"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sin música, la vida sería un error (F. Nietzsche)

¿Quién no ha sentido tristeza, felicidad, tranquilidad o pura energía escuchando música? Esta semana en ¿Te atreves?  os hablo de los efectos de la música a nivel psicológico y por eso, en esta entrada del blog, os concreto diferentes formas de introducir la musicoterapia o la música a nivel general, en el ámbito hospitalario y psicológico.
 
 
 
La música y/o musicoterapia en el ámbito hospitalario:
1.     Distracción: Si, durante un procedimiento médico, ponemos la atención en otra cosa, se reducirá la sensación de miedo, dolor, angustia o ansiedad. Walworth (2005), observó que, en pediatría, la música reducía los llantos y la angustia típica de los procedimientos médicos hasta el punto de poder prescindir, en muchos casos, del uso de anestesia.
2.     Reorientación en fase postoperatoria: Cepeda, Carr, Lau y Álvarez (2009), observaron que los pacientes que escuchaban música después de dos horas tras una intervención quirúrgica, necesitaban 1mg menos de morfina que los que no escuchaban música. Y, un día después, necesitaban hasta 6mg menos, lo que no significa que se utilice la música como único analgésico.
3.     Reducción de la ansiedad: Cuando escuchamos música, nuestros ritmos cardíaco y respiratorio se sintonizan con el ritmo de lo que estamos escuchando. Por tanto, al reducir las constantes vitales, se puede reducir el estrés.
4.     Mejora del sistema inmunológico: En esta misma línea, el estrés influye negativamente en el sistema inmune. Por lo que, si reducimos el estrés, nuestro sistema inmune se verá beneficiado.
5.     Problemas digestivos: Hallaron que la estimulación con música de Mozart disminuía las secreciones gástricas en personas con úlceras de estómago llegando, en algunos casos, a su completa normalización.
6.     Duelo: El uso de la música puede contribuir al proceso emocional en pacientes en su última etapa de vida.
 
7.     Distrofia muscular y otras dificultades de movilidad: Si se quiere trabajar a nivel físico, se puede ejercitar el tono muscular con la manipulación de instrumentos.
 
8.     Alzheimer: La actividad musical fomenta la comunicación entre los participantes y, a nivel fisiológico, Kumar et al., (1999) descubrió que la musicoterapia incrementaba la melatonina, regulando la activación corporal generando un mayor nivel de calma y de relajación.
9.     Parkinson: Cosgriff (1988) halló que modificando la música lograba avances en distintos movimientos y reducía los temblores típicos de esta enfermedad. La música a utilizar debe ser con una estructura rítmica fuerte.
10. Daño cerebral adquirido: Los usos de la musicoterapia en este contexto pueden ser la estimulación rítmica para la realización de tareas motoras, el canto para la mejora del lenguaje, reducir el aislamiento social y propiciar el uso de habilidades sociales.
 
La música y/o musicoterapia en el ámbito psicológico:
1.     Depresión y Ansiedad: Puede utilizarse la música para expresar sentimientos, fomentar el autoconocimiento o para provocar cambios en el estado de ánimo con canciones que induzcan a la relajación o estados más positivos.
2.     Trastorno de estrés postraumático: Levine (1992) afirmó que el área de Broca, responsable del lenguaje, no está activo en las neuroimágenes de pacientes traumatizados. Por el contrario, Bremner et al., (1992) observó que la amígdala sí está trabajando en el hemisferio derecho. La musicoterapia ha mostrado ser efectiva en casos de soldados que sufrían estrés postraumático así como en casos de mujeres abusadas.
3.     Trastorno límite de la personalidad: La intervención se centra en regular la expresión de las emociones canalizándola de una manera adecuada. Mediante los distintos tipos ritmo de las canciones se puede lograr un mayor autocontrol y estabilidad emocional, aspecto clave en este tipo de trastorno.
4.     Autoestima: Si se acepta todo tipo de creación incondicionalmente, las personas implicadas verán favorecida su autoestima. En este caso, la tarea del musicoterapeuta es hacer consciente cualquier intento de autocrítica a la composición musical de un participante.
5.     Identificación y manejo de emociones: Cuando se trabajan aspectos internos e íntimos desde un plano simbólico como es la música, los clientes tienen la percepción de una menor amenaza y son más colaborativos a la hora de trabajar. Aspectos como la intensidad, el tempo y el seguimiento de un patrón rítmico pueden favorecer la autorregulación.
6.     Habilidades sociales: Comunicarse en el grupo musical supone empezar una conversación, aprender a expresarse frente al grupo, autorregular la intensidad a la hora de tocar un instrumento, coger diferentes roles (protagonista, acompañante…). Desde este plano también se puede trabajar la empatía comprendiendo lo que cada persona siente a través de la música.
 
 
 
 
Si os ha gustado esta entrada no dudéis en haceros con el libro del que he recopilado toda esta información: Introducción a la musicoterapia, de Miriam Lucas Arranz ;)

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