"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

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miércoles, 23 de julio de 2014

Cuenta con mi espada y, sobre todo, con mi escudo

Esta semana os propongo un reto.  A ver si, tras leer el texto, os atrevéis a descubrir si soléis utilizar alguno de estos mecanismos de defensa.
 
¿Qué son los mecanismos de defensa psicológicos? Son escudos, generalmente inconscientes, que nos ayudan a proteger nuestra autoestima. Son formas de pensar y de actuar ante situaciones que no estamos preparados para afrontar. Si pasamos un gran porcentaje de nuestra vida utilizando mecanismos de defensa podemos perder una gran cantidad de calidad de vida. Sobre todo, si estos mecanismos los usamos con otras personas en nuestras relaciones interpersonales ya que el interlocutor no sabrá por qué reaccionamos así y no entenderá lo que está ocurriendo.
 
¿Cuáles son algunos de los mecanismos de defensa psicológicos?
·        Negación: Evitar un tema o negarse a hablarlo/pensarlo. Ej.: No ir al médico para no saber si padecemos una enfermedad.
·        Pensamiento dicotómico del “todo o nada”: La incertidumbre que genera el área gris (en lugar de todo blanco o negro) puede generarnos ansiedad. Ej.: Pensar cosas como: Entonces ¿Pepito es bueno o es malo? ¿Me puedo fiar de él o no? Es más fácil que aceptar que no sabemos cuándo Pepito va a reaccionar bien o mal con nosotros.
·        Proyección: Se da cuando se le atribuyen a otra persona características indeseables de uno mismo. Es tal el peso que supone aceptarlas, que las localizamos dentro de otras personas para no sentir el conflicto dentro de nosotros. Ej: Un miembro de la pareja le dice al otro que es muy exigente en la relación cuando es él mismo al que le resulta difícil aceptar lo que tiene.
·        Compensación: Consiste en silenciar o tapar una característica que nos genera inseguridad enfatizando otro aspecto de nosotros con el que nos sentimos bien. Ej.: Pasar muchas horas en el gimnasio para tener un cuerpo atlético y poder subsanar otro aspecto físico que no les gusta como, por ejemplo, la altura.
·        Identificación: Relacionarse con una persona de mayor “fama” que la persona que utiliza el mecanismo de defensa para participar en sus hazañas y evitar sentimientos de incompetencia. Ej.: Niños/adultos que se sienten como superhéroes/personajes famosos y actúan como ellos.
·        Cambios de humor “selectivos”: Utilizar diversos estados de ánimo para conseguir algo o para evitar algo negativo. Ej.: Cuando una persona aprende que si se enfada o llora, el conflicto termina, puede repetir de forma consciente este proceso. Con el paso del tiempo y de tanto repetirlo, el método para acabar con el conflicto se normaliza hasta el punto de hacerlo de manera inconsciente.
·        Racionalización: Ante una amenaza, la persona analiza la situación desconectándose emocionalmente y diciéndose cosas que no son verdad pero le ayudan a sentirse tranquilo. Ej.: Una persona ha dicho que va una cena con varias personas que no conoce y se dice así mismo: “Mejor no voy, así mi amigo/a no tiene que estar pendiente de si me integro o no y se lo pasa mejor”.
·        Intelectualización: Consiste en utilizar un lenguaje con tecnicismos y poco coloquial para tratar temas que le suponen amenazantes. Ej.: La persona que utiliza lenguaje muy técnico a otra persona que no entiende esos tecnicismos para esconder su inseguridad con respecto a algo.
·        Pensamiento mágico: Pensar que una persona, una idea, un lugar, etc. puede hacer que los problemas desaparezcan o hacer que la persona sea feliz. Ej.: “Si Pepita está a mi lado siempre estaré bien”.
·        Represión: Se basa en olvidar las situaciones que nos suponen algo negativo. Ej.: Cuando dos personas quieren ir a comer y una tiene muchas ganas de comerse una hamburguesa pero la otra no y, la persona que tiene el deseo de comer hamburguesas reprime su deseo y lo olvida.
·        Aislamiento: Evitar las situaciones problemáticas con las que se tiene que lidiar. Ej.: Adolescente que pasa el día en la calle para no estar en su casa donde hay muchos conflictos.
·        Regresión: En situaciones de conflicto, se afronta el problema con el método que utilizaba en la infancia con el deseo de que alguien responda a su afrontamiento como lo hacían las personas adultas en su niñez. Ej.: Niños que vuelven a hacerse pis o a chuparse el dedo cuando aparece un nuevo hermano.
·        Formación reactiva: Se da cuando una persona actúa intensamente de forma contraria a sus pensamientos y sus sentimientos quedan reprimidos. Ejs.: Una persona racista que se casa con otra persona de otra raza o una persona que teme admitir que es homosexual y dice comentarios homofóbicos.
·        Desplazamiento: Cuando una situación te genera unos sentimientos que no puedes dejar fluir y, por tanto, te permites mostrarlos en otro contexto. Ejs.: El adolescente que siente ira por problemas familiares y es agresivo con sus compañeros de clase o el trabajador que sufre los gritos de su jefe y no le pone límites pero siempre grita y está enfadado en su ámbito familiar.
·        Sublimación: Consiste en el mecanismo de desplazamiento pero mostrando los sentimientos de manera socialmente aceptada. Ejs.: La mujer que se hace profesora porque no puede tener hijos o la persona agresiva que se apunta a boxeo para descargar su ira.
·        Disociación: Podéis encontrar una explicación bastante clara de lo que es disociar en mi anterior entrada. Para acceder, pincha aquí .
 
Como dije en la entrada pasada… ¿Es inadecuado utilizar los mecanismos de defensa en nuestra vida? Sí, si esto supone un estancamiento en nuestras vidas a nivel general o en un tema concreto. ¿Debo evitarlos al 100% y no utilizarnos nunca? No. Los mecanismos de defensa son escudos que hemos elaborado para sobrevivir a los acontecimientos negativos de la vida y nos pueden ser útiles en determinados momentos.
 
 

miércoles, 4 de junio de 2014

La familia en la edad dorada (3-5 años)

Ahora que el verano está muy cerca y que ya ha empezado la jornada continua en los colegios, es un buen momento para hablar de cómo se relacionan los niños de 3 a 5 años con la familia.
¿Qué aspectos hay que tener en cuenta? La comunicación, el tiempo que se les dedica y las posibles disputas de los padres.
Los niños necesitan que se hable con ellos y no que se les hable únicamente. Mediante la comunicación aprenden muchísimas cosas: lenguaje, atención, memoria y no menos importante, que sus padres les atienden y les quieren. Si la comunicación con los peques se basa en monólogos continuos creyendo que así aprenderán a utilizar el lenguaje, no sentirán que nos importa lo que nos dice, que nos interesa. Los niños no aprenden a hablar únicamente por escuchar el lenguaje o ver la televisión, necesitan formar parte activa de las conversaciones. ¿Cómo podemos hablar con ellos? Utilizando cualquier tema que a ellos les interese en lugar de centrar todas las conversaciones en lo que los adultos creemos que les debe interesar. Empaticemos con ellos, a nosotros no nos gustaría hablar siempre de temas intelectualmente ricos y que suponen aprendizaje. Necesitamos desahogarnos, divertirnos, entretenernos y sentirnos escuchados independientemente del tema del que hablemos.
Hay dos estilos de comunicación que destacan dentro del ámbito familiar: el imperativo “ven, vete, no toques eso, cuidado, te vas a caer, siéntate, estate quieto”… Os suena ¿no? Y, por otra parte, encontramos el estilo declarativo. Aquél en el que se comentan cosas con los hijos, se hacen cosas juntos se juega y se habla… todo esto sin dejar de dirigir al niño pero de forma más sutil. Los niños que crecen con un estilo de comunicación declarativo no sólo desarrollan más su inteligencia sino también un mejor carácter puesto que no sólo se dedican a recibir órdenes y a cumplirlas sin necesidad o posibilidad de contestar nada sino que se sienten escuchados, se consideran otro interlocutor más y no un subordinado.
Es bien sabido que a los hijos hay que dedicarles tiempo pero sobre todo a estas edades el tiempo que requieren es todavía una gran cantidad, hecho que a veces es incompatible con el estilo de vida que nos impone la profesión en la que trabajamos. Por eso, si pensamos que a los niños se les puede dedicar el tiempo del día que a los adultos les sobre, puede suponer muy poco o ninguno.  ¿Qué hacemos en estos casos? Aunque es aconsejable encontrar más tiempo, si no es posible podemos compensar un largo periodo de tiempo por uno más corto pero de más calidad. Podemos enseñarles a jugar a un juego o con un juguete, leer un cuento, que nos cuenten lo que han hecho a lo largo del día, etc. Cuando hay hermanos es conveniente pasar un rato de tiempo con cada uno de manera individual ya que tratarlos siempre en grupo puede fomentar una relación algo impersonal. Es importante recordar que realizar actividades con los hijos o acompañarles mientras las realizan es igual de importante que otros aspectos de su crecimiento.
Y, cuanto más tiempo pasamos juntos, más posibilidad de que los niños presencien conflictos paternos. Presenciar discusiones por parte de los menores no supondrá necesariamente un trauma irresoluble ya que de esta forma pueden aprender que las personas tienen diferentes opiniones. Pero estamos hablando de discusiones que se encuentran dentro de unos límites. Y por límites entendemos no perder el respeto, no utilizar un lenguaje hiriente y, MUY IMPORTANTE, no meter a los niños dentro de la pelea. Si no se sabe discutir de esta forma, quizá es un buen momento para aceptarlo e intentar cambiarlo.
A los niños y adolescentes les afecta bastante presenciar discusiones con un tono demasiado elevado y con palabras hirientes. Además, los padres son su modelo para resolver sus problemas en el entorno social y para formarse una opinión sobre la vida en pareja. Es por esto por lo que se les debe explicar una vez se ha discutido que las personas pueden opinar distinto y a veces pueden enfadarse, pero eso no supone de ninguna manera que se dejen de querer o dejen de quererles a ellos.
Pero no es suficiente con tranquilizar a los hijos después del conflicto. Es aconsejable que vean la reconciliación de la misma manera que ha visto la pelea ya que un final feliz puede suavizar los sentimientos negativos que les han provocado. Y después de todo esto… ¿se puede hacer algo más? Efectivamente, algo muy importante. Los hijos tienen que ver muestras de cariño, afectividad y emociones positivas entre sus padres y éstas deben ser mayoritarias con respecto a las peleas.
 
 

miércoles, 15 de enero de 2014

¿Voy a tener un hermano? ¡Me niego!


En la familia, la rivalidad entre los hermanos por conseguir el afecto y la atención de los padres, suele ser el principal motivo de los celos. Las disputas entre hermanos son algo natural y muchas veces inevitable. En toda relación de hermanos convive una mezcla de sentimientos agresivos y de amor y, a medida que se hacen mayores, la rivalidad se supera dando paso a una mayor unión siempre y cuando los padres actúen correctamente. A pesar de que los celos sean algo relativamente normal, hemos de prestarle atención si alteran la convivencia y el desarrollo normal del niño o si son persistentes. Es por esto que esta semana dedico el blog al tratamiento de este tema.
Para empezar y puesto que la información visual es de gran ayuda, os dejo un video introductorio donde se define, a grandes rasgos, qué son los celos infantiles, sus síntomas y cómo abordarlos.

 

 ¿Qué hacer para prevenir los celos? Generar un clima familiar positivo es de vital importancia para que resulte más fácil solventar los conflictos que se pueden generar. ¿Cómo?

-          Compartiendo las responsabilidades diarias
 

-          Promoviendo juegos donde todos tomen parte

-          Favoreciendo la comunicación familiar (EJ: sobremesas)

-          Evitando las comparaciones entre hermanos

-          No mostrando favoritismo por alguno de los hijos

-          Dedicándole a cada hijo la misma cantidad de tiempo en la medida que sea posible

-          Educando con afecto y límites: Es necesaria la combinación de ambas cosas para darles seguridad.

 
¿Qué hacemos cuando hay una pelea entre hermanos? Lo primero de todo es mantener la calma, los padres son figuras de seguridad para sus hijos y ver cómo los adultos no saben reaccionar tranquilamente aumentará su estado de ansiedad. Otro punto muy importante es el de no intervenir en la pelea. Es conveniente que ellos solos arreglen su diferencia de opiniones. Esto les ayudará a desenvolverse fuera de casa. Además, si los padres no estaban presentes durante el comienzo del conflicto, no sabrán quien empezó. Es posible que sólo alcancen a ver la acción de un hijo y se le castigue por ello cuando quizá empezó el otro hermano de manera más sutil.
En el caso de que sea necesaria la intervención, los padres han de ser justos, escuchar las dos versiones y no hipotetizar sobre quién pudo empezar. Y si se presentan rabietas, es aconsejable actuar con tranquilidad retirando la atención comunicándole que se hablará con él sólo cuando se haya calmado.
Es importante no tratar a los hermanos por igual, tienen distintos gustos y necesidades y es conveniente que sean conscientes de ello. Pero, que no sean iguales, no significa dar más cuidados o pasar más tiempo con uno de ellos.
 
¿Qué hacer con el hijo celoso?

-          Hacerle partícipe en los cuidados del hermano
 
-          Reconocer todos los éxitos del niño

-          Prestarle atención y hacer que lo hagan los demás familiares y amigos (que no se centren sólo en uno de ellos)

-          Dedicarle un tiempo exclusivo durante 5-10 minutos/día en el momento adecuado

-          Recordarle las ventajas de ser el mayor (en el caso de que así lo fuera), que no sean sólo responsabilidades

-          Evitar las etiquetas “eres un celoso”

-          Enseñar a compartir sus cosas y respetar las del hermano

-          Recordar anécdotas familiares le ayudará a sentirse querido
 


Y como he dicho al principio de la entrada, los celos son algo normal en la vida de todo niño y por tanto no conviene dramatizar. Pero, a pesar de ser algo normal, es aconsejable estar alerta ante los comportamientos celosos para evitar problemas posteriores.
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Veo, veo. ¿Qué ve un adolescente?

Como esta semana en ¿Te atreves? nos hemos dedicado a conocernos a nosotros mismos, vamos a tratar de manera introductoria cómo se ven a sí mismos los adolescentes.
Las personas vamos construyendo nuestra identidad desde pequeños, pero es en la adolescencia cuando esta búsqueda de la identidad se incrementa. Ya no son niños pero tampoco son adultos. Entonces ¿Qué son? Y para resolver esta pregunta, el adolescente busca encontrarse a sí mismo y crear una imagen positiva tanto para ellos como para sus seres queridos.
En la búsqueda del autoconocimiento juega un papel muy importante el realismo con el que cada uno ve sus acciones y su forma de pensar y sentir. Pero los constantes altibajos de los adolescentes en su estado de ánimo influyen en el nivel de realidad con el que se ven. Este es uno de los aspectos de por qué es tan complicado desarrollar el autoconcepto en esta etapa.
Pero, ¿qué es el autoconcepto? El autoconcepto es la forma en que las personas se ven a sí mismas. Y entonces, ¿en qué se diferencia de la autoestima? En que la autoestima es la forma en la que las personas se valoran a sí mismas.
Desde la preadolescencia (12-14 años) se preocupan por su cuerpo, por su aceptación social, por si su grupo les rechaza, si son queridos por sus padres… Es por esto, por lo que es recomendable crear una autoestima positiva desde la familia ya que es el pilar afectivo y social desde el nacimiento. Una autoestima positiva lleva, por consiguiente, a gozar de salud mental, por lo que es muy importante que los padres les hagan sentir queridos a pesar de las posibles disputas (nunca decirles “eres malo, eres tonto…” Si no, “no me gusta esto que has hecho”) y si, pasado unos minutos del conflicto, el ambiente se tranquiliza, no dejar pasar la posibilidad de decir algo tan grande como es un “te quiero”.
Con la adolescencia llega la búsqueda de la autonomía y eso supone que, en algunas ocasiones, decidan no ir a viajes, excursiones o eventos a los que antes iban acompañando a la familia. Para algunos padres es un tema difícil de afrontar pero que hay que comprender. El paso a una nueva etapa supone cambios, y entre ellos se encuentra la posibilidad de renunciar a la presencia continua de los padres. Así, siendo más independientes, llegarán a ser más autónomos.
Algunos padres se sienten molestos ante estos nuevos cambios al opinar que están cuestionando su autoridad. Es entonces cuando se ponen a la defensiva, propiciando que el adolescente también se ponga a la defensiva y surja el conflicto. Esto, paradójicamente, hace que las ganas de autonomía del/la hijo/a crezcan. Pero es muy importante destacar que NO es una ruptura real sino que es un cambio en la relación y, por tanto, es aconsejable que los padres den un voto de confianza. Esto es una situación difícil puesto que no sólo los padres tienen miedo a perder el cariño de sus hijos sino que los adolescentes temen perder el amor de sus padres.
Para finalizar, los adolescentes pueden comportarse como adultos en determinadas ocasiones para buscar la independencia cuando realmente no lo son. Por esto, hago hincapié en la importancia que tiene preparar a los hijos para vivir una etapa de mayor autonomía y, por tanto, de RESPONSABILIDAD.
 
 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Y a mi hijo/a ¿Quién l@ educa? ¿La familia o el colegio/instituto?


Si tenemos en cuenta las horas que los niños y adolescentes pasan en el colegio (horas lectivas + comedor + actividades extraescolares), nos podemos hacer una idea de la importancia que adquiere la escuela para los niños y adolescentes una vez iniciada la escolaridad obligatoria (Primaria). A partir de los 6 años, el colegio se convierte en un gran punto de referencia, todo esto sin dejar atrás a los padres, quienes siguen siendo su fuerza moral y su filtro de malas influencias.

En el colegio, además de enseñar conocimientos, se les enseña a pensar y a valorar las cosas (a resolver conflictos, la importancia del esfuerzo, la naturaleza, las huelgas, la solidaridad, etc.). En esta época, la figura del profesor se convierte en un modelo a seguir y muchos niños imitan su forma de actuar. Por tanto, el colegio es mucho más que la enseñanza de conocimientos. Pero ¿cuál es el papel de los padres?

Algunos padres consideran que la educación de conocimientos, valores morales, motivaciones, etc. debe enseñarse en el colegio y no es competencia de la familia. Por el contrario, a menudo se responsabiliza a los colegios de muchos problemas sociales: la apatía de los adolescentes, la falta de cultura ecológica o de interés por el arte, el mundo materialista en el que viven los menores… Es por esto que llegamos a la conclusión de que el colegio no forma lo suficiente en estos aspectos. Entonces, ¿esto se aprende en el colegio o en casa?

La clave de esta pregunta se encuentra en el equilibrio. Los colegios se encargan de enseñar unos conocimientos básicos, enseñarles habilidades para potenciar sus destrezas, transmitirles valores sociales y mejorar la convivencia de los alumnos.  Pero estas funciones se llevan a cabo como continuidad de la educación dada en cada familia.

Es por esto por lo que es aconsejable una relación comunicativa entre el profesor y los padres de cada niño/a o adolescente para comentar la evolución tanto en el aula como en casa.  Pero esta relación no sólo debe mantenerse ante problemas, sino que la frecuencia de visitas puede ser como mínimo una vez al trimestre sin necesidad de que el fin sea comentar las notas. Para los hijos es muy gratificante ver que sus padres sacan un hueco de sus vidas para hablar con sus profesores.

En el caso de que surjan conflictos con el colegio, no es aconsejable criticar al centro delante de los hijos ya que no sirve para resolver el problema, desautoriza a las personas que lo forman y además puede desmotivarle con respecto a su futuro. Lo recomendable es hablar con el centro y, en el caso de que sea necesario, contactar con los superiores (siempre y cuando no se llegue a una solución con los tutores o jefes de estudio).

Por último y haciendo referencia a los aspectos puramente académicos, la revisión de las tareas debe ser motivadora y con total disposición para ayudarles en las dudas que le vayan surgiendo. A lo largo de los años, nos han enseñado a fijarnos en los posibles errores para conseguir un resultado perfecto. Pero es importante no olvidar que se pueden corregir las tareas enfatizando los avances y los aciertos además de mostrar los aspectos a mejorar.