequeña muestra de una posesividad que nos puede hacer sufrir en determinadas ocasiones.



miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Eres de los que empollan o de los que aprenden?



Durante toda la vida, los roles en clase han sido siempre los mismos. El alumno que tiene muchos amigos, el que destaca por su faceta de deportista tanto dentro como fuera del colegio, el que suspende todo porque no trabaja, el que suspende aunque se esfuerza mucho y, cómo no, el alumno o alumna que saca muy buenas notas y luego se le olvida lo aprendido y la persona que estudia, aprende y retiene para su día a día.

En muchas ocasiones, el método de estudio que prima en los colegios e institutos es el de leer, repetir, aprender, “vomitar” en el examen y olvidar. ¿Para qué nos sirve esto? Para nada. ¿Por qué ocurre? Porque no se motiva a los estudiantes sino que se les enseña que deben aprender “porque sí, porque es lo que debe ser” tal y como un adulto podría justificar su opinión con un “porque lo dice tu padre/madre”.

A los niños se les enseñan cosas sin preguntarles previamente qué opinan ellos, cómo pueden averiguar determinadas cosas (pueden preguntar a los familiares, a los amigos, buscar en internet y en libros, ver si hay diferentes opiniones al respecto…). Las personas aprendemos cuando tenemos una necesidad. Si cuando somos bebés tenemos sed, señalamos el agua y los adultos nos la dan, aprenderemos que señalando, aun sin haber aprendido a hablar, conseguiremos saciar nuestra sed. Si para comprar chuches necesitamos saber cuánto cuestan, cuánto dinero llevar encima y si nos deben devolver, entonces aprenderemos que el cálculo mental es necesario en nuestra vida para resolver aquellos problemas que realmente nos importan cuando somos pequeños. Y para los adolescentes, es aconsejable que aprendan a planificar a largo plazo cómo van a ahorrar para comprarse el último modelo de Android que tanto quieren.

¿Este tipo de aprendizaje depende del colegio o de las familias? Del trabajo conjunto. En el colegio se puede aprender de esta forma en los cursos más básicos como Educación Infantil y Primaria. Ya en Secundaria, debido a la gran cantidad de contenido, es probable que muchos profesores se vean agobiados por la falta de tiempo. Por otro lado, no sirve de nada que los profesores intenten motivar a sus alumnos si en casa no fomentan la curiosidad y la autonomía de sus hijos. El adolescente que planificaba ahorrar para comprar su móvil puede no necesitar hacerlo si sus padres se lo compran todo sin ningún sacrificio para el menor. El alumno de Primaria que quiere aprender a comprar chuches él solo puede sentir que no necesita saber hacerlo con el pensamiento de “a mí es que me lo compran mis padres”.

Pero no solo los niños pueden aprender en lugar de empollar. También los adultos estamos a tiempo de aprender de verdad, de aprender significativamente. La vida está llena de aprendizajes continuos a nivel interpersonal, laboral y emocional.


¿Y tú? ¿Empollas o aprendes? ¿Ayudas a que los pequeños empollen o aprendan?




miércoles, 2 de septiembre de 2015

Psicóloga online – Terapia en español por Skype



En la actualidad, muchas personas han migrado a otros países por motivos económicos, laborales y personales. Ante las dificultades, necesitamos la ayuda de nuestros familiares y amigos y, si la problemática aumenta, podemos pedir ayuda profesional para solucionarlo. 

Soy consciente de que el lenguaje es muy complejo y si ya puede resultarnos complicado expresar nuestras emociones en nuestro idioma, nos puede resultar aún más difícil acudir a terapia en otro idioma a pesar del dominio que tengamos.

Pero ¿y si estamos fuera del país o el profesional que queremos no está en nuestra localidad? ¿Y si acceder a esa ayuda puede resultarme difícil por otros motivos como movilidad reducida, viajes continuos, agorafobia o, simplemente, me siento más seguro y cómodo en casa?

Por estas razones es por lo que he decidido abarcar otra forma de terapia. Todos tenemos derecho a recibir ayuda profesional y a sentirnos mejor. Como método para proporcionar facilidades a los demás, empiezo a hacer trabajo psicológico por Skype.

¿La terapia por Skype es menos eficaz que la terapia presencial? Según mi experiencia, se pueden conseguir mejoras en ambas terapias. Además, al haber contacto visual pero desde un lugar seguro, la persona puede sentirse igual o más cómoda que ante la terapia presencial. Una vez hablamos y nos centramos en el motivo de consulta, el hecho de que nos veamos a través de una pantalla deja de influir en la relación terapéutica. Prima el contenido de las sesiones.

¿Cuándo y cómo se puede concertar una cita? Para ello, es necesario mandarme un mail a m.blasco.cano@gmail.com donde os indicaré cuál es mi cuenta de Skype y el método de trabajo. También podréis introducir cuál es vuestro motivo de consulta. Os adelanto que el horario para las sesiones por Skype son los jueves de 16:00h a 20:00h y los viernes de 10:30h a 13:30h (hora española).

Si estáis interesados no dudéis en poneros en contacto conmigo. Recordad que, como dice esta frase: “Para obtener algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste”.