"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Cómo te relacionas con los demás?

¿Eres mi amigo/a? ¿Mi compañero/a de clase o trabajo? ¿Algo más que amigos/as? Estas son algunas de las preguntas que nos surgen cuando queremos etiquetar a las personas que nos rodean para saber qué relación tener con cada una de ellas.
Por otra parte, ¿os han dicho alguna vez que sois distantes, fríos o que vais  a vuestro rollo? O por el contrario, ¿que sois personas en las que se puede confiar y formáis parte de una relación íntima?
 
Para ayudar a colocar a las personas que nos rodean en las diferentes cajas con sus respectivas etiquetas, podemos utilizar la estructuración del tiempo de la que nos habla el Análisis Transaccional. Una forma sencilla de ver qué queremos esperar de la otra persona y cómo actuamos ante el miedo al rechazo de diferentes personas.
 
Según el AT, Eric Berne enumeró los siguientes seis modos de relacionarnos con los demás:
 
Aislamiento: Cuando no queremos relacionarnos con alguna persona. De esta forma evitamos el rechazo de los demás. Otra situación donde nos podemos encontrar aislados por voluntad propia, se da cuando estamos ante un grupo de personas con las que no nos sentimos seguros y entramos en nuestro mundo de imaginación y pensamientos.
El AT describe las caricias como “cualquier acto que implique el reconocimiento de otro". Es decir, que nos feliciten, que nos abracen, que nos correspondan, que nos devuelvan feedback… En el modo de aislamiento, somos nosotros mismos quienes nos damos autocaricias con nuestra ausencia mental y, por tanto, no necesitamos caricias por parte de los demás. Es por esta razón por la que, con determinadas personas, podemos optar por el aislamiento por miedo al rechazo. Porque de niños hemos aprendido que, en determinadas situaciones, intercambiar caricias supone un elevado riesgo.
 
Ritual: Consiste en mantener una relación personal basada en rituales aprendidos socialmente (hola, adiós, qué tal te va todo, dar la mano, dar dos besos…) o, por ejemplo, rituales laborales (ceñirse únicamente a trabajar en equipo). Estos rituales los hemos aprendido de nuestros padres y, cuando los llevamos a cabo, ponemos en marcha nuestro NIÑO ADAPTADO (hacemos lo que nos enseñaron). Nos sentimos seguros cuando hacemos lo que nos han enseñado nuestros padres porque, entre otras cosas, nos es familiar. Por lo que el riesgo percibido es muy pequeño.
 
Pasatiempo: Consiste en las típicas conversaciones de autobús, triviales o aquellas donde la temática se basa en arreglar los problemas mundiales, del país, de política, de desastres naturales, etc. En este modo se habla de cosas pero no se hace nada al respecto. Suele ser (no siempre) sobre cosas del pasado. Usamos el PADRE cuando prejuzgamos (ej. El mundo está muy mal y todo por culpa de los de siempre) y el NIÑO con frases como... “¿os acordáis cuando jugábamos en los columpios?”. Otro ejemplo de relación de pasatiempo es la usual frase de “a ver si quedamos” pero que luego nunca se concreta un lugar para ello.
En este modo nos ponemos a prueba mutuamente para saber si queremos compartir caricias más intensas con esa persona.
 
Actividad: Es parecido al modo de pasatiempo pero llegando a actuar con la personas que nos estamos relacionando (ej. pensar dónde cenar, qué película ver en el cine…). Suele aparecer el ADULTO pero, a veces, puede pasar a PADRE POSITIVO (“¿por qué no vamos a ver esta peli que dicen que está muy chula?”) o a NIÑO ADAPTADO (“vale, me parece bien”). Las caricias se obtienen después de la actividad.
 
Juego psicológico: Son estrategias utilizadas en la infancia para resolver problemas que ya no son adecuadas por el mero hecho de ser adultos. Son situaciones que nos descolocan, siempre se cambian los roles (perseguidor-víctima-salvador) y al final nos quedamos con la sensación desconcertante de “¿qué ha pasado?”. Al final del juego, ambas personas se sienten mal. Esto es sólo una manera muy resumida de hablar de algo bastante complejo. Para más información podéis pinchar aquí. Los juegos no se llevan a cabo desde el adulto sino con los PADRE y NIÑO NEGATIVOS. Al final, ambos tienen caricias intensas. Negativas pero intensas.
 


Intimidad: Se da cuando dos personas expresan sus sentimientos sin censura. La diferencia con los juegos es que, en la intimidad, no hay mensajes secretos ni dobles intenciones. En los juegos, la responsabilidad de los sentimientos se ponen en la otra persona y en la intimidad cada uno acepta su parte de responsabilidad. Puede darse una relación NIÑO-NIÑO donde ambos lo pasamos genial y nos hacemos vulnerables. Además, también puede darse una relación PADRE-PADRE donde sabemos que no nos descontarán ni permitiremos que nos descuenten.
Los descuentos son el hecho de ignorar inconscientemente información relevante para la solución de un problema por lo que la situación no mejora. Un ejemplo de ello sería quedarse sentado quejándose del mal servicio de un restaurante sin comunicarlo ni pedir que cambien aquello que no nos gusta (ej: un filete frío). Como son conductas pasivas no pueden observarse. Las cuatro formas de descuento son: no hacer nada, sobreadaptación, agitación e incapacitación o violencia (más adelante las desarrollaré en otra entrada).
Este es el modo con más intimidad. Como nos hacemos vulnerables y transparentes, nuestro niño percibe que es la forma más arriesgada de sentirnos rechazados pero en realidad es la menos arriesgada porque no hay descuentos. Es por esto por lo que algunas personas prefieren los juegos a pesar del malestar final, por el miedo que supone hacernos tan vulnerables.
 
Y hoy os dejo deberes para quien quiera investigar un poco más sobre sí mismo. Os propongo dos ejercicios:
1.      Dibuja un círculo y fracciónalo en aislamiento, ritual, pasatiempo, actividad, juego psicológico e intimidad y ponle porcentajes de manera que al final todos sumen 100%. De esta forma podrás ver cómo estructuras tu tiempo con las personas que te rodean ahora que ya sabes lo que significa cada cosa y, además, verás cuál es el modo que más prima en tu día a día. ¿Asumes riesgos? o por el contrario ¿tu parte de aislamiento y ritual son muy grandes?
 
2.      Divide una hoja en 6 columnas y ponles el título de cada modo. Ahora coloca el nombre de las personas que te rodean en la columna que consideres adecuada para ellos.  Así verás el hueco que ocupa cada una de esas personas en tu vida.
 
 

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