"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Llevaba 9 meses esperando ver esa carita que me enamora

Hoy en el blog os hablo de las primeras horas con el bebé justo después del parto. Así, si estáis cerca de las cuarenta semanas, reconoceréis estos pasos cuando lleguéis al hospital.
En forma de resumen, os pongo una imagen donde se explica los 4 pasos que se dan durante el parto extraída del libro “Vas a ser papá” de Mario Guindel.

Una vez ha terminado el parto, la madre pasa ingresada entre 2 y 5 días según el tipo de centro, el tipo de parto, el estado de salud de la madre y/o el bebé, etc. Si el parto se ha dado sin complicaciones, la madre y el bebé son sometidos a varios controles para comprobar que la salud de ambos está bien. Una de las pruebas es el llamado test de Apgar.
Este test se utiliza para evaluar el estado del bebé nada más nacer. Se lleva a cabo nada más nacer y se repite a los cinco minutos. En esta prueba se comprueban 5 parámetros: el latido del corazón, la respiración, el tono muscular, los reflejos y el color de la piel. Cada parámetro se puntúa de 0 a 2 y el resultado del test es la suma de las cinco puntuaciones. ¿Cuál es la puntuación ideal? Entre 8 y 10. ¿Qué pasa si la puntuación es menor? La puntuación de 7 es normal y una puntuación menor se puede aceptar siempre y cuando en la segunda comprobación este número aumenta. Un bebé que puntúa menos de 5 precisa de asistencia médica inmediata.
Una vez comprobados los estados de salud, la madre y el bebé podrán subir a la habitación siempre y cuando a la madre no le hayan administrado anestesia. El primer día con el bebé puede ser algo desconcertante ya que, tras haberlo idealizado durante tanto tiempo, puede que los sentimientos que manifiesten los padres no sean tan intensos como los habían imaginado. Ante esta situación no hay que alarmarse. Sobre todo en el caso de la madre, que está muy cansada después del parto y, además, el ambiente hospitalario no es el más motivador. Es posible que le entren ganas de llorar tanto por la bajada de hormonas como por la relajación después de tanta tensión y esfuerzo.
Además, es probable que la madre intente dar de mamar al bebé sin éxito. Posiblemente porque no sabe o porque la madre todavía no tiene leche entre otros motivos. Por lo que el niño llorará a ratos porque tiene hambre pero todavía no consigue comer.
Por todo esto, es aconsejable que las visitas no agobien ni a los padres ni al bebé. Es el principio de una vida por lo que tendrán tiempo suficiente para estar con el bebé y para hablar con los padres y preguntarles por su estado de salud y anímico.
Por último, os dejo una foto del “mini ser” que ha inspirado esta entrada del blog. Mi sobrino Raúl ;)
¡Suerte a todos los futuros padres!

 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mi cuerpo dice cosas que no quiero saber

¿Os ha pasado alguna vez que estáis tristes y pensáis que todo os sale mal? ¿Que alguien os odia y os está deseando lo peor? ¿Que por mucho que intentáis llevar a cabo un plan nunca sale bien? Supongo que si os ha pasado os habéis sentido impotentes, frustrados, habéis sentido rabia y/o tristeza.

 
¿Habéis pensado alguna vez en buscar el por qué de todo esto? En la actualidad, la crisis económica nos dificulta y nos pone trabas a todo el mundo para poder realizar algunos de nuestros sueños. Pero que este factor no nos haga trasladar todo lo malo que nos pasa a factores externos. Es cierto que el ambiente dificulta la posibilidad de conseguir ciertas cosas pero no imposibilita nuestra capacidad de actuación. ¿Qué es lo que imposibilita nuestra capacidad de actuación? El miedo. El miedo a fallar, el miedo a tomar una decisión equivocada, el miedo al qué dirán, el miedo a defraudar, el miedo a conseguir algo y que nos quede grande… Aprovecho para aclarar que no creo que haya decisiones equivocadas siempre y cuando se tomen de forma meditada. Es posible que con el tiempo pensemos en todos los beneficios que hubiera supuesto escoger la otra decisión pero, si hemos sido conscientes del motivo por el que tomamos la decisión en su momento, entenderemos por qué lo hicimos y nos daremos cuenta que en ese momento de nuestra vida era lo que queríamos hacer. Y cuando antes empecemos a actuar así hasta en decisiones aparentemente triviales como aparcar el coche algo más lejos de nuestro destino aun sabiendo que puede haber aparcamientos más cercanos, empezaremos a ser más felices porque dejaremos de criticarnos a nosotros mismos con frases como “podría haberlo dejado más cerca”.

 
Cuando tenemos miedo es posible que optemos por aparcar todos nuestros pensamientos y sentimientos con frases como “ya se verá”, “ya lo pensaré”, “aún es pronto”, “todavía queda mucho tiempo para eso”, “por ahora voy a disfrutarlo”, etc. Pero, aunque nos evadamos de todo pensamiento y sentimiento, nuestro cuerpo puede empezar a actuar de forma incontrolable e inconsciente. Es entonces cuando puede aparecer la somatización. La somatización es cualquier síntoma corporal que aparece o se ve incrementado por causas psicológicas o situacionales como, por ejemplo, situaciones de estrés. Por ejemplo, son muchas a las personas que, en situaciones de estrés, les salen herpes labiales, se constipan o incluso llegan a tener fiebre.

 
Otra forma en la que nuestro cuerpo nos comunica lo que deseamos es actuando como realmente queremos aunque nos neguemos a pensarlo. ¿Os ha pasado alguna vez que estáis con vuestra pareja y de repente veis cosas que no os gustan de él/ella y que ya no queréis aguantar? En ese caso, tenéis dos opciones. La primera es dejar claro que no queréis seguir con la relación. La segunda opción es algo más compleja pero más utilizada a causa del miedo. Seguir el transcurso de la relación sin pensar en esas cosas que no os gustan, negándolo pero con cambios sutiles en vuestra forma de actuar. Empezáis a quedar menos, la comunicación va disminuyendo, hacéis planes con otras personas para dedicar menos tiempo a vuestra pareja, etc.

 
¿Autoboicoteais vuestros pensamientos y sentimientos para no actuar en determinadas situaciones? Sí. ¿Os boicotea vuestro comportamiento y actitud? También. Porque, aunque no queráis pensarlo, vuestro cuerpo os está mandando señales y vosotros tendréis que decidir si queréis hacerle caso o no.

 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Cómo te relacionas con los demás?

¿Eres mi amigo/a? ¿Mi compañero/a de clase o trabajo? ¿Algo más que amigos/as? Estas son algunas de las preguntas que nos surgen cuando queremos etiquetar a las personas que nos rodean para saber qué relación tener con cada una de ellas.
Por otra parte, ¿os han dicho alguna vez que sois distantes, fríos o que vais  a vuestro rollo? O por el contrario, ¿que sois personas en las que se puede confiar y formáis parte de una relación íntima?
 
Para ayudar a colocar a las personas que nos rodean en las diferentes cajas con sus respectivas etiquetas, podemos utilizar la estructuración del tiempo de la que nos habla el Análisis Transaccional. Una forma sencilla de ver qué queremos esperar de la otra persona y cómo actuamos ante el miedo al rechazo de diferentes personas.
 
Según el AT, Eric Berne enumeró los siguientes seis modos de relacionarnos con los demás:
 
Aislamiento: Cuando no queremos relacionarnos con alguna persona. De esta forma evitamos el rechazo de los demás. Otra situación donde nos podemos encontrar aislados por voluntad propia, se da cuando estamos ante un grupo de personas con las que no nos sentimos seguros y entramos en nuestro mundo de imaginación y pensamientos.
El AT describe las caricias como “cualquier acto que implique el reconocimiento de otro". Es decir, que nos feliciten, que nos abracen, que nos correspondan, que nos devuelvan feedback… En el modo de aislamiento, somos nosotros mismos quienes nos damos autocaricias con nuestra ausencia mental y, por tanto, no necesitamos caricias por parte de los demás. Es por esta razón por la que, con determinadas personas, podemos optar por el aislamiento por miedo al rechazo. Porque de niños hemos aprendido que, en determinadas situaciones, intercambiar caricias supone un elevado riesgo.
 
Ritual: Consiste en mantener una relación personal basada en rituales aprendidos socialmente (hola, adiós, qué tal te va todo, dar la mano, dar dos besos…) o, por ejemplo, rituales laborales (ceñirse únicamente a trabajar en equipo). Estos rituales los hemos aprendido de nuestros padres y, cuando los llevamos a cabo, ponemos en marcha nuestro NIÑO ADAPTADO (hacemos lo que nos enseñaron). Nos sentimos seguros cuando hacemos lo que nos han enseñado nuestros padres porque, entre otras cosas, nos es familiar. Por lo que el riesgo percibido es muy pequeño.
 
Pasatiempo: Consiste en las típicas conversaciones de autobús, triviales o aquellas donde la temática se basa en arreglar los problemas mundiales, del país, de política, de desastres naturales, etc. En este modo se habla de cosas pero no se hace nada al respecto. Suele ser (no siempre) sobre cosas del pasado. Usamos el PADRE cuando prejuzgamos (ej. El mundo está muy mal y todo por culpa de los de siempre) y el NIÑO con frases como... “¿os acordáis cuando jugábamos en los columpios?”. Otro ejemplo de relación de pasatiempo es la usual frase de “a ver si quedamos” pero que luego nunca se concreta un lugar para ello.
En este modo nos ponemos a prueba mutuamente para saber si queremos compartir caricias más intensas con esa persona.
 
Actividad: Es parecido al modo de pasatiempo pero llegando a actuar con la personas que nos estamos relacionando (ej. pensar dónde cenar, qué película ver en el cine…). Suele aparecer el ADULTO pero, a veces, puede pasar a PADRE POSITIVO (“¿por qué no vamos a ver esta peli que dicen que está muy chula?”) o a NIÑO ADAPTADO (“vale, me parece bien”). Las caricias se obtienen después de la actividad.
 
Juego psicológico: Son estrategias utilizadas en la infancia para resolver problemas que ya no son adecuadas por el mero hecho de ser adultos. Son situaciones que nos descolocan, siempre se cambian los roles (perseguidor-víctima-salvador) y al final nos quedamos con la sensación desconcertante de “¿qué ha pasado?”. Al final del juego, ambas personas se sienten mal. Esto es sólo una manera muy resumida de hablar de algo bastante complejo. Para más información podéis pinchar aquí. Los juegos no se llevan a cabo desde el adulto sino con los PADRE y NIÑO NEGATIVOS. Al final, ambos tienen caricias intensas. Negativas pero intensas.
 


Intimidad: Se da cuando dos personas expresan sus sentimientos sin censura. La diferencia con los juegos es que, en la intimidad, no hay mensajes secretos ni dobles intenciones. En los juegos, la responsabilidad de los sentimientos se ponen en la otra persona y en la intimidad cada uno acepta su parte de responsabilidad. Puede darse una relación NIÑO-NIÑO donde ambos lo pasamos genial y nos hacemos vulnerables. Además, también puede darse una relación PADRE-PADRE donde sabemos que no nos descontarán ni permitiremos que nos descuenten.
Los descuentos son el hecho de ignorar inconscientemente información relevante para la solución de un problema por lo que la situación no mejora. Un ejemplo de ello sería quedarse sentado quejándose del mal servicio de un restaurante sin comunicarlo ni pedir que cambien aquello que no nos gusta (ej: un filete frío). Como son conductas pasivas no pueden observarse. Las cuatro formas de descuento son: no hacer nada, sobreadaptación, agitación e incapacitación o violencia (más adelante las desarrollaré en otra entrada).
Este es el modo con más intimidad. Como nos hacemos vulnerables y transparentes, nuestro niño percibe que es la forma más arriesgada de sentirnos rechazados pero en realidad es la menos arriesgada porque no hay descuentos. Es por esto por lo que algunas personas prefieren los juegos a pesar del malestar final, por el miedo que supone hacernos tan vulnerables.
 
Y hoy os dejo deberes para quien quiera investigar un poco más sobre sí mismo. Os propongo dos ejercicios:
1.      Dibuja un círculo y fracciónalo en aislamiento, ritual, pasatiempo, actividad, juego psicológico e intimidad y ponle porcentajes de manera que al final todos sumen 100%. De esta forma podrás ver cómo estructuras tu tiempo con las personas que te rodean ahora que ya sabes lo que significa cada cosa y, además, verás cuál es el modo que más prima en tu día a día. ¿Asumes riesgos? o por el contrario ¿tu parte de aislamiento y ritual son muy grandes?
 
2.      Divide una hoja en 6 columnas y ponles el título de cada modo. Ahora coloca el nombre de las personas que te rodean en la columna que consideres adecuada para ellos.  Así verás el hueco que ocupa cada una de esas personas en tu vida.
 
 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Los niños de 9,10 y 11 años en la familia

¿Qué tal las vacaciones? ¿Mucho tiempo libre? ¿Mucho tiempo en familia? ¿Tenéis hijos/as de 9 a 11 años? ¿Cómo os habéis relacionado con ellos/as? Hoy, como vuelta al trabajo, os enseño algunas características de cómo se relacionan los niños de esas edades con su familia que están recogidas en el libro “La educación de nuestros hijos. De 0 a 14 años”.
 
Cuando los niños alcanzan los 9 años empiezan a hacer algo que a los adultos puede acabar desesperándonos pero es vital para su crecimiento y un aspecto más que positivo para su expansión. Empiezan a hacer preguntas morales y abstractas sobre temas como la muerte, la guerra y los desastres naturales entre otros temas. Por su parte, los niños de 10 años intensifican mucho más este tipo de preguntas. Como adultos, podemos tranquilizarles hablándoles claramente. ¿Cómo sabemos qué necesitan saber en función de cómo es el niño o la niña? Preguntando antes de contestar. Si nos pregunta sobre la muerte o sobre una determinada noticia que ha visto en la televisión podemos preguntarle ¿a qué te refieres? ¿qué has oído sobre ese tema? ¿Qué es lo que te preocupa exactamente? Así podremos centrarnos en lo que quieren que le expliquemos sin dar información que no necesiten o no sean capaces de procesar.
 
Cuando los niños alcanzan los 11 años empiezan a buscar su independencia. Empiezan a separarse emocionalmente de sus padres y comienzan a unirse más y más a su grupo de amigos. Aun así, en esta edad las niñas de 11 años buscan una relación de hermanas con su madre, aspecto que no debe dejarnos llevar a los adultos, pues las niñas de esa edad necesitan los límites tanto como los necesitaban con 8, 9 y 10 años. En cuanto a los niños de esta edad, hacen gozar al padre de un momento épico ya que ambos pueden hacer actividades juntos y tener intereses similares. En este momento, es muy importante que el padre dedique tiempo a su hijo y no se excuse con la cantidad de trabajo que tiene por hacer. El niño necesita de su presencia más que nunca en esos momentos y, no nos mintamos, el trabajo no siempre desciende con el paso del tiempo. Y, aunque así fuera, es muy probable que cuando el padre pueda dedicar tiempo a su hijo, éste ya no esté interesado y haya perdido la oportunidad de compartir esta fantástica y necesaria etapa.
 
A pesar de estas características generales, algunos padres se pueden preguntar: Pero ¿cómo pueden ser tan diferentes si les hemos educado de la misma forma? Y la respuesta puede ser algo obvia: ya nacieron siendo diferentes, cada niño es único y debe ser tratado como tal. Pero, a pesar de las diferencias individuales, hay determinadas pautas y límites que se pueden establecer de forma general. ¿Cuáles?
 
El tiempo de sueño de los niños de 9 a 11 años: Como norma general, la media suele ser de unas 9 o 10 horas diarias. Por lo que, si el niño o la niña se levanta a las 8.00h, debería estar en la cama con la luz apagada entre las 22.00h y 22.30h. ¿Puede modificarse el horario en el fin de semana? Sí, pero no más de una hora para evitar que los lunes vayan dormidos al colegio.
 
Horario para las demás rutinas del día: Aunque algunos puedan pensar que las siguientes frases son rígidas, no nos olvidemos que a los niños de estas edades les resulta difícil centrarse y organizarse. Es por eso por lo que es aconsejable que tengan un horario para hacer los deberes, para ducharse, para cenar, para ver la tv (no aconsejable verla mientras desayunan) y demás actividades diarias. Si pretendemos que se guíen por sus deseos, el ambiente familiar puede convertirse en un caos. ¿Significa esto que el horario deba ser rígido y sin ningún cambio? No, el sentido común nos dirán cuándo podemos ser más flexibles. Pero ¡ojo! que la flexibilidad no se convierta en una inestabilidad permanente de los límites.
 
Conflictos entre hermanos: ¿Es conveniente intervenir en los conflictos entre hermanos? Es aconsejable que resuelvan los problemas ellos mismos sin la necesidad de que medie un adulto. Esto les hará crear herramientas para solventar los problemas de su día a día en un entorno seguro. Esta decisión no significa que no se pueda intervenir nunca a pesar de la magnitud del daño ocasionado. Los adultos somos los que, con nuestro sentido común, podemos decidir en qué momento actuamos y en cuál no. Además, si decidimos no actuar en un momento concreto podemos actuar más tarde, en un momento de calma, haciendo preguntas sobre lo que ha pasado poniéndolas en tercera persona. Es decir, haciendo preguntas como: ¿cómo se sentiría un niño si su hermano le hubiera dicho que no quería jugar con él? ¿Cómo se sentirá luego el niño que quería jugar solo cuando vea al hermano triste? ¿Qué otra cosa podría hacer para solucionarlo? Es muy importante que todas estas preguntas no se hagan desde una posición de jueces intentando hacer ver al niño que no ha hecho lo correcto, sino con tristeza pensando en lo mal que se sienten los dos hermanos después de la pelea.
 
Actividades de vacaciones o fin de semana: A los niños de estas edades les encantan los juegos de mesa, de palabras, de preguntas, hacer deporte, la naturaleza, los animales, el ordenador, los viedojuegos… Además, les gusta pasar tiempo con sus padres, con sus amigos y, aunque no lo parezca, solos. Necesitan relajarse y tener tiempo para ellos mismos.  Para estar con sus amigos es aconsejable que cada X tiempo se junten con sus amigos para compartir juegos y experiencias. Por ejemplo, un sábado o domingo al mes si hablamos de época de clases para hacer deporte, ir de barbacoa o hacer una acampada.
 
Atención por parte de los padres: Aunque a estas edades ya son cada vez más autónomos, pueden reclamar nuestra atención. Y prestarles atención no significa únicamente jugar (que también), sino conversar, tratar temas que les interesan o les causan dudas (en esta época los temas abarcan mucho más que en etapas anteriores). Y algo muy importante es que abordemos los temas que les interesen y motiven a los niños. Nosotros, como adultos, podemos aportar temas nuevos pero sin insistir sólo por el hecho de que nos apetece contárselos independientemente de que ese tema les aburra.
 
 

miércoles, 30 de julio de 2014

Como regalo de cumpleaños: ¡vacaciones!

Hoy hace justo un año que dije: “All in”, voy con todo.  Y desde entonces he ido con todo. Con toda mi motivación, toda mi energía y toda mi creatividad. Pero también con toda mi frustración, toda mi impotencia y todo mi desconcierto con la fatídica pregunta: Pero ¿qué más puedo hacer?
 
Un año de aprendizaje personal que me ha llevado a aprender profesionalmente por el mero hecho de inventar nuevas formas, nuevos temas y nuevos ámbitos a los que dirigirme.
 
Hoy hace un año que cree mi página de Facebook ¿Te atreves? que es mucho más que eso. Es el principio, es la intención de ser y ejercer. Fue el desencadenante de la nueva forma de escribir en el blog, de las tarjetas, de las charlas, de todo.
 
Además, empieza el mes de agosto y he decidido tomarme el mes de vacaciones en el blog para reponer ideas y seguir ofreciendo entradas que puedan ser interesantes a partir de septiembre. Mis vacaciones son sólo físicas pues, aunque no publique nuevas entradas durante todo el mes, mi mente no descansa. Es imposible descansar cuando algo te enamora tanto ;).
 
Espero que seáis felices durante este mes y, si tenéis alguna duda, no dudéis en contactar conmigo pinchando aquí.
 
 
 
 

miércoles, 23 de julio de 2014

Cuenta con mi espada y, sobre todo, con mi escudo

Esta semana os propongo un reto.  A ver si, tras leer el texto, os atrevéis a descubrir si soléis utilizar alguno de estos mecanismos de defensa.
 
¿Qué son los mecanismos de defensa psicológicos? Son escudos, generalmente inconscientes, que nos ayudan a proteger nuestra autoestima. Son formas de pensar y de actuar ante situaciones que no estamos preparados para afrontar. Si pasamos un gran porcentaje de nuestra vida utilizando mecanismos de defensa podemos perder una gran cantidad de calidad de vida. Sobre todo, si estos mecanismos los usamos con otras personas en nuestras relaciones interpersonales ya que el interlocutor no sabrá por qué reaccionamos así y no entenderá lo que está ocurriendo.
 
¿Cuáles son algunos de los mecanismos de defensa psicológicos?
·        Negación: Evitar un tema o negarse a hablarlo/pensarlo. Ej.: No ir al médico para no saber si padecemos una enfermedad.
·        Pensamiento dicotómico del “todo o nada”: La incertidumbre que genera el área gris (en lugar de todo blanco o negro) puede generarnos ansiedad. Ej.: Pensar cosas como: Entonces ¿Pepito es bueno o es malo? ¿Me puedo fiar de él o no? Es más fácil que aceptar que no sabemos cuándo Pepito va a reaccionar bien o mal con nosotros.
·        Proyección: Se da cuando se le atribuyen a otra persona características indeseables de uno mismo. Es tal el peso que supone aceptarlas, que las localizamos dentro de otras personas para no sentir el conflicto dentro de nosotros. Ej: Un miembro de la pareja le dice al otro que es muy exigente en la relación cuando es él mismo al que le resulta difícil aceptar lo que tiene.
·        Compensación: Consiste en silenciar o tapar una característica que nos genera inseguridad enfatizando otro aspecto de nosotros con el que nos sentimos bien. Ej.: Pasar muchas horas en el gimnasio para tener un cuerpo atlético y poder subsanar otro aspecto físico que no les gusta como, por ejemplo, la altura.
·        Identificación: Relacionarse con una persona de mayor “fama” que la persona que utiliza el mecanismo de defensa para participar en sus hazañas y evitar sentimientos de incompetencia. Ej.: Niños/adultos que se sienten como superhéroes/personajes famosos y actúan como ellos.
·        Cambios de humor “selectivos”: Utilizar diversos estados de ánimo para conseguir algo o para evitar algo negativo. Ej.: Cuando una persona aprende que si se enfada o llora, el conflicto termina, puede repetir de forma consciente este proceso. Con el paso del tiempo y de tanto repetirlo, el método para acabar con el conflicto se normaliza hasta el punto de hacerlo de manera inconsciente.
·        Racionalización: Ante una amenaza, la persona analiza la situación desconectándose emocionalmente y diciéndose cosas que no son verdad pero le ayudan a sentirse tranquilo. Ej.: Una persona ha dicho que va una cena con varias personas que no conoce y se dice así mismo: “Mejor no voy, así mi amigo/a no tiene que estar pendiente de si me integro o no y se lo pasa mejor”.
·        Intelectualización: Consiste en utilizar un lenguaje con tecnicismos y poco coloquial para tratar temas que le suponen amenazantes. Ej.: La persona que utiliza lenguaje muy técnico a otra persona que no entiende esos tecnicismos para esconder su inseguridad con respecto a algo.
·        Pensamiento mágico: Pensar que una persona, una idea, un lugar, etc. puede hacer que los problemas desaparezcan o hacer que la persona sea feliz. Ej.: “Si Pepita está a mi lado siempre estaré bien”.
·        Represión: Se basa en olvidar las situaciones que nos suponen algo negativo. Ej.: Cuando dos personas quieren ir a comer y una tiene muchas ganas de comerse una hamburguesa pero la otra no y, la persona que tiene el deseo de comer hamburguesas reprime su deseo y lo olvida.
·        Aislamiento: Evitar las situaciones problemáticas con las que se tiene que lidiar. Ej.: Adolescente que pasa el día en la calle para no estar en su casa donde hay muchos conflictos.
·        Regresión: En situaciones de conflicto, se afronta el problema con el método que utilizaba en la infancia con el deseo de que alguien responda a su afrontamiento como lo hacían las personas adultas en su niñez. Ej.: Niños que vuelven a hacerse pis o a chuparse el dedo cuando aparece un nuevo hermano.
·        Formación reactiva: Se da cuando una persona actúa intensamente de forma contraria a sus pensamientos y sus sentimientos quedan reprimidos. Ejs.: Una persona racista que se casa con otra persona de otra raza o una persona que teme admitir que es homosexual y dice comentarios homofóbicos.
·        Desplazamiento: Cuando una situación te genera unos sentimientos que no puedes dejar fluir y, por tanto, te permites mostrarlos en otro contexto. Ejs.: El adolescente que siente ira por problemas familiares y es agresivo con sus compañeros de clase o el trabajador que sufre los gritos de su jefe y no le pone límites pero siempre grita y está enfadado en su ámbito familiar.
·        Sublimación: Consiste en el mecanismo de desplazamiento pero mostrando los sentimientos de manera socialmente aceptada. Ejs.: La mujer que se hace profesora porque no puede tener hijos o la persona agresiva que se apunta a boxeo para descargar su ira.
·        Disociación: Podéis encontrar una explicación bastante clara de lo que es disociar en mi anterior entrada. Para acceder, pincha aquí .
 
Como dije en la entrada pasada… ¿Es inadecuado utilizar los mecanismos de defensa en nuestra vida? Sí, si esto supone un estancamiento en nuestras vidas a nivel general o en un tema concreto. ¿Debo evitarlos al 100% y no utilizarnos nunca? No. Los mecanismos de defensa son escudos que hemos elaborado para sobrevivir a los acontecimientos negativos de la vida y nos pueden ser útiles en determinados momentos.
 
 

miércoles, 16 de julio de 2014

Sentir me sienta mal

¿Os ha pasado alguna vez en el cine que no habéis querido llorar por vergüenza al “qué dirán” viendo una película de pena y habéis cortado ese sentimiento pensando en otras cosas? ¿Os habéis dicho en más de una ocasión “no me voy a enfadar, no sirve para nada”? Si hacéis un poco de memoria, quizá encontráis bastantes situaciones en las que habéis evitado tener un sentimiento. A esto se le llama disociación o pérdida de contacto.
 
¿Qué es la disociación o pérdida de contacto? Es un estado en el que la persona desconecta como si hibernara su ordenador o, como los adolescentes pueden decir: “estar en la parra”. Esta pérdida de contacto es un mecanismo de defensa que permite a alguien pensar en un acontecimiento que le afectaba bastante y aún así no experimentar ninguna emoción.  Un tipo de disociación leve podría consistir en decirse a sí mismo mientras ve una película de acción o de intriga: “No puede ser que el malo pueda con el protagonista tan pronto. Aún quedan 40 minutos de película”. Sin embargo, una disociación de mayor relevancia suele darse en situaciones de abuso sexual, imaginando que se está en otra parte en el momento del abuso o que es a otra persona, llegando incluso a dudar de si la situación ha pasado en realidad o  se la ha imaginado. También se da pérdida de contacto de esta índole ante padres que son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismo o utilizan un estilo de comunicación contradictorio.
Pero ¿Qué pasa si no me sirve para nada enfadarme con fulanito porque siempre salgo perdiendo? Esa es una de las creencias erróneas más comunes que tenemos. Quizá, a nivel objetivo, siempre “salgamos perdiendo” pero mostrar nuestras emociones sirve y mucho.
 
¿Para qué sirven nuestras emociones?
·         La felicidad nos da la fuerza necesaria para seguir con el día a día
·         El miedo nos protege de las amenazas
·         El amor nos ayuda a buscar a las personas que queremos tener a nuestro lado
·         La tristeza nos prepara para realizar el duelo
·         La ira nos ayuda a defendernos de los ataques para nuestra supervivencia
 
Entonces… ¿Disociar o perder el contacto es negativo? Como siempre, es algo bueno siempre que tenga una función adaptativa y no resulte negativo para nuestro crecimiento y aprendizaje personal. A veces, el término disociación en psicología se puede entender como algo patológico. Por eso he hecho énfasis en llamarlo “pérdida de contacto”.
La pérdida de contacto es un mecanismo de protección y todos los mecanismos de protección son positivos. A veces pensamos que estos mecanismos son negativos y debemos acabar con ellos pero, pensar así en líneas generales, es como inventar una cura para una enfermedad que padecemos y no dejarnos utilizarla. Además, es de admirar que nosotros mismos, desde tan pequeños, fuéramos capaces de crear un mecanismo de protección cuando las figuras de apego (por lo general) no fueron capaces de proporcionárnoslo. Por tanto, fuimos muy valientes por crear esos escudos aun edades tempranas para protegernos de ambientes negativos y sería poco inteligente por nuestra parte no utilizarlos en nuestra vida.
El problema aparece cuando usamos estos escudos en momentos donde objetivamente no hay peligro, cuando nos impide hacer cosas o cuando influye negativamente en nuestra vida. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente y de forma inconsciente de las situaciones que considera amenazantes sin detenerse a pensar si existe o no un peligro real. Esto mantiene a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de su vida y, además, ante un posible peligro real no puede protegerse porque no ha desarrollado escudos mejores. No olvidemos que este tipo de mecanismos se suelen desarrollar en edades muy tempranas cuando no sabíamos protegernos mejor. Más tarde, con el paso del tiempo, los problemas suelen ser mayores y si nos anclamos a la disociación, podemos estar defendiéndonos con un escudo poco eficaz.

Por tanto, es sano utilizar la disociación o la pérdida de contacto cuando nos sea necesario (problema real) y no haya un recurso mejor.
 


miércoles, 9 de julio de 2014

¡Que no haya ningún médico en la sala!

Seguro que, si no te pasa a ti, conoces a alguien cercano que se pone pálido como la nieve cuando oye que tiene que hacerse un análisis de sangre. Sí ¿Verdad? La fobia a la sangre, inyecciones y heridas (FSIH) o a las intervenciones quirúrgicas en general, es uno de los tipos de fobias más comunes.

 
 
En las fobias se da un miedo intenso y persistente, excesivo o irracional (los adultos reconocen que el miedo que tienen es exagerado o no tiene sentido) que aparece por la presencia de este tipo de estímulos (sangre, inyecciones, heridas, intervenciones…) o incluso ante la mera anticipación:
-          Oh Dios mío, tengo que hacerme un análisis de sangre y no quiero
-          Calla, calla, ni me lo nombres que me pongo malo/a
 
Al encontrarse delante del estímulo fóbico, la ansiedad aumenta considerablemente y de forma repentina pudiendo llegar a provocar un ataque de pánico. Por eso, es posible que estas situaciones se eviten provocando efectos negativos en la vida de la persona que la padece.
Lo que temen estas personas suele centrarse en desmayarse, perder el control, tener un ataque de pánico, hacer el ridículo y sufrir daño. Pero, también es muy común la aprensión a las sensaciones físicas que experimentan (mareo y náuseas) y la sensación de asco. El asco suele ser incluso mayor que el miedo. Se ha demostrado que los fóbicos a la sangre se caracterizan por ser susceptibles al asco.
Al encontrarse en la situación que temen, suelen experimentar taquicardia, palpitaciones, aumento de la presión sanguínea, se les acelera la respiración, muestran sudoración e incluso una menor actividad gastrointestinal. Y, de todos estos síntomas, los más frecuentes en este tipo de fobia son el mareo, el sudor, la palidez, las náuseas sin vómitos y el desmayo. En el caso de otro tipo de fobias, lo característico es que la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumenten. Pero, en la FSIH, primero ocurre esto y, acto seguido, caen rápidamente ambas cosas, lo que produce el desmayo. Pero, a pesar de ser característico, puede no darse esta respuesta en todas las personas con esta fobia.
 
¿Por qué ocurre esto? Las posibles causas son varias:
-          Tanto por la posibilidad de que el sistema nervioso autónomo sea inestable como por el factor herencia para desarrollar determinadas fobias.
 
-          Además, es más fácil tener miedo a los estímulos que suponen una amenaza para la supervivencia de la especie que a otro tipo de estímulos.
 
-          También se ha visto que hay estímulos que generan miedo en muchas personas desde el primer contacto sin necesidad de haber asociado ningún aprendizaje anteriormente.
 
-          Podemos asociar que la sangre, las inyecciones y las heridas son negativas tanto por experiencias traumáticas nuestras como por observación de personas cercanas. Si nos dicen que algo da miedo, no es necesario que lo comprobemos para aprender que eso no es bueno.
 
-          Por último, puede influir la falta de habilidades de afrontamiento a esta situación y la sobreprotección parental.
 
¿Cómo se puede intervenir? Os lo especifico a continuación de forma introductoria ya que, a pesar de tener aspectos que no cambian, el tratamiento varía en función de la persona.
-          Dando información y corrigiendo las creencias erróneas que la persona puede presentar sobre la sangre, las inyecciones, las heridas y las intervenciones. Muchas veces, el miedo a lo desconocido es lo que origina pensamientos catastróficos mucho más impactantes que las consecuencias reales.
 
-          Entrenando en habilidades para afrontar la situación. Si habláramos de miedo a los animales podríamos enseñarle a acariciar un gato, cómo coger un pájaro, etc. De esta forma, la persona realiza acciones que dan seguridad en el animal, le hacen comportarse mejor, la situación fluye, la persona gana seguridad y se reduce la ansiedad.
 
-          Dando estrategias para controlar los síntomas fisiológicos. Esto es muy importante sobre todo cuando la ansiedad provoca mareo, náuseas, temblores e incluso desmayo. ¿Cómo se hace? Mediante la relajación, respiración y visualización de situaciones positivas.
 
-          Proporcionando estrategias para controlar el miedo.  Mediante Autoinstrucciones como “no pasa nada”, “ya lo has hecho otras veces y no era para tanto”, “sabes que acaba muy rápido” y, por tora parte, captando los pensamientos que nos decimos a nosotros mismos que nos producen más ansiedad “me voy a marear”, “voy a hacer el ridículo”, “me va a doler”, “no lo voy a soportar”, “me falta el aire”… para cuestionar su veracidad y cambiarlos por otros más adecuados a esa situación.
 
-          Premiando después de haber afrontado la situación. Esto no es sólo cosa de niños. Si te has ido al hospital o te has hecho un análisis en el centro de salud, date un capricho después. Esto te permitirá pensar en la recompensa al acabar y no centrarte en ese momento estresante.