"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 21 de mayo de 2014

Un adolescente en la familia


Hoy en día, ser joven-adulto es algo bueno, guay, deseable, apetecible… al menos es lo que nos vende la cultura comercial que nos caracteriza (moda, deportes, música…). Esta es una de las causas por las que los adolescentes quieren crecer, quieren aparentar mayores. Pero el problema viene cuando la sociedad les incita a crecer rápidamente para conseguir algo positivo y luego, la vida real, les recuerda que ser adulto conlleva ciertas responsabilidades. Es entonces cuando cada adolescente lo afronta de diversas maneras: Pueden no asumir responsabilidades porque esa no es la imagen que tienen de lo que es ser joven-adulto, pueden frustrarse porque no era lo que pensaban, pueden sentirse incomprendidos…
 
Otro aspecto que caracteriza a la adolescencia es la distancia que los hijos ponen con respecto a sus padres. Estos últimos lo pueden vivir con tristeza, como un abandono. Pero vamos a intentar empatizar con los adolescentes, vamos a meternos en sus procesos inconscientes. Cuando son niños, los padres son sus héroes más queridos. Lo saben todo. Desde dónde está la ropa que no encuentran hasta resolver los ejercicios que les parecen un mundo. A medida que van creciendo, su nivel intelectual va mejorando y los padres dejan de ser poco a poco esos héroes que tanto admiraban. Esto es algo doloroso para ellos. Se dan cuenta de que sus padres no lo saben todo y, por tanto, pierden en cierta medida esa protección que creían tener. ¿Cómo pueden afrontarlo de manera que les resulte menos doloroso? Con el rechazo total. Si me aparto reduzco las posibilidades de que me hagas daño. Es entonces cuando buscan fuera de la familia una figura que les genere seguridad y un héroe al que admirar, por lo que tenemos que estar atentos ya que no siempre es la persona más adecuada.
 
Si hay algo que en la familia se complica mucho llegada la adolescencia es la comunicación. En algunas ocasiones, cada conversación acaba en enfados y peleas. En otras, la comunicación no existe. La pelea hace que los padres se agobien y, en muchas ocasiones, sólo se escuche la versión de los hijos pero no es aconsejable que esto pase. Es preferible que los padres comuniquen a sus hijos lo que opinan a pesar de que aparenten que no le están escuchando o su respuesta sea negativa. Es mejor que los padres hagan todo un monólogo con la esperanza de que algo de lo que dicen les quede en su memoria al hecho de que no exista comunicación. Otra situación que hace mucho más difícil la comunicación es la actitud paterna de demostrar que son superiores y que se deben acatar sus normas para no perder autoridad. Cuando los niños son pequeños es necesario en ocasiones que los padres marquen su territorio pero, en la adolescencia es totalmente inconveniente ya que generará más agresividad por parte del adolescente y eliminará cualquier intento de comunicarse con sus padres. Y ¿cómo lo hacemos entonces? Con empatía. Poniéndonos bajo su perspectiva y haciéndoles entender que les comprendemos y que nosotros también hemos sido adolescentes no hace mucho (en contraposición a lo que ellos puedan pensar).
 
Pero entonces… ¿significa esto que no se les pueden poner límites a los adolescentes? Clarísimamente no. No se trata de poder poner límites sino de que es muy aconsejable y recomendable que se les pongan, pero de otra forma. Ya no se les puede decir “no haces esto porque lo digo yo que soy tu padre/madre”. Si decíamos antes que su habilidad intelectual ha mejorado, el adolescente necesita un motivo mucho más elaborado para que perciba que tiene sentido ese límite. Y por mucho que los adolescentes se esfuercen por decirnos mil y una vez que los padres buenos son los que les dejan hacer todo a sus hijos, en realidad, estos límites les dan seguridad para saber qué hay que hacer y qué no hay que hacer. Porque aunque sea crean que lo saben todo en el fondo son conscientes de que no son los reyes del mundo y que necesitan personas que les guíen en esta etapa tan compleja. Pero ¡ojo! no necesitan personas tiranas, necesitan personas que les generen seguridad y afecto.

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