"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 5 de febrero de 2014

El rol del psicólogo en oncología

El pasado martes se celebró el Día Mundial Contra el Cáncer y, por ello, hoy os traigo un resumen de un artículo de http://blogdelcancer.blogspot.com.es donde nos explica cuál es el rol del psicólogo en oncología. Si queréis acceder al artículo entero podéis pinchar aquí.
El trabajo del psicooncólogo con el paciente está dirigido a proporcionar calidad de vida al paciente con cáncer y a su familia. Curiosamente, trabajar con el paciente con cáncer pareciera ser un sinónimo de trabajar con el cáncer y la muerte. Es cierto que la mortalidad es significativa, pero no todos mueren y lo más importante, ninguno de ellos está muerto cuando llega a manos del psicólogo. ¿Qué es lo que se trabaja?

Impacto diagnóstico: Se refiere a las reacciones que genera en el paciente el haber sido informado de que tiene cáncer. La más común es la crisis. Este estado se caracteriza por una verdadera perturbación emocional y por un completo desorden en el pensamiento que inhiben la posibilidad de generar estrategias de afrontamiento. En estos momentos, el paciente es lo suficientemente vulnerable y por ello, la ejecución del psicólogo resulta esencial para lograr el enganche del mismo a las posibilidades intervención.

Impacto pronóstico: Sin lugar a dudas, el temor más grande con el que se enfrenta el personal de la salud está determinado por el momento en que el paciente cuestiona acerca del tiempo que le queda por vivir. Las conductas evitativas gobiernan este tipo de situaciones provocando un alto sufrimiento en el paciente y su familia. Graves ideas irracionales se manejan alrededor del pronóstico de una enfermedad cuando éste es negativo. Frases como "Si ella llega a saber que tiene cáncer, se muere", pueden ilustrarlo. En realidad, no existe ninguna evidencia de que la verdad precipite la muerte (aunque debe haber siempre una evaluación psicológica previa del estado afectivo-emocional del paciente que permita descartar estados o trastornos depresivos y/o trastornos de ansiedad, su estado mental, etc.), pero sí existe aquella que demuestra que la conspiración del silencio (estrategias y esfuerzos del paciente y/o familiares y/o sanitarios destinados a evitar que alguna de las partes involucradas conozcan el diagnóstico y/o pronóstico de la enfermedad), incrementa los niveles de ansiedad y depresión en los pacientes, afectando significativamente, su calidad. De hecho, a medida que avanza la enfermedad, la conspiración del silencio suele ser multidireccional entre paciente, familia y sanitarios. El paciente tiene derecho a saber lo que está pasando y el médico, el deber de comunicárselo para hacer un verdadero equipo y afrontar la enfermedad adecuadamente.

Cuidados Paliativos: La oncología clínica se plantea unos objetivos: (1) Curar al paciente; (2) aumentar la supervivencia; (3) dilatar los intervalos libres de enfermedad; (4) mejorar la calidad de vida y aliviar los síntomas (González Barón, 1996). Sin embargo, cuando las alternativas se agotan y el primer objetivo no es posible, toda la lucha se dirige a lograr los demás, poniendo como pilar, el cuarto de ellos. Luego, la medicina paliativa no es antagónica a la actitud curativa, sino complementaria a ésta. Por ende, no es exclusiva del paciente terminal y por lo mismo debe romperse esa asociación directa a esta situación. Así que el papel del psicólogo a este nivel está encaminado a detectar y suplir las necesidades psicológicas de la persona cuya condición física no admite ser curada y proporcionar tratamiento afectivo emocional, desarrollando y manteniendo habilidades que le permitan trabajar por un buen vivir y eventualmente, por un buen morir a través de la elaboración del duelo.

Manejo del dolor por cáncer: El dolor es, sin duda, el síntoma más temido por el enfermo oncológico, su familia y el equipo de salud. Debe aclararse que no es exclusivo de la etapa terminal, pero que realmente sí produce un significativo deterioro físico y psicológico en el paciente, llevándolo a presentar respuestas atípicas (en relación con el comportamiento del paciente oncológico) como irritabilidad y disminución en la comunicación. Independientemente de que el dolor por cáncer tenga un origen eminentemente biológico, no puede obviarse la dimensión subjetiva que lo caracteriza y la influencia de las diferencias individuales sobre su percepción.
Acompañamiento al paciente terminal: El trabajo con pacientes terminales ha sido uno de los grandes puntos de referencia del rol del psicólogo en oncología. Hay que partir del hecho de que no se trata de una obra de caridad, que el trabajo del psicólogo es esencial en esta fase de la enfermedad porque es él quien ha tenido la preparación suficiente para abordar, de manera profesional, las diferentes consecuencias psicológicas que conlleva el hecho de enfrentarse a la muerte.
Casos especiales: Existen tres subpoblaciones entre los pacientes con cáncer que han sido descritas como especiales por sus características: Los niños, las personas con SIDA y los supervivientes del cáncer. En realidad, los motivos por los cuales desde la psicooncología se denominan como poblaciones especiales, radica en las características particulares de su comportamiento: (1) Los niños por la comprensión de la enfermedad que está determinada por su edad y por los efectos que ejerce sobre su comportamiento el comportamiento de sus padres, amigos y allegados y el mismo personal sanitario, entre otros. (2) Las personas con SIDA que desarrollan cáncer, por las diferentes variables psicosociales que afectan su comportamiento y por las consecuencias neuropsiquiátricas que implica la enfermedad y que hace que la intervención psicológica sea completamente distinta a la del paciente con cáncer. (3) Los supervivientes del cáncer, porque deben aprender a vivir con el recuerdo y el temor de posibles recaídas, porque en muchas ocasiones han perdido el rol social que tenían, porque muchas veces deberán rehabilitarse de posibles amputaciones, cirugías y secuelas irreversibles del tratamiento.

miércoles, 29 de enero de 2014

Terapia a adultos a través de sus hijos

Existe la terapia individual y en grupo. Para niños, adolescentes y adultos. Terapia por Skype o en consulta. Terapia con animales. Terapia familiar. Y así unas cuantas más.
Hay algunos profesionales que optan por trabajar en terapia con los padres para niños o adolescentes que se niegan a ir a un psicólogo o a un terapeuta. Por otra parte, hay problemas que, aunque los exterioricen los niños, se tratan con los padres por cómo se originan.
Pero también he visto lo contrario a lo anterior. Niños que acaban en consulta para que ayudemos a sus padres. No lo dicen, ni siquiera ellos lo saben, pero he podido comprobar cómo  la ansiedad por separación de una preadolescente se originó por el miedo de su madre ante una situación. O cómo das cita a unos padres para hablar de su hijo o hija y el tema principal (el objetivo de la sesión) ocupa sólo los 15 primeros minutos y el resto acaba siendo terapia individual para la persona que ha venido. 
 
En algunas ocasiones, cuando el hijo lleva un tiempo en terapia, la madre o el padre decide acudir al psicólogo de manera individual. Aceptan que algo no va bien y que no todo depende del niño o adolescente. En otros casos, el caso se enquista. Da igual el método, el tema, los objetivos, los avances y los retrocesos. No importa el esfuerzo que haga el psicólogo y el niño si el origen del problema no cambia. Y también hay otro grupo, el grupo en el que justo cuando las mejorías empiezan a ser visibles, los padres deciden acabar con la terapia de sus hijos. ¿De quién es el problema entonces? ¿Es la dificultad del niño para conseguir algo o la constancia del adulto?
 
Es muy difícil aceptar la realidad. La sinceridad supone ser maduro y valiente. Valiente para no derrumbarnos al verla y para estar dispuestos a superar nuestros puntos débiles.
 
Recordad que los niños son el reflejo de sus personas queridas más cercanas. Recordad que es posible que los niños o adolescentes tengan determinados problemas en los que queramos ayudar. Pero recordad también, que los adultos debemos estar igual de sanos como queremos que estén nuestros hijos. Sólo así conseguiremos criar a personas maduras, equilibradas y capaces de solventar las dificultades del día a día.
 
 

 

miércoles, 22 de enero de 2014

No me hables que no te veo

Este martes colgaba en la  página de Facebook un artículo muy interesante de Eduard Punset en el que hablaba de lo mucho que hablamos las personas y lo poco que escuchamos. Un fragmento de su artículo dice así:
“Aquí, casi todo el mundo tiende a explicar las razones por las que merecería estar en los altares; los argumentos esgrimidos frente a los que no quieren escuchar nuestro discurso […] Muy pocos quieren, por el contrario, escuchar a los demás. Éste es un país en donde no interesa lo que piensan los otros porque lo único que cuenta es aquello de lo que uno está convencido.”
 
¿Habéis sentido alguna vez que la persona con la que intentáis hablar siempre consigue que el tema que has iniciado acabe siendo alguna experiencia suya? ¿Conocéis a alguien que acapara las conversaciones y realiza monólogos a pesar de que los demás no le sigan preguntando? Quizá os ha ocurrido que mientras intentáis contar una cosa, la misma persona os interrumpe una y otra vez. Seguro que sí.

Esas personas no escuchan porque, simplemente, no les importa lo que vayas a contar. Pero hay personas que no sólo no escuchan sino que hablan, hablan mucho y de ellos mismos (de su infancia, de conocidos suyos que están en la misma situación, de que “justo eso me pasó hace unos días”… y así muchísimos temas más, siempre y cuando sean ellos los protagonistas de la historia). Son presos de su propio narcisismo y, por tanto, ni siquiera son conscientes de que es observable para su interlocutor que lo que le está contando no le interesa.

Por el contrario, seguro que también os habéis topado con ese tipo de personas con los que os sentís muy bien. Tanto como para contarle cosas que no creeríais que fuerais a decir. Esas personas con las que podéis hablar y hablar sin sentiros pesados ni juzgados. Seguramente, esas personas practican la escucha activa. No hace falta ser un profesional de la comunicación para escuchar activamente. Para ello, sólo es necesario tener en cuenta algunos principios básicos que, en muchos casos, son inherentes a cada una de las personas.

Lo primero de todo es tener una actitud positiva, o lo que es lo mismo, que os apetezca escuchar a esa persona en ese momento. Ni más, ni menos. Lo siguiente (algo más difícil para algunos) es alejarse de las propias opinones, emociones y, muy importante, de los prejuicios. Si estamos pensando en “la tontería que acaba de decir este tío”, difícilmente podremos escucharle con atención. Otro aspecto muy importante es la empatía. Al entender cómo ve el interlocutor el tema del que está hablando podremos captar con más detalle diferentes opiniones y perspectivas. Además, si somos capaces de empatizar con el otro, estaremos alejándonos de nuestro narcisismo durante ese momento. Y, por último, si queréis que vuestro interlocutor sepa que le estáis escuchando, no tenéis más que mirarle. Mirar es escuchar la comunicación no verbal. Por tanto, si escuchamos y miramos, estaremos escuchando al 100%.
 
Como se puede observar, escuchar activamente está al alcance de toda persona humana. “Solamente” hemos de querer hacerlo y eso… eso sí que es más difícil.
 
 
 

miércoles, 15 de enero de 2014

¿Voy a tener un hermano? ¡Me niego!


En la familia, la rivalidad entre los hermanos por conseguir el afecto y la atención de los padres, suele ser el principal motivo de los celos. Las disputas entre hermanos son algo natural y muchas veces inevitable. En toda relación de hermanos convive una mezcla de sentimientos agresivos y de amor y, a medida que se hacen mayores, la rivalidad se supera dando paso a una mayor unión siempre y cuando los padres actúen correctamente. A pesar de que los celos sean algo relativamente normal, hemos de prestarle atención si alteran la convivencia y el desarrollo normal del niño o si son persistentes. Es por esto que esta semana dedico el blog al tratamiento de este tema.
Para empezar y puesto que la información visual es de gran ayuda, os dejo un video introductorio donde se define, a grandes rasgos, qué son los celos infantiles, sus síntomas y cómo abordarlos.

 

 ¿Qué hacer para prevenir los celos? Generar un clima familiar positivo es de vital importancia para que resulte más fácil solventar los conflictos que se pueden generar. ¿Cómo?

-          Compartiendo las responsabilidades diarias
 

-          Promoviendo juegos donde todos tomen parte

-          Favoreciendo la comunicación familiar (EJ: sobremesas)

-          Evitando las comparaciones entre hermanos

-          No mostrando favoritismo por alguno de los hijos

-          Dedicándole a cada hijo la misma cantidad de tiempo en la medida que sea posible

-          Educando con afecto y límites: Es necesaria la combinación de ambas cosas para darles seguridad.

 
¿Qué hacemos cuando hay una pelea entre hermanos? Lo primero de todo es mantener la calma, los padres son figuras de seguridad para sus hijos y ver cómo los adultos no saben reaccionar tranquilamente aumentará su estado de ansiedad. Otro punto muy importante es el de no intervenir en la pelea. Es conveniente que ellos solos arreglen su diferencia de opiniones. Esto les ayudará a desenvolverse fuera de casa. Además, si los padres no estaban presentes durante el comienzo del conflicto, no sabrán quien empezó. Es posible que sólo alcancen a ver la acción de un hijo y se le castigue por ello cuando quizá empezó el otro hermano de manera más sutil.
En el caso de que sea necesaria la intervención, los padres han de ser justos, escuchar las dos versiones y no hipotetizar sobre quién pudo empezar. Y si se presentan rabietas, es aconsejable actuar con tranquilidad retirando la atención comunicándole que se hablará con él sólo cuando se haya calmado.
Es importante no tratar a los hermanos por igual, tienen distintos gustos y necesidades y es conveniente que sean conscientes de ello. Pero, que no sean iguales, no significa dar más cuidados o pasar más tiempo con uno de ellos.
 
¿Qué hacer con el hijo celoso?

-          Hacerle partícipe en los cuidados del hermano
 
-          Reconocer todos los éxitos del niño

-          Prestarle atención y hacer que lo hagan los demás familiares y amigos (que no se centren sólo en uno de ellos)

-          Dedicarle un tiempo exclusivo durante 5-10 minutos/día en el momento adecuado

-          Recordarle las ventajas de ser el mayor (en el caso de que así lo fuera), que no sean sólo responsabilidades

-          Evitar las etiquetas “eres un celoso”

-          Enseñar a compartir sus cosas y respetar las del hermano

-          Recordar anécdotas familiares le ayudará a sentirse querido
 


Y como he dicho al principio de la entrada, los celos son algo normal en la vida de todo niño y por tanto no conviene dramatizar. Pero, a pesar de ser algo normal, es aconsejable estar alerta ante los comportamientos celosos para evitar problemas posteriores.
 

miércoles, 8 de enero de 2014

Nuestros amigos peludos

El Presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, Anibal Vallejo Rendón, escribió un artículo donde explicaba que hace 160 millones de años se desarrollaron las aves, los perros y los gatos mientras que el ser humano no surgió de los primates hasta hace cinco millones de años aproximadamente. Sabiendo esto, es normal que los humanos no puedan vivir sin los animales o sin las plantas. Además, las personas que tienen una mascota padecen menos estrés y tienen la tensión más baja que los que no tienen. Incluso el mero hecho de observar pasivamente a los animales puede llegar a reducir la tensión, el miedo y la depresión.
 
¿Por qué son tan importantes los animales en nuestra vida y en especial en la de los niños y adolescentes? Porque los animales de compañía se comportan de manera equilibrada, alegre, sensible, atenta y cariñosa y porque fomentan el desarrollo de la responsabilidad y la autonomía. Además, para los adolescentes pueden suponer una figura de comprensión familiar en contraposición al distanciamiento que experimentan con sus figuras paternas, actuando como estabilizadores del ánimo. Si han tenido un mal día en clase, saben que su mascota vendrá a saludarle nada más llegar a casa. Si se ha peleado con algún/a amigo/a o le han hecho una broma pesada, podrá olvidarlo jugando con ella. Si están tristes, pueden pensar en anécdotas divertidas animal-dueño o contárselo puesto que ayuda a la verbalización y nunca juzga.

 
¿Qué nos pasa cuando nuestro animal de compañía fallece? Psicólogos de la Universidad de Nuevo México (EEUU) afirman que las personas experimentamos la muerte, pérdida o robo de un animal con la misma intensidad que la muerte de una persona pudiendo llegar a seis o más meses de dolor por la pérdida, en ocasiones, traumática.
Cuando un ser querido muere, es totalmente comprensible sentir tristeza, expresar dolor y esperar que los amigos y familiares comprendan la situación generando una red de apoyo. Por tanto, puesto que los animales de compañía también son seres queridos, ¿Por qué debería ser diferente?
 
El vínculo creado entre la persona y el animal se crea, en la mayoría de los casos, con apoyo, amor y lealtad. La mascota y su dueño forman parte de sus vidas mutuamente. Las mascotas siempre están presentes en los momentos de las personas, tanto buenos como malos. Y es en este último grupo de momentos en los que algunas personas desaparecen pero el animal siempre se queda fortaleciendo aún más el vínculo. Por la otra parte, las personas que deciden tener mascotas los cuidan, los crían, les dan de comer, satisfacen sus necesidades fisiológicas básicas y las no tan básicas (juegan, duermen juntos, ven la televisión, se hablan, se abrazan…).
Por desgracia, la pérdida de una mascota y su consiguiente dolor no es algo socialmente aceptado al 100%. Hay personas que juzgan estos sentimientos opinando que el dolor es inapropiado. ¿Entonces? ¿Qué pasa si me siento triste por la pérdida de un ser querido diferente a mí? (al fin y al cabo, las mascotas son eso ¿no?).
Lo primero de todo es permitirnos sentirlo. Permitirnos sentirnos tristes y echarle de menos, hacer el duelo y expresar esos sentimientos. Es bien sabido que la palabra ayuda en la sanación. Verbalizar esos sentimientos desahoga y cuando nos desahogamos el cerebro queda liberado para poder buscar ganas de superarlo. Para verbalizarlo es aconsejable buscar un interlocutor que nos escuche activamente y con comprensión. No hay consejos para ciertos temas, no hay recetas mágicas. Sólo escucha activa. Otra forma de desahogarnos y expresar estos sentimientos es la de escribir lo que nos pasa y cómo nos sentimos y luego romperlo o  tirarlo ya que volver a leer esos textos puede conectarnos con el dolor y provocar el efecto contrario.
¿Cómo actuamos con las personas mayores que sólo tenían la compañía de esa mascota y ya no está? La compañía de los familiares y amigos es muy importante tanto para acolchar el sentimiento de dolor como para reducir la situación de compañía constante de la mascota hacia la soledad diaria tras su muerte. Y repito, no es momento de consejos y de salvaciones, es momento de acompañar, escuchar y comprender.
¿Cómo explicamos a los niños/as que su mascota ha muerto? Con delicadeza, dando las explicaciones necesarias y suficientes para su desarrollo dependiendo de su edad. No es necesario darle muchas vueltas pero es del todo contraproducente mentirles. Decirles que su mascota se escapó puede parecer una estrategia de protección pero eso sólo supondrá que vivan con la fantasía de que algún día volverá, haciéndole daño durante más tiempo. Que los adultos expresen lo que sienten puede ayudarles a elaborar sus propios sentimientos. Es un trámite duro pero es real y, por tanto, es importante que lo afronten.


Para terminar, hay estudios que demuestran que los niños que tienen animales de compañía son más equilibrados, resistentes y tolerantes que los que no lo tienen y aprenden a relacionarse con mayor eficiencia así como a asumir responsabilidades.
 
¿Y tú? ¿Tienes una mascota? ¿Cómo te relacionas con ella? ¿Cómo crees que ha influido en ti?
 
 
 
 

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Has vividido el 2013 o el 2013 te ha vivido a ti?


Durante estas fechas he decidido cogerme unas vacaciones de dos semanas. Pero aun así, no podía pasar este día sin actualizar. Hoy es un día perfecto para hacer un resumen de todo lo que nos ha ocurrido en el 2013. Un resumen con forma de lista, redactado, con esquema, con dibujos… ¡da igual!

Es el último día del año y es un buen momento para dedicarnos un tiempo a nosotros mismos y observar. Observar lo que hemos hecho, lo que hemos logrado, dónde nos hemos atascado y si hemos sabido solucionarlo o lo hemos intentado. Evaluaciones como éstas nos permiten crecer, evolucionar, aprender, mejorar…

Volveré la semana que viene con la misma energía que en el 2013 (porque más, es imposible).

Hasta entonces, os lanzo una pequeña gran pregunta:

 

¿Habéis vivido?

 

Y como regalo de Reyes adelantado, os dejo este video a partir del minuto 6.00. Si os sabe a poco, tenéis la película entera en youtube y el libro en las librerías ;).

 

 


¡FELIZ FIN DE AÑO Y COMIENZO DEL 2014!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Sí, te entiendo. Yo también sufro la crisis

Dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales, los años que llevamos inmersos en una crisis de la que no salimos y viendo como las personas que pueden realizar cambios en el país ignoran las propuestas de sus ciudadanos, los españoles estamos sumidos en un estado de indefensión aprendida como nunca antes había visto tan generalizado. La indefensión aprendida consiste en ser pasivo, en no actuar ante una situación desagradable por la sensación subjetiva de que no se puede hacer nada para cambiarla. ¿Hay alguna ejemplificación más real que la vivida en España? Subidas de impuestos que no cesan, políticos que no hacen nada bueno pero se quejan como niños en el parlamento, leyes para evitar las manifestaciones, recogidas de firmas que se ignoran, políticos que roban pero están en la calle, violadores que salen de las cárceles, personas que han sido despedidas, gente en el paro que se queda sin ayudas…
 
Estamos en una época en la que muchas personas optan por el mecanismo de defensa de la evitación. Yo me hago creer que a mí no me importa esta situación y mi única ilusión es salir de fiesta, beber y jugar a la consola o al ordenador. Disminuyo mis motivaciones a la total pasividad del zapping televisivo y paso los días sin pena ni gloria. Más vale ser apático que deprimirme por la situación que me ha tocado.

Por otra parte, se encuentran las personas motivadas, con ilusiones y con ganas de hacer muchas cosas: estudiar, trabajar, montar una empresa, ser contratado, investigar… Pero para mantener esta motivación durante un largo periodo de tiempo hace falta ser muy constante y muy valiente. Nos encontramos en una situación en la que el exterior no premia por el esfuerzo. Estas personas motivadas lo intentan cada día y no reciben reconocimiento, ni clientes, ni contratos, ni dinero… Empieza una lucha entre la empatía por entender la causa de la situación que cada uno está viviendo VS la frustración por no obtener resultados a pesar del mejor esfuerzo.
 
¿Y qué podemos hacer ante esto? Entenderlo. Entender que es lo que nos ha tocado vivir y tenemos que seguir viviendo a pesar de las circunstancias. ¿Es una cabronada? Sí. ¿Tenemos la culpa a nivel individual? No. Por tanto, es normal que nos cabreemos, es normal que nos entristezcamos y que tengamos algún berrinche, pero anclarnos en esas emociones no cambiará nada y nos costará todavía más esfuerzo vivir.
 
Lo que propongo es una alternativa más valiente que la evitación o la melancolía enquistada. Propongo que nos aferremos al disfrute de la vida pensando por qué cosas o qué personas merece la pena vivir la vida. DemostrarNOS todo lo que sabemos hacer con nuestra mágica motivación hasta en estos tiempos, disfrutar de cada día con las personas que más queremos, retomar hobbies que dejamos olvidados por una vida llena de estudios u horarios laborales incompatibles con toda vida humana. Dar a los hijos todo el amor y comprensión que necesitan, olvidémonos de la idea de que los hijos necesitan cosas materiales para ser felices, necesitan amor y eso no se compra con dinero. Busca, busca todo lo que quieras llegar a conseguir sin excusarte en la dificultad para realizarlo. No hay nada más gratificante en la vida que quererse a uno mismo y valorarse, y eso se consigue sin necesidad de que culmine en un final apoteósico. Y por último, sé valiente. Sé valiente y permítete llorar o patalear cuando sea necesario pero que sea como vía para vaciar el vaso y poder empezar de nuevo.
 
Estamos juntos en esto. Nos entendemos y nos comprendemos.
 
Pero la decisión de VIVIR depende de uno mismo.

 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mamá, papá ¿Existen Papá Nöel y los Reyes Magos?

Llega un día en el que los peques de la casa empiezan a dudar de esa magia tan intensa como es la existencia de Papá Nöel o los Reyes Magos. Estas dudas suelen ir desencadenadas por el carácter investigador de cada niño y porque un compañero o compañera de clase le ha dicho que no existen. La franja de edad depende de la evolución de cada niño. Pueden surgir preguntas de los 4 a los 6 años pero no es hasta los 6 a los 8 años cuando empiezan a estar preparados para entender que los Reyes Magos no son reales. Aun así, es normal que no lancen dudas hasta que son más mayores (entre 8 y 11 años). Una de las posibles causas es el miedo a que si descubren que no existen los Reyes Magos, se quedan sin regalos en Navidad. Es por esto, por lo que hay que tener mucho tacto a la hora de darles la noticia.
 
¿Qué pasa si nuestro/a hijo/a se hace mayor y sigue creyendo realmente en los Reyes Magos? ¿Se lo decimos? ¿No se lo decimos? Hay personas que opinan que a partir de los 11 años es aconsejable decírselo a pesar de que no presenten dudas. Por mi parte, soy de la opinión de que es positivo mantener la ilusión mientras sea posible. Ilusionarles no es mentirles. Y, en el caso de que alguien piense certeramente que se les está mintiendo, ¿por qué es diferente “mentirle” a los 2 años y a los 8? Como ya he dicho anteriormente, nuestros hijos se enterarán por muchas razones: compañeros de clase, uso del razonamiento aunque sea inmaduro, búsqueda de pistas… Por eso, debemos esperar a que nos lancen la fatídica pregunta, eso será síntoma de que están preparados para saberlo.
 
Y como los niños son impredecibles, nos pueden preguntar por la existencia de estos cuatro personajes en cualquier momento. ¿Hay alguna fecha especial para decírselo? No, pero hay una fecha que es la menos indiciada para explicarlo: La Navidad. Es una época en la que el niño o la niña todavía tienen la ilusión y son fechas muy cercanas para poder aceptar que no es lo que pensaba. Necesita un tiempo para poder macerar esa idea en la cabeza, darle forma e ir integrándola en su vida.
 
¿Y qué pasa si me lo pregunta justo en Navidad o un poquito antes? ¿Le miento? Lo ideal es responder a su pregunta con otras preguntas que fomenten su razonamiento propio. Por qué dices eso, tú qué crees… Y si, si nos pone ante las cuerdas y en estas fechas tan señaladas, le mentiría. Esta decisión es muy personal, cada uno debe hacer lo que crea correcto y considere mejor para su hijo/a. Pero esa contestación puede estar justificada con la siguiente carta que cuento a continuación.
 
Una vez ha pasado la Navidad, creemos que ya están preparados para saberlo, etc. podemos enviarles una carta por correo postal a nuestro/a hijo/a donde se explica de una manera muy bonita la verdad sobre los Reyes Magos. Puede personalizarse a la situación de cada uno. Es muy importante que los niños entiendan que se les mantuvo la ilusión porque se les quiere mucho y que ahora son lo suficientemente mayores y valientes para saber la verdad. Así, la tristeza de descubrir la verdad se calmará con la idea de sentirse mayor y merecedor de guardar un secreto muy importante, exclusivo de las personas mayores. La carta dice así:
 
Hola XXX:


Somos los Reyes Magos.

 
En realidad, lo importante no es que seamos Reyes ni Magos. Lo importante es que somos unas personas que te quieren, que saben cómo te sientes y cómo es tu corazón.
 
Sabemos tantas cosas de ti como tus padres: que te encanta el fútbol, que vas a Kárate, que tu profesor se llama Víctor y hasta sabemos que tienes una peca preciosa en el dedo gordo de tu mano derecha. Sabemos que te esfuerzas en hacer bien las cosas, que intentas no pelearte con tus hermanos (aunque a veces no lo consigas) y que muchas veces ayudas a papá y mamá. Y sabemos que tienes 7 años y medio… casi 8.
 
Ha llegado el momento de compartir contigo nuestro SECRETO. Cuando un niño deja de ser niño y se convierte en un HOMBRECITO, está preparado para guardar un secreto sin decírselo a sus hermanos menores o  a otros niños que no lo saben.
 
Pocos saben la GRAN VERDAD y los que son capaces de conocer el MISTERIO DE LOS REYES MAGOS sin decírselo a los demás. Es el momento de que lo sepas tú.
 
Nuestro gran secreto es que nosotros existimos únicamente en el corazón, en el corazón de todos los papás y mamás del mundo.

La verdad es que no existen los Reyes Magos como personas ya que no podrían vivir eternamente. Los que ponen tus juguetes por la noche mientras tú duermes son ¡tus papás! Sí, son tus padres.
 
Y mantienen toda esta ilusión de la tradición porque creen que eres un niño que se merece que sus papás le demuestren lo orgullosos que están de él.
 
Querido Alex. Tu padre y tu madre son felices porque tú existes, porque tú eres su querido hijo y no otro niño. Tus padres son felices porque disfrutan de ti, de tu manera de ser. Tienes la virtud de hacer felices a todas las personas que te quieren y eso se merece una sorpresa tan grande como la de creer en los Reyes Magos.
 
Tu hermano Enrique sabe nuestro secreto desde hace muchos años y no lo ha dicho a nadie. De él también estamos muy orgullosos, aunque a veces nos enfademos un poquito. Contamos contigo para que tú tampoco se lo cuentes a tu hermano Ignasi. Le dejaremos que crea en los Reyes Magos unos años más.

Un besito muy fuerte de parte de Papá y Mamá.



¿Supondrá esto un trauma en sus vidas? Hemos de pensar que los niños tienen una cantidad de personajes ficticios en la cabeza, los cuales a lo largo de los años, van desapareciendo por cuenta propia. Darles la información de que Papá Nöel o los Reyes Magos no existen, supondrá un cambio y quizá algo de melancolía al enterarse, pero nada más allá de lo que puedan tolerar. Recordad que, en la mayoría de los casos, son ellos los que preguntan si existen o no. En cierta parte, quieren saberlo a pesar de las consecuencias.
 
 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La influencia del apego en las relaciones adultas

En una semana en la que  en ¿Te atreves? se está hablando de la influencia de la familia de origen en cada uno de nosotros, no podía faltar una entrada en el blog sobre la importancia del apego.
 
¿Qué es el apego? Es el vínculo que se crea entre las personas más significativas para uno mismo a partir de las relaciones que se establecen entre ambas partes. Las figuras de apego son las que te hacen crecer. Por eso, a pesar de que por lo general estas figuras suelen ser los padres, en algunos casos pueden ser otras personas tales como: el/a psicólogo/a, el/la profesor/a, un familiar cercano… La forma en que nos relacionamos con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. son el reflejo de las relaciones que mantuvimos durante la infancia. Es por esto junto a que el ser humano es un ser social, por lo que el apego influye de manera determinante en la personalidad del adulto.
 

Su objetivo es favorecer la supervivencia, manteniendo próximos y en contacto a las crías y a los progenitores. Su función es proporcionar seguridad emocional. Ante esas personas nos sentimos seguros, protegidos y con los recursos emocionales y sociales necesarios para nuestro bienestar.


¿Hay distintos tipos de apego? Efectivamente. El apego se ha clasificado en torno a cuatro tipos diferentes:

1.      Apego seguro: Se caracteriza por una figura de referencia que brinda las dos partes más importantes en el crecimiento de un niño. El increíble combo amor + límites. Ya que una educación basada únicamente en el amor generará muy probablemente hijos tiranos y una educación en la que sólo hay límites provocará en la mayoría de los casos hijos inseguros y deprimidos. El apego seguro se basa en una interacción madre-hijo recíproca y reforzante por ambas partes. Como consecuencia, los niños criados con este tipo de apego buscan el contacto y cariño de la madre y reducen el llanto cuando su madre (por lo general) está presente, pues ésta sabe calmarle en los momentos de estrés y tristeza.
 
2.      Apego inseguro evitativo: Este tipo de apego lo llevan a cabo personas que ignoran al niño o tienden a mantenerse al margen de sus necesidades generando un vínculo similar al de una persona extraña. Estos niños/as no muestran malestar cuando su figura de apego no está presente, pero sí cuando están solos. Suelen ser sociables con los extraños pero pueden ignorarlos como evitan a su figura de apego cuando regresa.
 
3.      Apego inseguro ambivalente: Los niños criados con un apego ambivalente han tenido momentos de crisis en los que su figura significativa no ha respondido con seguridad en todos los casos. Caracterizándose por una relación en la que a veces se ha actuado generando seguridad en el niño o niña y a veces se ha ignorado su situación o no se ha respondido de manera adecuada (estrés, cansancio, enfado…). Estos casos suelen suceder cuando las figuras de apego contaminan la relación con el estado de ánimo que tienen en ese momento concreto.
 
4.      Apego inseguro desorganizado: Es una combinación del apego evitativo y ambivalente. Un bebé con este apego llorará al separarse de su figura de apego pero cuando ésta regresa no queda finalizado el problema ya que puede mostrarse enfadado, triste o indeciso aun cuando están juntos de nuevo.
 
 
¿Y cómo influye el apego en nuestra personalidad adulta? De la misma manera que los niños escapan de objetos o situaciones amenazantes buscando a su padre o a su madre, los adultos reaccionamos de una determinada manera ante las situaciones de amenaza en nuestro día a día. Esta “determinada manera” está muy relacionada con nuestra forma de reaccionar en nuestros primeros años de vida. Podemos sentirnos tremendamente angustiados ante una separación o ante la pérdida de un ser querido (apego inseguro ambivalente), podemos sentirnos fríos sin suponer un cambio en nuestro estado de ánimo (apego inseguro evitativo) o tener un sentimiento de tristeza dentro de “una media” (apego seguro).
 
 
La influencia del apego en nuestra adultez se puede observar en nuestras relaciones de pareja o de amistad.


Si una persona ha tenido una figura de apego que se ha asustado cuando ha llorado o se ha alterado cuando se ha enfadado y, además, estás reacciones las ha alternado con conductas de cariño y seguridad, es muy probable que en sus relaciones adultas se encuentre en un estado de alerta buscando cualquier indicio de respuesta negativa en los demás e interpretándola como un rechazo.


Si una persona carece de un apego seguro, su necesidad de vinculación actual será muy intensa ya sea con su pareja o sus amigos. Mostrando una actitud de dependencia para evitar el abandono, llamando la atención para saciar ese vacío y protagonizando situaciones  aparentemente infantiles, pues es su niño interior el que está sintiendo.


Por otra parte, ¿habéis escuchado alguna vez a alguna persona decir que se siente solo entre un montón de gente? En este caso, es posible que se sienta sola porque a pesar de estar rodeada de gente, carece de una figura de apego que le genere seguridad.


Y en cuanto a la pareja, ¿conocéis a alguien que quiera mucho a una persona pero no se sienta capaz de mantener una relación con ella a pesar de necesitarlo desesperadamente? Esto nos recuerda a la definición previa del apego inseguro desorganizado donde el niño lloraba o se mostraba enfadado aun estando con la madre.


Estos son algunos de los comportamientos adultos que están relacionados con el apego que experimentamos en nuestra infancia. ¿Significa esto que por estar influidos por experiencias tempranas no podemos cambiarlo? Definitivamente NO. Para empezar, el mero hecho de concienciarnos de nuestra forma de relacionarnos a menudo inconsciente, ya supone un gran cambio en nosotros. Si estáis interesados en este tema os recomiendo leer a los grandes John Bowlby y Peter Fonagy. Si queréis trabajarlo de manera más profunda… nos vemos en terapia ;)